Educación para la paz

No sé qué va a hacer la ministra María Fernanda Campo, pero hay que doblegar a Fecode, porque no hay derecho a que existan maestros que digan ‘haiga’, y que lo último que hayan leído sea un Condorito o uno de los tantos diarios amarillistas de bajo costo que circulan.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 25 de 2012
2012-10-25 11:11 p.m.

Un hombre viene caminando por una andén con un niño pequeño, tomado de la mano.

En sentido contrario viene un policía. El niño le dice al hombre: “papá, mira un ‘tombo’”.

El policía le dice al padre del niño: “oiga, eduque a su hijo. Dígale que soy un policía”.

Y el tipo le responde: ¡“aja, y no es lo mismo que un ‘tombo’”!

El 19 de diciembre de 2009 me publicaron un artículo en eltiempo.com, titulado ‘Yo quiero ser El Capo’, en el cual decíamos que los medios de comunicación tienen una misión y es la de formar, además, de informar, y que hoy, creemos, que no hacen bien lo último y mucho menos lo primero.

No me canso de recordarle a nuestro Presidente, que él fue quien dijo que la educación, la ciencia y la tecnología son los rieles por donde transitan las locomotoras de la prosperidad.

¿Qué va a pasar con la educación cuando haya paz? ¿Qué está pasando con los miles y miles de jóvenes desmovilizados o reinsertados de las Auc y las guerrillas?

Es fácil mirar y pontificar desde las alturas de Bogotá sin hundirse en el fango de la realidad de la provincia.

Hay muchachos que al desmovilizarse perdieron el estatus de poder con que eran respetados, y hoy prefieren seguir en la guerra, uniéndose a las Bacrim o a cualquier grupo delincuencial que les brinden las seguridades a las que estaban acostumbrados.

Antanas Mockus es un referente mundial, pero los alcaldes que lo sucedieron prefirieron abandonar sus políticas de cultura ciudadana, y, actualmente, Bogotá es una jungla de cemento, en la cual todos tratan de imponerse a la fuerza. El país entero necesita unas enormes dosis de cultura ciudadana.

Necesitamos crear un espíritu de tolerancia que nos permita entender que Colombia somos todos, y que si hay paz debemos aceptar a los miembros de las Farc y del Eln haciendo política. Y tiene razón Salvatore Mancuso al decir, desde Estados Unidos, que si hay diálogos de paz, ellos deben ser tenidos en cuenta.

Gina Parody escribió hace tres meses el artículo ‘Real revolución educativa’. Los maestros no pueden ser los parias de la sociedad.

En una sociedad que se respete, el maestro es un icono, no un simple pedigüeño. Y los niños pobres merecen mucho más que una madre comunitaria. Me muero de la pena con ellas y con su labor –encomiable–, pero la mayoría nunca estuvo calificada para prestar ese servicio de ser la primera maestra de tantos colombianos. Todavía hoy, incluso con los cambios hechos, esos hogares comunitarios son un reflejo de nuestra pobreza y subdesarrollo. Sí, subdesarrollo, porque Colombia va mucho más allá de la Zona T, del Parque de la 93 y del Centro Andino.

No sé qué va a hacer la ministra María Fernanda Campo, pero hay que doblegar a Fecode (¡Ay, en qué me metí!), porque no hay derecho a que existan maestros que digan ‘haiga’, y que lo último que hayan leído sea un Condorito o uno de los tantos diarios amarillistas de bajo costo que circulan.

Hay que leer, releer, a Estanislao Zuleta. Nuestra educación no puede seguir siendo una educación que informa y transmite, pero que no educa e incentiva la creatividad y el talento de nuestros jóvenes.

Hoy, con Internet, los jóvenes, incluso los profesionales, son “un mar de conocimientos con un centímetro de profundidad”, como se refería Albert Camus a los periodistas. Los jóvenes nativos digitales son los reyes del copy/paste y los que más amigos tienen en Facebook, pero no son capaces de producir un artículo propio ni siquiera de un párrafo. Hay profesionales que se gradúan navegando y cabalgando en los hombros de Internet y de sus compañeros y profesores.

¿Cuántos profesores están preparados para realizar trabajos en línea con sus alumnos?, ¿cuántos profesionales utilizan las herramientas de trabajo colaborativo?, ¿cuántos educadores saben lo que es educación colaborativa?, ¿por qué tanto atraso en el uso y la apropiación de las redes académicas de alta velocidad?

Increíble, pero hay docentes universitarios que no saben manejar un PC, y profesores con doctorados exprés, otorgados en universidades venezolanas de dudosa calidad, que no hablan inglés y no tienen un artículo en una revista indexada.

Por otro lado, los docentes universitarios tienen que ser de carrera y no catedráticos ocasionales mal pagados y sin compromiso. Se necesitan más, muchísimos más, profesores de planta.

Y hay que convertir a las universidades, enchufadas con los grados 10° y 11°, en verdaderas escuelas de emprendimiento e innovación, si queremos transformar nuestro país.

Sí, Gina, necesitamos una ‘Real revolución educativa’, que nos permita que un joven venido de un hogar disfuncional, producto de la violencia de nuestro largo conflicto interno, aspire a ser algo más que un medallista olímpico para poder entrar al ‘Olimpo’, perdón, al Palacio de Nariño.

Nicola Stornelli García
Gestor del Puerto Digital de Valledupar y Cesar Digital.

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