¿Un Fondo Monetario Latinoamericano?

El fin del boom del precio de nuestros productos primarios de exportación hace más urgente construir un Fondo Monetario Latinoamericano, a partir del Flar, siguiendo la recomendación del G 20.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 28 de 2015
2015-01-28 02:39 a.m.

La integración latinoamericana ha pasado por períodos de grandes sueños, algunas realizaciones y muchas frustraciones. Los flujos de comercio siguen siendo muy modestos en comparación con lo que sucede en otras regiones del mundo, a pesar de los múltiples esfuerzos de desgravación arancelaria. El Mercosur y la Comunidad Andina están en crisis. Solo el Mercado Común Centroamericano funciona bien y hay esperanzas puestas en la Alianza del Pacífico. Y subsiste una muy precaria integración física, a pesar de iniciativas ambiciosas como Iirsa y el plan Puebla Panamá.

Contrasta con este panorama poco alentador el alto grado de integración financiera alcanzada en la región. Los capitales se mueven con fluidez por el hemisferio. Los bancos latinoamericanos se están expandiendo por el continente con vigor. Hay cooperación entre Bancos Centrales y Superintendentes Financieros y se ha alcanzado una notable convergencia en la regulación bancaria. Los miembros de la Alianza del Pacífico adelantan la integración de sus bolsas de valores a través del Mila. Y se han consolidado dos importantes instituciones financieras regionales: la CAF (Corporación Andina de Fomento) y el Flar (Fondo Latinoamericano de Reservas).

La CAF y el Flar constituyen los únicos casos exitosos en el mundo de instituciones financieras regionales creadas y manejadas exclusivamente por países en desarrollo. Al no tener socios extraregionales, su agenda es puramente latinoamericana y poseen una estructura de gobierno que les otorga mucha mayor flexibilidad y rapidez para responder a las necesidades de sus miembros, en comparación con lo que ocurre en sus contrapartes (el Banco Mundial, y el BID, en el caso de la CAF; y el Fondo Monetario Internacional, en el del Flar). Y, como sucede en toda cooperativa de crédito exitosa, sus miembros actúan solidariamente con ellas, las capitalizan cuando es necesario y cumplen minuciosamente sus obligaciones. La ausencia de incumplimientos y un cuidadoso manejo financiero han mejorado mucho los ratings financieros de ambas instituciones, con lo cual hoy ofrecen recursos a sus miembros en condiciones financieras competitivas con la de sus pares, a pesar de no tener el apoyo de los países ricos.

Ambas instituciones fueron creadas como parte del Grupo Andino, pero luego abrieron sus puertas al resto de América Latina. La CAF ya cubre todo América del Sur, México y parte de Centroamérica y el Caribe. Al Flar han ingresado, además de los 5 países andinos originarios, Costa Rica, Paraguay y Uruguay y hay otros en fila. Creo que este proceso se acelerará mucho en la próxima década por dos razones.

Primero, porque si bien la integración financiera trae consigo muchos beneficios, también acarrea riesgos importantes de contagio financiero, lo cual hace imperiosa la necesidad de contar con prestamistas internacionales de última instancia. Los países integrados financieramente con el resto del mundo han sufrido crisis mucho más fuertes que cuando mantenían cerradas sus cuentas de capital: ha habido reversas súbitas de los flujos de capitales, quiebras de bancos y suspensiones prolongadas del crédito, como le sucedió a toda América Latina después de la crisis rusa en 1998 y a los países industrializados en el 2009.

Para mitigar estos riesgos, nuestros países deben tener altas reservas internacionales y disponer de acceso inmediato a líneas de crédito externo, como la nueva Línea de Crédito Flexible del Fondo Monetario Internacional y las de Fondos Monetarios Regionales como el Flar. Por supuesto que también es importante mantener sistemas financieros domésticos bien capitalizados, regulados y supervisados, disponer de regímenes cambiarios flexibles y Bancos Centrales autónomos, así como mantener una sólida situación fiscal (baja deuda pública y bajos déficits), baja deuda externa, inversiones moderadas de portafolio y déficits modestos en cuenta corriente.

Segundo, el G 20 ha propuesto un rol importante de los Fondos Monetarios Regionales en la nueva arquitectura financiera internacional. Aunque se dotó al Fondo Monetario Internacional de mayores recursos durante la crisis financiera global del 2008/2009, y se establecieron líneas de crédito más automáticas y con mayores montos, el Fondo está muy lejos de convertirse en un verdadero prestamista de última instancia, como todos los analistas internacionales reconocen hoy (después de la última crisis global) que sería deseable. Por esta razón, la Unión Europea creó a partir del 2009 diversos mecanismos de provisión de liquidez a sus países miembros, complementarios a los del Fondo, para afrontar la crisis de deuda pública y los episodios de iliquidez en los sistemas bancarios de varios de sus países miembros. Y también por esta razón el G 20 reconoció la necesidad del fortalecimiento o establecimiento de Fondos Monetarios Regionales, como proveedores de liquidez de primera instancia a nivel regional, de manera complementaria al papel del Fondo, e instruyeron a esta entidad a apoyarlos.

La mayor dificultad en convertir el Flar en un Fondo Monetario Latinoamericano estriba en asegurar el ingreso de los países más grandes de la región (Brasil y México), puesto que no sería viable que este Fondo cubra todas sus necesidades en caso de crisis y porque ellos han tenido acceso preferencial al Fondo Monetario y a líneas de crédito del Federal Reserve. Para lograrlo posiblemente se requieran algunos cambios en la estructura de gobierno del Flar (hoy día cada país tiene un voto) o en el proceso de aprobación de los créditos mayores.

El Flar publicó un excelente libro para celebrar sus 35 años, que cubre todos estos temas. Recomiendo su lectura.

Guillermo Perry

Economista y exministro

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