Gadafi y el petróleo

El verdadero poder de negociación no estaba en manos de los países dueños del recurso, sino de las compañías internacionales.

Redacción Portafolio
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septiembre 21 de 2011
2011-09-21 02:36 a.m.

 

Ahora que el dictador Muamar Gadafi ha caído en desgracia y todo el ejército de rebeldes libios le pisa los talones a fin de capturarlo, conviene recordar que en los inicios de su larga dictadura de 42 años fue el héroe supremo de Libia, por razón y cuenta de haber sido el máximo conductor del golpe de Estado que derrocó al rey Idris en 1969.

A partir de esos acontecimientos, el antes desconocido Coronel, refugiado en Londres por varios años, se convirtió en una de las personalidades más sobresalientes del mundo árabe perfilándose como el heredero de Gamal Abdel Nasser, el carismático presidente de Egipto y gran impulsor del nacionalismo árabe en el mundo.

Aparte de todos los excesos, producto de una dictadura tan larga, donde se borran las fronteras de lo que está bien y mal, es justo decir que Gadafi jugó un papel preponderante en la historia petrolera de Libia y del mundo.

Años antes de su ascenso al poder, en 1960, se creó la Opep, inspirada en buena medida en la gestión del ministro de Energía y Minas de Venezuela, Juan Pablo Pérez Alfonso, quien predicaba la necesidad de lograr precios del recurso petrolero que reflejaran su valor estratégico y económico.

Se pretendía crear un frente común entre los productores petroleros, a través de la Opep, para defender el precio del crudo, que por esa época estaba por debajo de 3 dólares por barril. Pero el verdadero poder de negociación no estaba en manos de los países dueños del recurso, sino de las compañías internacionales, a quienes no les interesaba mejorar las condiciones comerciales del petróleo.

Mientras tanto, en Libia el rey Idris mantenía una tendencia prooccidental, por lo que se abstuvo de manifestar apoyo a la causa árabe con motivo de la Guerra de los Seis Días y mucho menos estaba interesado en enemistarse con las compañías occidentales por el tema de los precios del petróleo.

Todo lo anterior generó el clima que condujo finalmente a su derrocamiento en el año de 1969.

Como bien lo describe Daniel Yergin en su libro The Prize, desde mediados del siglo pasado Libia era considerada un actor muy importante en el panorama petrolero y, para mediados de los 60, las principales petroleras del mundo tenían sus ojos puestos en las cuencas sedimentarias de ese país.

Uno de esos actores era Occidental, quien bajo la dirección del legendario Armand Hammer había logrado hacerse a dos promisorios bloques exploratorios. Gracias a la aplicación de nuevas tecnología de exploración sísmica, se obtuvieron resultados positivos en ambos bloques en el otoño de 1966, lo cual permitió que Occidental llegara a acumular un nivel de reservas que en orden de magnitud representaba un tercio del todo el petróleo descubierto en Alaska. Además de su éxito exploratorio, lo que le permitía colocarse como la sexta compañía petrolera en el mundo, la crisis originada por la Guerra de los Seis Días y el cierre de la navegación por el Canal de Suéz, valorizó espectacularmente el crudo libio y la participación de Occidental gracias a la construcción de un oleoducto hasta la costa mediterránea para atender los mercados de Europa.

Dos años después de la asignación de sus bloques, la caja registradora de la Oxy comenzó a recibir el dinero de las primeras ventas.

Una vez culminado el golpe de Estado en Libia y puestos los urgentes asuntos domésticos en orden, era el momento de abordar el espinoso tema de los precios del petróleo.

Según lo relata Yergin, la aproximación inicial fue con la Esso, a quien le solicitaron un incremento en el precio de 43 c/dólar por barril, lo cual recibió la negativa que era de esperarse.

El nuevo régimen decidió enfocar las baterías contra Occidental, cuyo rápido ascenso al club de las principales compañías petroleras del mundo había dejado al descubierto su marcada debilidad negociadora al tener concentradas buena parte de sus reservas en un solo país. Después de unas cuantas escaramuzas de negociación adornadas con instrucciones de los negociadores libios de recortar la producción de la Oxy en un 40 por ciento, se precipitaron los acuerdos, extensivos a las demás empresas, los cuales comprendían incrementos en los precios del crudo, aumento en las regalías y más participación de Libia llegando al 55 por ciento del producto total.

Pero más allá de los valores económicos, el resultado trascendental de la negociación planteada por el Gobierno entrante de Libia fue el comienzo de un nuevo orden en las relaciones Estados-empresas, donde los verdaderos dueños del recurso pudieron hacer uso de una renovada capacidad de negociación que condujo a incrementar significativamente los precios del petróleo defendiendo los derechos de los productores, tal y como señalaba el ideario de la Opep.

La renegociación de las condiciones comerciales del crudo libio, promovida por Gadafi, fue el preludio de la gran revolución petrolera que tendría lugar apenas dos años después, con el Embargo Petrolero de los países árabes a las economías occidentales. En cuanto a Occidental, una década despúes descubriría el Campo de Caño Limón en Colombia. Lo demás sigue siendo historia.

Luis Augusto Yepes

 

Consultor privado

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