¿Ejemplos de política industrial?, vamos a México

El país azteca ha conformado un ecosistema de innovación y articulación, conducente al desarrollo de estructuras integradas en lo interno, vinculadas a cadenas globales de valor, con mejoras en infraestructura, logística y redes de transporte.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 03 de 2015
2015-07-03 03:30 a.m.

“No sé si la modernidad es una bendición, una maldición o las dos cosas. Sé que es un destino: si México quiere ser tendrá que ser moderno”. Octavio Paz

México es una economía abierta y sobre eso no cabe discusión alguna. Ha firmado acuerdos de libre comercio con 45 países que son responsables por el 70 por ciento del producto bruto global. Sus socios en esta amplia gama de tratados se localizan en todos los continentes. Es miembro de Nafta, la Alianza del Pacífico, de Apec, de la Ocde y, además, pertenece a la Asociación Transpacífica. Ha expandido su mercado de unos 118 millones de consumidores para llegar consistentemente a los mercados norteamericano, europeo, asiático y latinoamericano. Haciendo valer su condición como mayor país de habla hispana en el planeta, se ha convertido en el más significativo exportador de manufacturas hacia los países del subcontinente latinoamericano.

La gran diferencia es que México se ha internacionalizado sin dejar de quererse a sí mismo, pese a sus agudos problemas de estrechez política, imperfección democrática, narcotráfico y corrupción. Siempre ha resuelto, a favor de la industria nacional, sus desafíos en la política comercial, bajo el aserto –no asimilado por los diferentes gobiernos colombianos–, según el cual, entre más abierta sea una economía, más activa ha de ser su política industrial.

Nafta ha jugado un importante rol, especialmente en la transformación de la mentalidad de los empresarios y dirigentes de las instituciones públicas y de la academia. El Bank of America dejó conocer resultados de un estudio interno, en el cual demostraba que, en algunos casos, la posición competitiva de México era superior a la de China, y eso se ha reflejado en las cifras de importaciones de Estados Unidos.

El país azteca ha sobrepasado a China en el ejercicio 2013-2014 como el primer destino de las inversiones internacionales en el sector automotor (Financial Times), al captar en el 2013, 12,6 por ciento de la inversión extranjera directa global en este sector, superando el 12,4 por ciento del gigante asiático. Basta ver la exportación de vehículos como el Dodge Journey, los Nissan, VW, entre otros, a Colombia, para entender por qué México aspira a producir 4,7 millones de autos en el 2020, frente a los 3,2 millones del 2014, año en el cual el país se consolidó como el productor del 20 por ciento de los autos en Norteamérica, séptimo fabricante del mundo y cuarto exportador mundial, llevando al exterior el 80 por ciento de su producción y generando rentas por 85.000 millones de dólares.

El proceso de industrialización en México tiene una historia que se inicia con el porfiriato. Ya en el siglo XIX se adoptaron decisiones públicas de fomento a la industria nacional y apertura a la inversión extranjera. Y en tiempos más recientes, desde la década de los años ochenta, la política industrial se transforma con la creación de bancos de desarrollo y fondos de apoyo a la industria, así como con vigorosas políticas de desarrollo tecnológico y localización industrial, coordinando el uso de recursos federales y regionales para el fomento de las pymes en sectores de la industria liviana y de la artesanía.

En el presente año, México persigue un mayor crecimiento y competitividad, para lo cual repotenció su política industrial promulgando la “ley para impulsar el incremento sostenido de productividad y competitividad”, como eje central de la política económica. El Secretario de Hacienda considera “que finalmente la política industrial regresará a México como un elemento fundamental de la política pública”. Con esta se busca implementar una estrategia profunda de fomento, mayor coordinación sectorial y regional, incrementar el contenido local de la producción, integrar las pymes a las cadenas de valor, utilizar las compras estatales como vector de fomento de la industria nacional, impulsar el emprendimiento, un escalamiento productivo y tecnológico, fomentar la proveeduría, el fortalecimiento del capital humano y la innovación.

Al contrario de los países de Suramérica, dedicados a la exportación de materias primas, México, gracias a políticas activas en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) ha logrado que al lado de los vehículos, se consoliden notablemente la electrónica, el equipo aeroespacial y variadas manufacturas, al punto de que la industria representa el 83 por ciento del total de las exportaciones, con renglones sobresalientes como los de televisores de pantalla plana y los refrigeradores de dos puertas, en los cuales el país es el más grande fabricante del mundo.

En la política no solo se considera la manufactura tradicional, sino la industrialización de los servicios y la agregación de valor sin fronteras intersectoriales. La política industrial de la nación azteca es profunda y descentralizada. Ha colocado recursos fiscales con asignaciones sectoriales y regionales prioritarias y diferenciadas, con base en decisiones perfiladas al fomento y consolidación de clusters: Querétaro, en industria aeroespacial, centro y norte del país, producción automotriz, Guadalajara, como gran centro de las TIC, en producción y servicios, y el sur del país, con industrias de confección y textiles. Se ha conformado un ecosistema de innovación y articulación, conducente al desarrollo de estructuras integradas en lo interno, vinculadas a cadenas globales de valor, con mejoras en infraestructura, logística y redes de transporte. Todo se articula con el desarrollo turístico de primer nivel, que el país alcanzó durante los últimos 35 años.

Juan Alfredo Pinto S.

Presidente de Cinset

Colaboración con Hernán Ceballos, subsecretario de Desarrollo de Bogotá

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