Ganaderos e industria pueden negociar el 100% de la leche

Los contratos de proveeduría y la garantía de compra de toda la producción láctea colombiana, beneficiarán sin duda al pequeño productor y le ayudará a ser parte de un sector moderno, incluyente y creciente. Es clave dar este debate como un aporte al esperado posconflicto.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 12 de 2015
2015-03-12 03:19 a.m.

El sector lácteo colombiano requiere de una política, cuyo primer elemento debe ser la definición de los contratos de proveeduría entre la industria láctea y los ganaderos, formalizando así la relación contractual entre las partes y generando confianza entre los eslabones productor y procesador.

Debemos llegar a garantizar la compra del cien por ciento de la leche producida en todo el país, incentivando principalmente la formalización, la tributación y la mejora de las actuales condiciones laborales en el campo.

Los factores climatológicos, así como las temporadas de lluvias, definen el ciclo productivo, y no contamos con los instrumentos de una política láctea para anticiparnos a los problemas anunciados con meses e incluso años de anticipación.

El campo colombiano está atrapado dentro del círculo vicioso causado por la imprevisión ante los retos que año tras año se presentan, y que condicionan el ciclo productivo de la actividad agropecuaria.

El fenómeno de las heladas es recurrente a inicios de año y ya es costumbre oír a los productores y a los líderes tanto públicos como privados en estos días, solicitando ayudas, créditos, etc., para mitigar los efectos del tradicional fenómeno climático. Y, además, hay riesgo de que llegue el Fenómeno del Niño. Otro desastre anunciado y para el cual no estamos preparados.

En el sector lácteo sucede igual. Una vez se presentan las temporadas de lluvia, la producción de leche crece de manera significativa en las ganaderías menos tecnificadas -que son la mayoría del total nacional- y la industria láctea formal solo es capaz de acopiar la leche que puede comercializar.

Recordemos que la industria láctea está regulada en materia de precios mínimos de compra de leche. De esta forma, cuando la oferta del alimento crece, el precio de compra debe mantenerse estable y en contra de la lógica económica.

Desde el punto de vista de la demanda, es difícil encontrar compradores para los volúmenes adicionales de producción en el mercado social o aumentar las exportaciones, válvulas de escape del sector en épocas de sobreproducción. Los programas de leche escolar se interrumpen siempre en las vacaciones y lo mismo sucede con el abastecimiento de la leche y los productos lácteos para las poblaciones más vulnerables de Colombia.

En cuanto a la exportación, no tenemos precio y por esto siempre quedamos fuera de competencia frente a nuestros socios comerciales de otros países de la región, como es el caso de Argentina, Chile y Uruguay.

Así es como nuestro círculo vicioso lleva a que la leche que se quede en la finca, inevitablemente pasa a manos de la informalidad -donde se disminuye drásticamente el precio de compra, pues aquí no hay ninguna regulación que valga- o a las carreteras del país, como pudimos verlo en las primeras manifestaciones del paro agrario, y en donde la problemática del sector lácteo jugó un papel definitivo en las protestas a mediados del año 2013.

Dentro de este análisis, es fundamental ser crítico y reconocer las imperfecciones que se presentan en la ganadería lechera de nuestro país, en cuanto a la relación entre la industria láctea y los ganaderos. En la mayoría de los casos, existen acuerdos de solo palabra, basados en la costumbre y tradición, pero altamente vulnerables a la problemática descrita anteriormente, cuando se presentan las “enlechadas” y se deja de recoger leche en el campo.

Entonces, ¿cuál es la solución?

Siendo este el primer paso de una nueva política láctea, se requiere definir los tres siguientes puntos, que guardan estrecha relación con el primer paso: mejora de la competitividad y reducción de costos de producción (se necesitará una metodología para definir el precio de compra de los volúmenes de leche adicionales que entren al circuito formal); incremento de la cobertura de los programas de leche social -a nivel del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y alcaldías; y el posicionamiento de las exportaciones lácteas.

Este planteamiento no estará exento de polémica. Los grandes productores de leche del país no le verán utilidad a la política láctea, pues toda su producción tiene la compra asegurada, y el valor de sus tierras -cercanas a las principales capitales- crece a un ritmo especulativo y distorsiona la expectativa de beneficio esperado con la producción de leche.

Teniendo en cuenta lo anterior, los contratos de proveeduría y la garantía de compra de toda la leche colombiana, beneficiarán sin duda al pequeño productor y le ayudarán a ser parte de un sector lácteo moderno, incluyente y creciente.

Así es como la formalización de la relación y la garantía de compra del 100% de la leche producida en Colombia, constituyen la revolución silenciosa que el sector lácteo necesita para convertirse en la potencia regional que merecemos ser. Este es el tipo de debates que debemos dar como sociedad, en el país que se prepara para el posconflicto.

Jorge Andrés Martínez Marín

Director ejecutivo de Asoleche

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