Por favor no se rían que no es chiste

La ARP Positiva ordena a un mayordomo desplazarse a Medellín para hacer un curso sobre trabajo en alturas para que pueda coger mangos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 21 de 2015
2015-10-21 02:34 a.m.

Juan Vélez* -nombre ficticio por solicitud del cliente- es un empresario que tiene una finca de recreo en Amagà, Ant., cultiva café, tiene limones, naranjas y mangos en su terreno. A sus empleados –el mayordomo, la empleada de la finca, la de su casa y de su madre- los tiene afiliados a la ARP Positiva. Excelente patrón que quiere mantener bien protegidos a todos sus empleados.

Hace un mes recibió una carta de ARP Positiva en la cual le anuncian una visita de inspección a su finca en Amagà y efectivamente a los pocos días lo llamó el mayordomo para avisarle que había llegado la funcionaria que de la visita. La describió como una joven de 28-30 años, cordial quien preguntó a cada uno de los dos empleados por sus actividades.

El mayordomo, un joven de 25 años, quien había tenido dos accidentes menores con la guadañadora, le explicó sus funciones: recoger el café cuando está listo, efectuar el secado de la cosecha, podar el césped  con la máquina especial para ese fin, regar el jardín, bajar unas persianas especiales para tapar el sol en tardes de brillo intenso, cambiar bombillos, subir a los palos de mango para cogerlos cuando están pintones al igual que las naranjas, cuidar a los caballos y alguna actividad adicional sin importancia mayor.

Pues bien, la funcionaria de ARP Positiva le preguntó dónde había hecho el curso para manejar la guadañadora, si había recibido algún curso sobre alturas para poder estar capacitado para subir a los palos de mangos y cambiar las bombillas, a lo cual, él, incrédulo le contestó que esas eran labores que no requerían ninguna capacitación especial, que las hacía desde que estaba pequeño y que sus dos pequeños accidentes con la guadañadora había obedecido más a descuido personal que a dificultad en el desempeño de la labor. La empleada se despidió del mayordomo y regresó a Medellín.

Hace dos semanas, Juan recibió una carta de ARP Positiva en la cual le informan el resultado de la visita efectuada y le envían los requerimientos respectivos que incluyen el desplazamiento del mayordomo a Medellín donde recibirá “cursos de ejecución de obras en alturas, elaborar el sistema d seguridad y salud en el trabajo (SG-SST), reglamento de higiene y seguridad, plan de trabajo anual, ruta de evacuación, brigada de seguridad con vigía, y capacitación anual para manejo de máquinas” (sic). No lo podía creer, precisamente su empleado debe venir de la finca donde ejecuta sus labores típicamente campesinas para venir a recibir un curso sobre la forma de treparse a un palo de mangos y cómo cambiar bombillos a una altura de 2,50 metros y además en Medellín lo capacitarán en la forma de diseñar una ruta de evacuación. No sabía si reír o morirse de rabia que una entidad le gaste dinero y tiempo del empresario a semejante sarta de actividades inútiles para un finquero y su mayordomo.

·         ¿Qué sentido tiene desplazar un mayordomo, del campo a la ciudad para enseñarle a hacer actividades que conoce desde que era un niño?

·         ¿Será que las personas de la ciudad, que le enseñarán a subir en una escalera a cambiar un bombillo o coger unos mangos, podrán explicarle cosas que el mayordomo, persona joven y cuidadosa, no sabe? ¿Para qué diseñar una ruta de evacuación de una finca de recreo?

·         ¿Tiene lógica que ARP Positiva gaste su dinero en estas actividades cuando nunca antes el mayordomo ha tenido que utilizar sus servicios para accidentes de trabajo por las causas que exigen su capacitación?

·         Juan se pregunta: ¿será que ARP Positiva está haciendo este mismo proceso con todos los finqueros del país? Y si eso es así: ¿por qué no le informaron los resultados que esperan obtener y cuáles fueron las motivaciones que los llevaron a emprender esta campaña?

Porqué de lo contrario, Juan solo siente el malestar de una actividad tan ridícula que no agrega valor y si el despilfarro de los recursos que paga por sus empleados que deberían ser invertidos en mejor servicio médico, en prevención de enfermedades reales que afectan al personal del campo. Sacar al mayordomo de su hábitat natural para hacer un curso inútil no tiene justificación y demuestra a las claras la falta de escucha del cliente por parte de la entidad.

Si a Juan lo hubieran llamado a consultarle sobre acciones que consideraba pertinentes para que ARP Positiva ayudara a sus empleados, seguro que la única que nunca hubiera adivinado era: hacer un curso de alturas en Medellín para su mayordomo, ¿no les parece?

Luis Fernando Botero C

director@service7x24.com

Twitter: @lfboteroc 

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