La gerencia del cabildeo, una tarea desatendida

Pocas empresas en Colombia incluyen esta práctica en su código de conducta.

Redacción Portafolio
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mayo 18 de 2011
2011-05-18 11:18 p.m.

 

El cabildeo –mejor conocido por el anglicismo lobby– es una función legítima que practican las empresas para participar en la formulación de reglas de mercado en una economía moderna, democrática y competitiva.

En reportes de prensa sobre la corrupción que cunde en el país, se habla de ‘lobbistas’, señalados como “fichas clave” o “maleteros”, que se aprovechan de contactos en el Congreso o entidades públicas para a sacar adelante proyectos privados financiados por el Estado.

Desempeñar el cabildeo en forma profesional beneficia a la sociedad y a las empresas. De allí que sea responsabilidad de todo gerente conocer la función del cabildeo y las mejores prácticas de administrarlo en forma ética, transparente y efectiva.

Tanto el Congreso como las gobernaciones y alcaldías, no menos que las empresas, necesitan del cabildeo. Se trata del mecanismo mediante el cual los legisladores se informan sobre el impacto positivo o negativo que pueda causar un proyecto de ley u ordenanza, en busca de que cumpla su objetivo sin perjudicar el sector productivo. Las empresas, de igual manera, requieren anticipar el impacto que todo proyecto de ley o medida oficial pueda tener sobre sus operaciones y su competitividad. Lo idóneo es que, mediante un proceso de cabildeo transparente, se logren aprobar leyes y reglamentos óptimos.

Esta actividad puede ser desempeñada por personas naturales o jurídicas, y es común que lo realicen asociaciones de empresas. Algunos despachos de abogados que operan en el país se distinguen por ofrecer el servicio de cabildeo a compañías que representan. Agrupaciones de firmas de un mismo sector o industria muchas veces aprovechan el cabildeo para mejorar las condiciones en que operan y prestar un servicio más eficiente. Pero emprender tal esfuerzo requiere de minuciosa preparación.

La asociación empresarial que emprenda un proceso de cabildeo efectivo frente a algún proyecto de ley que afecte a sus representados debe contar con información sobre el proyecto desde el principio, conocer a fondo los pasos por los que transita hasta convertirse en ley, preparar argumentos fuertes, presentárselos a congresistas clave -–oficina por oficina– y tener como vocero a un director de comprobada trayectoria profesional.

Estas lecciones sobre el manejo del cabildeo deben orientar tanto a las empresas y demás organizaciones, y los gerentes que las dirigen.

En Colombia, el cabildeo es una actividad poco conocida. Contadas empresas incluyen esta práctica en su código de conducta. En Estados Unidos, México y otros países existen leyes que definen quiénes y cómo deben practicarlo.

Un proyecto de ley en espera de aprobación

El actual ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, lleva años liderando iniciativas para regular el cabildeo. Ahora, desde esa cartera, ha presentado el Estatuto Anticorrupción, que contiene un capítulo sobre el tema. Sin embargo, el proyecto de ley está pendiente de la conciliación entre el Senado y la Cámara.

El cabildeo requiere reglas claras y transparentes de doble vía: aplicables a parlamentarios y a gerentes. Sin este, no se puede aspirar a lograr una economía competitiva que beneficie la sociedad.

Henry Gómez Samper y Bart Van Hoof  

Facultad de Administración, U, de los Andes

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