Formación/Propietario: un concepto que hoy día se renueva

Ser propietario no garantiza dirigir con éxito una organización. Estos son algunos aspectos en los que vale la pena reflexionar para convertirse en un propietario renovado.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 20 de 2014
2014-07-20 05:03 p.m.

Adaptar a los nuevos tiempos de la gestión directiva la manera de dirigir de nuestros propietarios es una tarea que deben llevar a cabo todas las empresas familiares y no familiares.

Para lograr este objetivo, es fundamental renovar primero el concepto de propietario, si se tiene en cuenta que, en Colombia, los propietarios tienden a controlar el negocio en todas sus dimensiones, convirtiéndose en jueces y partes de las decisiones, característica que puede poner en riesgo la supervivencia de la empresa en el largo plazo porque impide generar dinámicas concertadas con la junta directiva y el resto de los ejecutivos de la organización.

Esta tendencia es más frecuente en las empresas familiares que en las no familiares y resulta preocupante si se tiene en cuenta que más del 70 por ciento de las compañías en Latinoamérica son de carácter familiar.

Por lo general, nuestros propietarios son a la vez presidentes, gerentes y/o miembros de Junta Directiva, cuando están obligados por ley a constituirla; de lo contrario, prefieren prescindir de ella precisamente porque poco les gusta que otros opinen sobre sus decisiones.

Así mismo, no es usual que realicen asambleas de accionistas formales porque, cuando iniciaron el negocio, sus únicos socios eran la esposa y los hijos, por tanto, no le dan mayor importancia a estos encuentros.

Como consecuencia de lo anterior, la idea de preparar académicamente a los hijos para manejar la propiedad se confunde con la de darles una formación profesional como directivos.

Hoy en día, sabemos que con el traspaso generacional, las empresas familiares no siempre logran sobrevivir debido, entre otras causas, a la trampa denominada confundir la propiedad con la dirección.

Como resultado, la segunda generación de propietarios no tiene claro qué significa ser dueño de empresa, desconoce el manejo de los órganos de gobierno, por considerar esas estructuras como burocráticas e innecesarias, justificando que sus padres no las necesitaron para lograr el éxito empresarial, lo que trae como consecuencia la pérdida del buen ánimo societario, porque es frecuente que uno de los hijos termine por concentrar el poder en la toma de decisiones.

El estudio realizado en 2013 por el Grupo de Investigación de Inalde Family Business Center en Colombia, sobre la presencia de las Trampas Familiares, demostró que las empresas que no cuentan con órganos de gobierno o juntas de accionistas de manera formal tienen mayores dificultades, razón suficiente para entender que si no logramos mantener ese hábito de hacer asambleas de accionistas y formar a los hijos como buenos propietarios, antes que como buenos directivos, la tendencia de las siguientes generaciones será la de romper sus relaciones societarias por la falta de entendimiento de lo que es ser un buen propietario de empresa.

Esta es la razón fundamental para invitar a los empresarios a profundizar en los aspectos claves para convertirse en propietarios renovados y activos que aporten conocimientos en pro de lograr que la empresa crezca y se fortalezca, lo que exige dedicación, tiempo y trabajo.

Los aspectos que debe tener en cuenta todo buen propietario, independientemente de la profesión que haya escogido son:

1. Entender cuál es su responsabilidad como propietario, antes que conocer sus derechos, ¿qué puedo hacer yo por la empresa? y no ¿qué puede hacer la empresa por mí?

2. Tener la capacidad de leer un balance, un estado de resultados y un flujo de caja; contar con unos conocimientos mínimos financieros que le permitan entender cómo fue la gestión de la administración en un periodo determinado.

3. Ser capaz de visualizar cuándo hay un buen proyecto de inversión, qué significa una buena rentabilidad, cómo se valora un proyecto.

4. Adquirir conocimientos jurídicos, como por ejemplo aspectos societarios de manera que no pase por encima de los estatutos, de las leyes y de sus derechos.

5. Entender qué es un gobierno corporativo, cómo evaluar una junta directiva cómo pagarla.

6. Tener la capacidad de establecer sistemas de control de la propiedad que le permitan monitorear indicadores que, si arrojan resultados negativos, se tenga el tiempo de reaccionar y poder contactar al órgano de gobierno necesario para corregir el curso de la acción.

7. Contar con unos mínimos conocimientos de toma de decisiones, es decir la identificación de problemas, el establecer una prioridad con criterios de decisión claros, la capacidad de generar alternativas y finalmente la capacidad de hacerle ese seguimiento a la decisión tomada.

Finalmente, un buen propietario y accionista es aquel que busca siempre las mejores alternativas para trabajar en una visión estratégica del patrimonio, cuando se es una empresa familiar, hay que aprender a aprovechar sus ventajas competitivas, buscando siempre un equilibrio entre lo que la empresa le da a sus propietarios por ser dueños de la misma y lo que este propietario le brinda a la empresa para que esta permanezca en el tiempo. En pocas palabras, la clave está en lograr el equilibrio entre el dar y el recibir.

Gonzalo Gómez Betancourt
Ph.D. director del Área Family Business, INALDE Business School
gonzalo.gomez@inalde.edu.co

 

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