Gas de Venezuela: ficción o realidad

Para completar el análisis de la oferta y demanda de gas natural en el país, y cuantificar los costos de abastecimiento, es necesario determinar si las importaciones de gas natural desde Venezuela son viables.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 11 de 2012
2012-10-11 01:18 a.m.

El debate sobre la conveniencia de exportar gas natural se inició hace más de una década, cuando se consideró la posibilidad de cerrar una operación de venta de este energético a Panamá.

Se argumentó a favor de la exportación, que el tamaño del mercado colombiano era insuficiente para acomodar las producciones que podrían resultar de un nuevo gran descubrimiento, tipo La Guajira, por ejemplo.

En tal circunstancia, las compañías internacionales podrían frenar sus programas exploratorios a menos que se abriera una nueva frontera comercial, en este caso de exportaciones.

Con las ventas externas se buscaba, además, potencializar los descubrimientos internos de este energético a fin de asegurar la disposición de recursos propios, los cuales deberían ser menos costosos que el gas natural importado.

A mediados de la década pasada, el Gobierno anterior dio vía libre a las exportaciones de gas natural a Venezuela con una argumentación difícil de refutar, según la cual, esa operación se configuraba como un “canje de reservas”, las cuales inicialmente fluyen en sentido Colombia-Venezuela, pero más adelante, cuando el país así lo necesitara, dicho flujo se reversaría de Venezuela hacia Colombia, a través de un gasoducto construido por PDVSA con una capacidad de 500 Mpcd, es decir, más de la mitad de la demanda nacional. La fórmula de precio sería la misma para el gas que fluyera en ambos sentidos, lo que aseguraba la transparencia en la operación desde el punto de vista de precios.

Este planteamiento calmó los ánimos de quienes habían expresado preocupación por las implicaciones que esa medida pudiera tener para el abastecimiento nacional de este recurso energético.

En la práctica, se planteó como un ‘gana-gana’, puesto que el suministro de gas colombiano le permite a Venezuela incrementar la reinyección de gas natural en los yacimientos petroleros del Lago de Maracaibo, y de esa manera aumentar la producción de petróleo, la cual se ha visto sensiblemente disminuida en los últimos años. Y a Colombia, le hacía posible ampliar sus mercados de gas natural y contar con ese recurso energético para el momento en que se necesitara.

El contrato de exportación de gas natural a Venezuela se prorrogó hasta mediados del 2014.

A partir del segundo semestre de ese año, el gasoducto Ballena-Maracaibo comenzaría a transportar volúmenes de 150 Mpcd, lo que cae como anillo al dedo, considerando que la posición de Colombia evolucionará de una holgura moderada a una situación muy ajustada entre la oferta y la demanda de gas natural en los próximos años.

Los más recientes análisis coinciden en señalar que, ante el ritmo de crecimiento de la demanda, la oferta de gas natural prevista en el corto y mediano plazo no alcanzaría a atender la totalidad de esa demanda.

Con posterioridad al año 2017 se podría presentar insuficiencia de oferta, lo que sería más apremiante ante la ocurrencia de un fenómeno de ‘El Niño’ en esos años.

La perspectiva del abastecimiento de gas natural es tan seria que la CREG, en una reciente resolución, CREG 054 de 2012, publicada para comentarios, ha aprobado dos proyectos de regasificación para la importación de gas natural localizados en Cartagena y la Costa Pacífica.

La decisión de la CREG establece, además, los criterios bajo los cuales, los diferentes sectores de la demanda, es decir, residencias, industrias, comercio y sector eléctrico, tendrán que asumir los costos de esta infraestructura.

La Planta de Regasificación de la Costa Atlántica está pensada para atender las necesidades del sector térmico en un 80 por ciento, aproximadamente, mediante un mecanismo de compras spot, donde se evita el pago de costos fijos de contratación tipo take or pay.

Sin embargo, hay preguntas respecto a temas como: ¿quiénes serán los desarrolladores de los proyectos?, ¿cuál es la urgencia de que el proyecto de la Costa Atlántica inicie operaciones en el 2015?, cuál es la verdadera necesidad del proyecto en el Pacífico?, y ¿cómo se van a distribuir los costos de la nueva infraestructura entre los diferentes agentes?

Para completar el análisis de la oferta y demanda de gas natural en el país, y cuantificar los costos de abastecimiento, es necesario determinar si las importaciones de gas natural desde Venezuela son viables y cuáles serían sus costos comparados con la importación vía marítima por los dos terminales que han sido planteados por la CREG.

Ecopetrol, por su parte, ha señalado que el contrato con Venezuela está en plena vigencia, y que PDVSA está lista a cumplir los compromisos de entrega de ese recurso energético cuando el país lo necesite, tal y como el Gobierno anterior lo aseguró, cuando se dio vía libre al contrato actual bajo la figura del pretendido ‘canje de reservas’ que debería comenzar a cumplirse a partir del segundo semestre del año 2014.

Ahora, cuando la situación de oferta y demanda de gas natural en el país se está apretando, vale la pena evaluar, de manera rigurosa, las reales posibilidades de contar con las importaciones de Venezuela, la logística de abastecimiento y sus costos, y determinar si a la nación le conviene el uso de este recurso frente a las demás opciones planteadas hasta el momento.

Luis Augusto Yepes

Consultor privado

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