La encrucijada helena

Lo cierto hasta ahora es que el futuro de Grecia solo promete más privaciones.

Redacción Portafolio
Opinión
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julio 05 de 2015
2015-07-05 07:05 p.m.

Hay preguntas de preguntas. Así lo comprobarán los ciudadanos griegos este domingo al tener que contestar lo siguiente: “¿Debería ser aceptado el plan de acuerdo que fue enviado al Eurogrupo el 25.06.2015, por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y que está compuesto de dos partes, que constituyen su propuesta unificada?”

Al responder, los votantes de esta nación de 11 millones de habitantes tendrán que escoger entre dos casillas: oxi (no) y nai (sí). Pero así como es de confuso el interrogante, así de poco claro es el futuro para una economía que lleva años en problemas y a la cual le espera un largo camino de penurias, en cualquier escenario.

Si ganan los partidarios de darle un portazo a una propuesta que, por cierto, ya no está sobre la mesa, habría un rompimiento de hecho entre Atenas y Bruselas. A pesar de que su gran promotor, el primer ministro Alexis Tsipras, del partido Syriza, sostiene que esta es una manera de rechazar los “chantajes y ultimátum” de la Unión Europea, corre el peligro de llevar al país helénico al despeñadero.

El triunfo del ‘no’ significará que las líneas de ayuda que han mantenido con vida a la banca comercial griega cesarán casi de inmediato y esta se quedará sin dinero. Los reportes del viernes indicaban que dichas entidades conservaban apenas mil millones de euros en monedas y billetes, que muy seguramente se esfumarán pronto.

Cuando eso pase, la opción será entregar el equivalente de ‘vales’ que representen la moneda comunitaria, los cuales servirán para hacer transacciones, incluyendo la compra de artículos de primera necesidad. Pero tal como le pasó a Argentina en el 2001, eventualmente la situación será insostenible y habrá que regresar a la dracma, que seguramente perderá valor muy rápidamente.

En el mejor de los casos, eso le permitirá a la economía griega recuperar competitividad, pero el impacto de corto plazo sobre centenares de miles de familias será inmenso. Los que tienen ahorros los verán disminuidos y los que están endeudados encontrarán que sus acreencias se han disparado, algo que desembocará en incontables quiebras empresariales y personales.

La cabeza del gobierno griego cree que los europeos harán concesiones con tal de que no se fracture la Unión. No obstante, los análisis muestran que el golpe será manejable, pues los bonos emitidos ya se encuentran en manos públicas y no privadas, en su gran mayoría. Habrá que registrar pérdidas, pero las encuestas muestran que en el Viejo Continente el tema de Grecia produce hastío.

Además está el asunto de las antipatías personales. Las duras palabras pronunciadas por Tsipras han caído mal en las demás capitales y su decisión de convocar el referendo fue vista como una especie de traición. Para colmo de males, los ministros de finanzas europeos no soportan a su colega Yanis Varoufakis, un exprofesor que los sermonea cada vez que puede.

En consecuencia, desde Angela Merkel hasta Mariano Rajoy tienen esperanzas de que triunfe el ‘sí’. Una victoria del nai llevaría a la caída del gobierno griego y la convocatoria de elecciones. La oposición ha hablado de la conformación de un gabinete de unidad nacional que negocie rápidamente con Bruselas para mantener los bancos a flote y tener acceso de nuevo a préstamos que son indispensables para que Atenas cumpla con sus obligaciones.

Lamentablemente, esta senda tampoco está exenta de espinas. La receta esperada es más impuestos y mayor austeridad fiscal, que afectarán a una economía que se ha contraído un 27 por ciento en comparación con su tamaño del 2007 y en la cual el desempleo supera el 25 por ciento.

Y nadie garantiza que la medicina funcione. El Fondo Monetario Internacional viene de decir que lo único que salva a Grecia es que su deuda se reduzca en, al menos, un 30 por ciento. El deterioro de la era Syriza ha sido tal que los desafíos que eran mayúsculos ahora son todavía peores.

Quizás la gran diferencia es que la voluntad sería distinta. A Tsipras no hay quien le dé la mano, mientras que con otro habría alguna esperanza de cooperación. Pero esa es tan solo una posibilidad, porque lo cierto hasta ahora es que el futuro de Grecia solo promete más privaciones. Y nada más.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio

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