El enemigo de los taxistas no es Uber

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
agosto 27 de 2015
2015-08-27 07:40 p.m.

Sorprende que pocos hayan notado que Uber y sus usuarios son los aliados naturales de casi todos los taxistas, y que su enemigo común es la mala regulación. Ésta restringe las opciones de los usuarios y sujeta a los taxistas a unas condiciones laborales arduas e injustas. Los beneficiarios del sistema actual son los dueños de cupos de taxis, que ganan dinero sin hacer nada ni invertir en activos productivos, y los afortunados usuarios que pueden encontrar un taxi en horas pico, sin pagar propina y que los lleve a donde quieran. Hay que acabar con esta regulación absurda.

Uber ofrece un servicio que satisface a sus usuarios. Los carros son modernos y limpios, y llevan al pasajero a donde lo solicite y de manera oportuna. Y esto no es porque los conductores sean mejores personas que los taxistas. Es porque se les compensa justamente a través de precios establecidos por el mercado y no por la burocracia, y porque no tienen que pagarle buena parte de sus entradas al dueño del cupo. De hecho, los mejores conductores de Uber son antiguos taxistas, que son tan amables como los demás y adicionalmente conocen en detalle la geografía de la ciudad.

Contrasta con esto el servicio de taxi, que mortifica al usuario porque no lo llevan a donde quiere, le toca pagar propinas en horas pico y debe andar en carros de baja calidad. Pese a la percepción popular, el problema no es que los taxistas en general sean guaches. Es que ellos también se tienen que ganar la vida, pero deben pagar una altísima cuota de alquiler de cupo. Costear mejores vehículos es imposible. Además, el control de tarifas de recorrido al que los sujeta el distrito es ineficiente. Los precios determinados por regulación rara vez son adecuados, sea en la Unión Soviética, en Venezuela o en Colombia. El único mecanismo que tienen los taxistas para establecer una “tarifa dinámica” es cobrar propinas o negarse a prestar el servicio cuando el costo de la carrera en gasolina y tiempo perdido es mayor que los ingresos percibidos.

Es decir, lo que satisface a los usuarios y beneficia a los conductores en el caso de Uber es la ausencia de cupos y las tarifas dinámicas, y lo que los perjudica a ambos en el caso de los taxis es el alto costo de los cupos y los precios regulados. ¿Quién es el principal beneficiario de este sistema absurdo de cupos y tarifas estáticas?

Sencillo: los dueños de los cupos. Mientras que un conductor de Uber tiene tiempo de descansar y de ver a su familia, un taxista trabaja largas horas y a bajos precios para pagar el alquiler del cupo. La mayoría de taxistas no tienen cupo propio, sino que lo alquilan. Mientras que el taxista no puede salir de vacaciones ni ver crecer a sus hijos, el dueño del cupo puede alquilárselo a tres taxistas distintos para que “se lo trabajen” 24 horas al día. No le toca trabajar ni invertir en mejores carros.

Es por esto que la restricción de cupos es el ejemplo universal que dan los libros de texto de microeconomía de una mala política económica, y es inexcusable que el regulador ignore lo que le puede explicar un estudiante de primer semestre de economía. Sobre todo, es inaceptable que un “gremio de taxistas”, que en realidad es un gremio de dueños de cupo, se aproveche de una regulación incompetente y perjudique a ciudadanos, taxistas y conductores de servicio especial para beneficiar a un grupo de individuos que vive de no hacer nada.

Luis Carlos Reyes
Profesor de economía en la Universidad Javeriana.
 

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