La felicidad debe ser otro indicador de desarrollo

El bienestar subjetivo es la evaluación y el sentimiento que tienen las personas sobre la satisfacción con su vida y con las dimensiones que la componen, como la salud, la seguridad y el trabajo.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 21 de 2011
2011-09-21 11:42 p.m.

 

Cómo medir el progreso de las sociedades y de las organizaciones se ha convertido en el tema de debate en diversos foros alrededor del mundo.

Las crisis financieras se han vuelto recurrentes, el desastre ambiental está en nuestro horizonte y la creciente insatisfacción de los ciudadanos y desempleados en las grandes urbes del mundo está mostrando que los modelos económicos basados en el egoísmo, en una constante preocupación por el consumo y por la idea del crecimiento sin límites, están llegando a su final.

El aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso genera una vida más difícil y muchas veces trágica para los pobres, los desempleados y quienes conforman el creciente sector informal.

Recientemente, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó por aclamación y reconoció “la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos”.

En este sentido, señaló la importancia de desarrollar nuevas formas para medir el progreso de las sociedades- y también de las empresas- haciendo énfasis “la elaboración de nuevas medidas que reflejen mejor la importancia de la búsqueda de la felicidad y el bienestar en el desarrollo con miras a que guíen sus políticas públicas”.

Un indicador que toma cada día más fuerza en esta discusión es el del bienestar subjetivo.

Pareciera existir un consenso entre los estudiosos del tema, que los fines más apropiados del desarrollo son aquellos que le permiten a las personas vivir de manera autónoma y libre, que por consiguiente los lleva a alcanzar su felicidad, realización y pleno desarrollo. Es posible identificar un movimiento global que se mueve hacia la incorporación de este tipo de enfoques e indicadores como la comisión Stiglitz–Sen convocada por el presidente francés y los informes de la Ocde producidos por académicos desde Latinoamérica.

El bienestar subjetivo se define como la evaluación y el sentimiento que tienen las personas sobre la satisfacción con su vida en su totalidad y con las dimensiones que la componen como la salud, la seguridad y el trabajo.

Es un indicador que se mide de manera individual y no a través de expertos, gerentes o gobernantes.

Establece cómo cada individuo experimenta, siente y vive su nivel de bienestar. Este indicador señala que hay valores no materiales, adicionales a los que mide el PIB per cápita, que son significativos para el bienestar de las personas, tales como la calidad de las relaciones sociales, el tipo de trabajo, la familia, la espiritualidad, las diferentes expectativas y el sentido que cada uno le da a la vida.

De esta manera, el bienestar está intrínsecamente relacionado con la contribución que cada quien pueda hacer a la realización de otros, a desarrollar un sentido en la vida, a utilizar el tiempo de una forma plena y a desarrollarse de forma saludable.

FELICIDAD LABORAL

Una de las dimensiones fundamentales que constituye el bienestar subjetivo, es la satisfacción con el trabajo, la cual se ha convertido en una forma alternativa de medir los resultados de las organizaciones.

Ello es congruente con la idea de que el fin último de las empresas es el de elevar el nivel de bienestar de los stakeholders (partes interesadas) de una organización.

La producción e intercambio de bienes y servicios tiene sentido solamente si busca mejorar la calidad de vida. Una buena empresa no es sólo aquella que genera buenas utilidades, es aquella que provee bienes y servicios de manera efectiva y a la vez maximiza el grado de satisfacción de sus clientes, de sus empleados, de la población con la que interactúa y la sociedad en general.

Hoy, las personas transcurren más de la tercera parte de sus vidas en sus ocupaciones laborales, trabajando más de diez horas al día, y a veces seis días a la semana. Al final de la jornada la mayoría de ellas no se siente satisfecha, sino exhausta, vacía y con una sensación creciente de malestar, no de bienestar.

La satisfacción en el trabajo es sólo uno de los indicadores que mide el bienestar subjetivo, es hora de empezar a mirar los demás componentes, e iniciar un proceso para aplicar las investigaciones académicas y resoluciones que el mundo entero está promoviendo y aclamando como la que refiere este artículo aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El reto es inmenso: construir nuevos indicadores de progreso, donde la felicidad de cada uno juegue un papel fundamental.

Es un reto que empieza desde los pequeños núcleos como la familia, la comunidad y las empresas privadas, que deben unirse a esta causa generando y promoviendo una discusión sobre cómo ser buenos empleadores.

Los empleados no deben ser vistos como medios para obtener utilidades. El trabajo puede y debe convertirse en una fuente importante para el crecimiento de la gente y su satisfacción con la vida.

Eduardo Wills Herrera

Profesor de la facultad de Administración

Universidad de los Andes

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