Ébola: economía-política de una nueva histeria pandémica

Entre 1976 y 2013, la Organización Mundial de la Salud ha numerado 1.607 víctimas mortales en 23 ocurrencias de la enfermedad. Sin embargo, ninguna de estas ha atraído la atención de los medios de comunicación como lo hizo la del 2014.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 12 de 2014
2014-09-12 05:18 a.m.

Desde el mes julio de este año los medios siguen la evolución de la pandemia del Ébola que se extiende por el continente africano y el mundo. Esta enfermedad, identificada por primera vez en 1976 y que reapareció a finales del 2013, se manifiesta como una fiebre hemorrágica y tiene una tasa de letalidad del 90 por ciento, por falta de un tratamiento eficaz. Se cree que la enfermedad tiene su origen en los murciélagos frugívoros que viven en las zonas tropicales y forestales de África central y del oeste. La infección se contrae por contacto directo con los animales y de individuo a individuo. Los cuerpos de los pacientes siguen siendo foco infeccioso aún después de su fallecimiento.

Entre 1976 y 2013, la Organización Mundial de la Salud ha numerado 1.607 víctimas mortales en 23 ocurrencias de la enfermedad. Sin embargo, ninguna de estas ha atraído la atención de los medios de comunicación como lo hizo la del 2014. El número de víctimas del virus explica el interés mediático. Con más de 1.600 muertes confirmadas, este brote ha sido tan mortífero como todos los anteriores sumados. Pero, además de esta explicación, se pueden identificar otras razones para justificar el interés de los medios en la evolución de la pandemia.

En los años setenta, varios mitos acompañaron la aparición del virus. Al igual que en el caso del cólera (siglo XIX, los pobres) o la gonorrea (siglo XX, las mujeres), ébola sirvió para justificar el rechazo de un grupo marginalizado: los negros africanos. El racismo, o más bien el neobarbarismo, es un denominador común en las informaciones de los medios sobre la enfermedad.

De la misma manera que en los años de la colonización, el ‘peligro africano’ despierta fascinación y repulsión. En la Unión Europea, el miedo al contagio por poblaciones ‘oscuras’ contribuye a sostener las ventas de la prensa amarillista y la creciente tendencia del cierre de las fronteras.

El rechazo al ‘otro’ se manifiesta a través de insinuaciones discursivas. En los inicios de la cobertura periodística, se escucharon especialistas culpar, por ejemplo, a las tradiciones de inhumación africanas por generalizar la enfermedad (notablemente exhibir el cuerpo del difunto en la comunidad). El mensaje es insidioso pero contundente: las prácticas bárbaras explican la dimensión del peligro.

Pero es la falta de recursos lo que explica mejor la importancia de la epidemia. Cerca de 40 años después de la aparición del virus, la investigación médica casi no ha avanzado. Los primeros medicamentos que se proponen para tratar a los pacientes son el resultado de la investigación de centros financiados con subvenciones públicas mínimas. Las grandes firmas farmacéuticas no se interesaron en el ébola porque toca poblaciones económicamente marginalizadas y poco numerosas en un continente que fue, hasta hace menos de una década, apartado del crecimiento económico mundial.

Hoy, la situación es diferente. África conoce un periodo de crecimiento histórico. El ‘milagro económico’ africano ha vuelto a despertar los apetitos de los grandes del mundo. Desde finales de la década de los noventa, China ha iniciado una dinámica que la transformó en el primer socio económico del continente frente a Francia o EE. UU.

Para contrarrestar esta tendencia, desde el año pasado, EE. UU. ha desarrollado una nueva estrategia de reconquista de África. El punto culminante de esta fue la primera cumbre EE. UU./África, que se llevó a cabo el pasado julio. El desarrollo de ese encuentro económico y estratégico coincidió con las primeras coberturas del brote realizadas por la cadena de información CNN. Esta coincidencia entre discusiones económicas y emergencia médica deja un sabor amargo.

Sin embargo, uno se resigna a reconocer que despertar los miedos parece ser la manera más eficiente de suscitar el apoyo de Estados que, de lo contrario, se desinteresarían. Las declaraciones preapocalípticas del Comité de urgencia de la OMS son, a la vez, reveladoras de la gravedad de la situación sanitaria y de la falta de consideración por un problema conocido desde hace décadas. Al igual que en una campaña de preparación de las opiniones públicas antes de una intervención militar, la atención repentina de la prensa internacional resalta la falta de anticipación y de consideración por problemas que se ven agravados por la actual configuración del escenario internacional.

Florent Frasson-Quenoz
Redintercol

 


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