Con gobernanza, la crisis del campo es una oportunidad

El proyecto de ley de Desarrollo Rural Integral con Enfoque Territorial es un muy buen comienzo, pues integra todas las actividades ya mencionadas, y se debe promover ya, sin celos de poder y sin más consultas. Además, el Decreto 1987, de septiembre de 2013, es su instrumento de coordinación.

Redacción Portafolio
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octubre 10 de 2013
2013-10-10 12:03 a.m.

El paro agrario resultó de una mezcla de situaciones, que se han tratado de unificar en lo agrario exclusivamente. Por una parte, está lo rural y lo que tiene que ver con los territorios y con la situación socioeconómica de estos. Por otro lado, se presenta la situación productiva agropecuaria. En realidad, estas son dos caras de la misma moneda, pero con características diferentes.

En reciente publicación del Pnud, sobresale el hecho que más del 75% de los municipios son rurales. Estos municipios ocupan el cerca del 95% del territorio nacional y en ellos habitan cerca del 32% de la población, lo que significa más de 13,6 millones de colombianos. Estos datos demuestran que Colombia es un país más rural de lo que se piensa.

Si bien el índice de pobreza nacional está por debajo de 32%, en las zonas rurales está cerca del 47% y la pobreza extrema ronda el 23%. Esta situación viene acompañada de problemas de nutrición, educación, salud, vivienda, etc.

Por el lado productivo, hay satisfacción porque el sector creció el 7,6% en el trimestre, pero en realidad no se puede hacer fiesta; aquí se esconden realidades estructurales que no han permitido un verdadero desarrollo.

En Colombia se siembran 5,2 millones de hectáreas de un potencial de 22 millones. Los cultivos transitorios han permanecido estancados en 1,6 millones de hectáreas entre los años 2008 y 2012, mientras los permanentes crecieron 19% al pasar de 2,6 a 3,1 millones de hectáreas. La producción en los transitorios disminuyó 1,4% entre 2008 y 2012 mientras la de los permanentes aumentó tan solo 5% en el mismo período.

Por el lado del comercio, entre 2008 y 2012 las exportaciones agropecuarias permanecieron estancadas alrededor de 6.600 millones de dólares, pero disminuyeron en volumen al pasar de 4,4 millones de toneladas a 4,1.

Las importaciones en ese mismo período aumentaron casi el 36% al pasar de 4.200 millones de dólares a 5.700 y de 8,2 millones de toneladas a 8.9.

El comportamiento del PIB agropecuario ha sido bastante errático, pero el promedio entre el 2007 y el 2012 se ha ubicado en un triste 1,4% anual.

Lo anterior demuestra: por un lado, Colombia presenta unos territorios rurales que han sido tratados, por los gobiernos y la sociedad en general, con gran desprecio al no darles las mismas oportunidades que las zonas urbanas; por la otra cara de la misma moneda, se presenta un sector agropecuario carente de dinamismo por las condiciones adversas existentes para producir. Estas dos situaciones llevaron a los productores y a la población de los territorios rurales a protestar.

Al revisar los acuerdos firmados para suspender el paro se observa una lista de mercado, en la cual cada producto o solicitud tiene un precio y con ello gobierno y protestantes quedaron contentos. ¿Y después qué? Se va a continuar en lo mismo, pues nada verdaderamente cambió, pero sí se desaprovechó una oportunidad para verdaderamente mejorar la situación.

Las grandes reformas generalmente se dan como resultado de grandes movimientos, y este es el caso, el Presidente lo ha entendido así al hablar de un Pacto Nacional Agrario, pero esto no se puede quedar solamente en un enunciado. Al más alto nivel se debe asumir una verdadera gobernanza de la situación.

Para el grupo Pidal, se entiende por gobernanza: "el conjunto de mecanismos, procesos e instituciones a través de los cuales los ciudadanos y los grupos sociales articulan sus intereses, ejercitan sus derechos, cumplen sus obligaciones y negocian sus diferencias".

La situación rural y agropecuaria es compleja y aún muy inestable. Para lograr una adecuada gobernanza, el Pacto Agrario debe, inicialmente, concretarse en un Pacto Político al más alto nivel, con participación de todos: gobierno, fuerzas, tendencias, gremios, dignidades, etc.

Inicialmente, se debe hacer un acuerdo político sobre lo fundamental; en el tema de la problemática rural, por una parte y sobre la situación agropecuaria, por otro lado. Recordemos que son dos caras de una misma moneda.

El primer acuerdo podría girar alrededor del desarrollo socioeconómico de los territorios rurales, buscando como propósito, igualar las áreas rurales a las urbanas en un determinado período de tiempo. Como en este tema hay convergencia de: salud, saneamiento, nutrición, conectividad, educación, cultura, recreación, capital humano, seguridad social, vías, energía, comunicaciones, ambiente, financiamiento, pequeñas industrias, comercio, acceso a la tierra, etc. El llamado a promover este proceso de gobernanza es el mismo Presidente.

El proyecto de ley de Desarrollo Rural Integral con Enfoque Territorial es un muy buen comienzo, pues integra todas las actividades ya mencionadas, y se debe promover ya, sin celos de poder y sin más consultas. Además, el Decreto 1987, de septiembre de 2013, es su instrumento de coordinación.

Para el acuerdo político sobre lo agropecuario, debido a las rencillas existentes entre el Ministro de Agricultura y los gremios, así como la desconfianza entre este y algunas fuerzas, el Presidente es el también llamado a intervenir en este proceso de gobernanza.

El Pacto Político, en el tema agropecuario, debe girar alrededor de qué desarrollo queremos, obviamente que sea acorde con principios de equidad, competitividad y productividad y en el cual exista cabida para todos.

En el tema agropecuario, también para comenzar, existe un documento en el Ministerio de Agricultura denominado "Apuesta Exportadora Agropecuaria" que es el resultado de un esfuerzo académico que da una línea concreta sobre cuales productos, con qué instrumentos y en qué lugares del país se debe desarrollar la producción agropecuaria con sentido exportador.

Para poner la agricultura en el camino del crecimiento y desarrollo, se debe arreglar el problema de tierras y poner a funcionar el Conpes de la Altillanura. Si no se arregla rápido el problema de tierras, Colombia podría perder la bonanza de la Altillanura, como lo dijo el exministro Hommes.

Finalmente, si bien lo que se está haciendo ahora, como prohibir importaciones, subsidiar producción y controlar precios, aplaca los ánimos, de ninguna manera es una solución estable y duradera en el tiempo. Además, si un Pacto Político no conduce a cambios de fondo, el dinero que le pongan al sector agropecuario en bienes privados se va a despilfarrar en unos pocos sin beneficio para la sociedad agro-rural en general.

Luis Arango Nieto

Exviceministro de Agricultura

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