Formación / El Everest: catalizador de emprendimientos

En la empresa, como en la montaña, el causante de las tragedias es un solo paso, así se hayan conquistado mil con aplauso aclamado.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 05 de 2013
2013-10-05 09:14 p.m.

Este año se cumplieron 60 años de la primera ascensión al punto más alto de la Tierra: el monte Everest.

La cumbre fue alcanzada por Edmund Hillary y Tenzing Norgay el 29 de mayo de 1953.

Desde entonces, se han completado cientos de ascensiones a este monte y a otros de los Himalayas, que han inspirado un sinnúmero de libros, películas y documentales.

Así mismo, estas proezas se han convertido en una fuente inspiradora para ilustrar temas claves de liderazgo, emprendimiento y dirección empresarial.

En INALDE fuimos pioneros en publicar casos y documentos académicos sobre estas ascensiones, varios de ellos tomando como paradigma las gestas del equipo colombiano de andinistas de principios de este siglo. Con imaginación, los directivos pueden aprender de estos exploradores de los límites a enfrentarse con más éxito a los retos que les plantean sus aventuras empresariales, a ser duros con ellos mismos y suaves con los demás.

En las agudas sesiones de clase, el primer tema que debatimos son las tasas de mortalidad.

En promedio, por cada 10 ascensiones exitosas al Everest, hay un escalador muerto, mientras que en el mundo de la creación de empresas, por cada éxito duradero se registran 9 intentos fallidos. Entonces, la discusión se enfoca en: ‘¿Qué podemos aprender de los alpinistas?’.

Después de años de discutir con altos directivos estos temas y de entender que para algunos es diferente jugarse la vida y apostar por una empresa, podría resumir las conclusiones más frecuentes:

Los sueños y su ejecución. Coronar la cima es uno de los sueños de los escaladores, pero entienden que es necesario cumplir un trabajo impecable día a día, en cada paso que se atreven a dar sobre la nieve.

El montañista tiene la mirada fija en la cumbre, pero nunca pierde de vista sus pies, porque comprende que el último paso depende del primero. En el lenguaje empresarial, esto significa que acariciar grandes sueños es apenas una parte de la ecuación, puesto que la otra es la excelencia en la ejecución, en el detalle.

Ahora, a la montaña no se le puede mentir, y tal vez por eso se registra una tasa baja de fracasos. Por el contrario, detrás de los desastres empresariales existe una larga cadena de engaños y diferencias entre las promesas que se hacen a proveedores, distribuidores, prestamistas y empleados, y la realidad.

Profundo conocimiento de sí mismo y de la realidad.

Los montañistas aseguran que si no se entusiasman lo suficiente con la cumbre, nunca llegarán; pero que si se obsesionan demasiado, no regresarán jamás.

Así como en el Everest el mayor responsable de las muertes es el egoísta afán humano de rebasar los límites, en los emprendimientos es el exceso de optimismo y/o ego de los protagonistas la razón más frecuente del fracaso. En la empresa, como en la montaña, el causante de las tragedias es un solo paso, así se hayan conquistado mil con aplauso aclamado.

Placer por lo que se hace. Quien ascienda a la montaña por el mero afán de llegar a la cumbre, morirá. Reinhold Messner, el primer terrícola en llegar a la cumbre del Everest sin oxígeno adicional y en solitario, señalaba: “El verdadero alpinista no asciende para llegar a la cima, sino que llega a la cima después de haber ascendido”.

Está comprobado que existe mayor probabilidad de lograr éxito en un emprendimiento cuando los móviles son subsanar una necesidad del mercado, superar una expectativa del cliente, dar un mejor servicio u ofrecer un producto más avanzado, que cuando la ambición es ganar dinero. Por eso, parodiando a Messner podríamos decir: “Trata de solucionar las necesidades del mercado, que después llegará el dinero”.

Manejo del miedo. La palabra ‘miedo’ tiene una connotación negativa en el mundo corporativo, puesto que se asume que quien admite sentirlo carece de liderazgo.

Pero en la montaña, aquel que considere el miedo como algo vergonzoso y el valor como un ideal, no vivirá mucho tiempo, pues los exploradores de los límites saben que deben mantener un equilibrio entre el miedo y el valor. El valor no es la ausencia de miedo, sino la capacidad y la determinación de afrontarlo.

Qué cantidad de enseñanzas para el emprendedor, que debería aprender que cuando ya no aparecen las esperanzas, también existe la opción del retiro. Retirarse no es perder, es la oportunidad de volverlo a intentar. El verdadero fracaso es no intentarlo.

Dominio de principios empresariales básicos. Con algunas contadas excepciones, como las de aquellos que lo intentan en solitario, el montañista solo concibe la ascensión en equipo: su logro es el de todos.

Es más, se tiende a no divulgar quiénes y en qué orden alcanzan la montaña.

La gestión de la comunicación también muestra facetas interesantes. En un equipo escalador, cada uno de sus integrantes conoce perfectamente cuáles son los objetivos, cuál es su trabajo, cómo este puede contribuir al éxito y qué pasaría si su función falla. Me gustaría hacer estas preguntas a los empleados de una compañía…

Pero es tal vez la superación personal el rango empresarial que más dominan los alpinistas. Un escalador de las altas cumbres sabe que a la cima no se llega superando a los demás, sino superándose a sí mismo.

Por lo mismo, un empresario debería esculpir con cincel de oro dentro de su mente que a las cumbres del éxito se llega más lejos con humildad que con arrogancia.

Fabio Novoa Rojas

Director Área de Producción, Operaciones y Tecnología de INALDE.

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