El fenómeno de El Niño

Un insumo estratégico para el agro es el agua, la cual tenemos en abundancia, pero no la sabemos ni podemos administrar por falta de infraestructura y conocimiento.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 02 de 2014
2014-09-02 01:21 a.m.

Este suceso no es simplemente una ola de calor producida por el cambio climático, ni una mera externalidad que debe ser capoteada con medidas coyunturales y reaccionarias. Hay que entender que de la estrategia para atender el fenómeno de El Niño depende, en alto grado, el éxito en la batalla contra la pobreza de nuestro país. Veamos:

1. Los pequeños productores agrícolas en Colombia, definidos como aquellos que desarrollan su actividad productiva en predios inferiores a dos (2) UAF y emplean principalmente mano de obra familiar, son del orden de 2,2 millones de personas, 20 por ciento de la población rural. Al tener en cuenta sus familias, pueden llegar a representar el 80 por ciento de la población rural.

2. El porcentaje de la producción agrícola que proviene de ellos puede estar entre el 50 y el 68 por ciento, sobre todo produciendo alimentos para los centros urbanos, pero también bienes para la agroindustria y el autoconsumo.

3. Los altos niveles de pobreza rural, alrededor del 50 por ciento, recaen en mayor proporción sobre los pequeños productores y sus familias.

Lo que quiero decir con las cifras anteriores es que la mayor parte de los pobres de Colombia están en el campo y que si queremos pasar del discurso a los hechos para terminar con la pobreza, debemos enfocar las energías del país en el sector rural.

¿De qué sirve que el país crezca su PIB si el beneficio se queda en manos de unos pocos y privilegiados?, ¿de qué sirve crecer económicamente si la desigualdad sigue siendo una de las más altas del mundo a pesar del discurso de los políticos?, ¿cómo se puede uno imaginar un país de población pobre y rural sin una política agropecuaria y medioambiental en el centro de los reflectores?, ¿cómo se puede pensar en solucionarle la vida a nuestros campesinos más pobres, estimulando la minería, importando alimentos y sin agua?

Y en este último punto quiero resaltar uno de los equívocos más importantes del Gobierno y es relegar a un tercer plano el sistema ambiental colombiano, pisoteado alevosamente por el desarrollo económico irresponsable e indolente con los recursos naturales para las generaciones futuras.

El sistema ambiental colombiano es pobre, no tiene recursos, el Ministerio correspondiente no tiene fuerza en el gabinete, posa como un obstaculizador de la minería y el desarrollo, las CAR no tienen dientes para ejercer su labor de autoridad, las diferentes entidades del sistema ambiental colombiano no se hablan entre sí, duplican sus funciones, no usan economía de escala, se contradicen, no se apoyan, entre otras ineficiencias gerenciales. (Situación que, a propósito, es normal en nuestra arquitectura gubernamental, la armonización de políticas y esfuerzos entre entidades es nula, por ende, los esfuerzos y los recursos son desperdiciados por la ineficiencia gerencial).

Lo peor es que el Gobierno y, en buena escala, la sociedad no ha entendido que el principal insumo para tener una agricultura de alta calidad es ni más ni menos que el agua. Sin esta no hay desarrollo agrícola, lo cual frente a El Niño se hace más grave, puesto que no se están tomando las medidas de fondo para prepararnos.

Las cosechas de nuestros campesinos, en buena parte, se pueden asimilar a procesos de especulación, donde existen riesgos de todo tipo como la volatilidad de los precios, la tasa de cambio, los factores climáticos, la competencia de las importaciones, el bajo nivel técnico de los productores, entre otros, pero si además le sumamos que en invierno se inundan los cultivos y en verano se secan, estamos en el peor de los mundos.

Lo anterior es triste, porque casi todos estos riesgos son evitables o al menos administrables, principalmente los generados por el recurso hídrico.

El país debería estar invirtiendo masivamente en obras de infraestructura para la administración del recurso hídrico de gran escala: embalses, represas, pozos profundos como respaldo para las temporadas secas, y de pequeña escala, reservorios en cada vereda e incluso en cada finca, distritos de riego tecnificados que permitan administrar el agua de manera eficiente.

La cosa no es tal difícil: para combatir la pobreza y la desigualdad, el foco debe estar en los pobres, quienes están mayoritariamente en el campo; un insumo estratégico para el agro es el agua, la cual tenemos en abundancia, pero no la sabemos ni podemos administrar por falta de infraestructura y conocimiento. El país debería mermarle a la burocracia, atacar de frente la corrupción, poner en el centro de las prioridades a los pobres y, por ende, el agua.

Yo me atrevo a decir que el problema no es de plata, sino de cómo se la gastan, un alto porcentaje del dinero se va en corrupción, que no solo afecta en el flujo de recursos que se pierden, sino en el efecto que tiene en las decisiones de los mandatarios. Por otro lado, la ineficiencia del Estado hace que el gasto no genere impacto.

La creación de un grupo élite anticorrupción, una reingeniería del Estado y un cambio de prioridades del Gobierno generarían un beneficio muy grande a nuestro país.

César Augusto Carrillo
Gerente de Por Resultados LLC
 

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