El Gobierno debería releer a Uri y descubrir a Kaplan

Negociar tiene tanto de arte como de ciencia. Por eso es importante definir con anticipación los intereses y motivaciones de la negociación.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 03 de 2013
2013-09-03 12:57 a.m.

Robert D. Kaplan es un experto internacional en seguridad y aclamado periodista norteamericano.

Él sostiene que siempre existirán causas para la violencia y el terrorismo, como los idealismos, nacionalismos, el fanatismo religioso y las migraciones.

Considera ingenuo y peligroso disminuir ejércitos, policía y otros organismos de seguridad, en la ilusión de una paz cercana.

Observa con temor cuando se pone la paz como objetivo fundamental, y en su búsqueda se sacrifican principios y estructuras sin los cuales la paz no puede ser duradera.

En los siglos XIV y XV, ante la poca disponibilidad de oro y el alto valor adquirido por este, los alquimistas, con teorías simplistas y utópicas, empezaron a buscar formas para convertir metales de poco valor en oro.

Kaplan ve con horror como muchos políticos creen que se puede pasar de la violencia a la paz, gracias a una alquimia mágica.

En la esperanza de frenar el nazismo, algunos políticos trataron de negociar acuerdos con personas cercanas a Hitler. ¡Ilusos! Fue necesaria la intervención de Churchill (Álvaro Uribe para el caso colombiano) para rescatar la civilización de un seguro descalabro.

REFLEXIÓN

Para Kaplan, el orden es primero que la libertad. Teoría discutible, pero para nosotros, que no conocemos la verdadera libertad por haber vivido en medio de la violencia por más de 60 años, debería ser motivo de reflexión.

El actual Gobierno colombiano, igual que los antecesores de Churchill, quiere resolver el problema conversando.

William Uri, cofundador del Programa de Negociación de Harvard, estuvo hace 20 años ayudando a lograr un acuerdo entre los partidos en África del Sur, con el fin de acabar la violencia. En un momento dado se suspendieron temporalmente las negociaciones y Uri aprovechó para convivir varios días con comunidades San Bushmen, quienes viven de la caza, de manera muy primitiva.

Su aprendizaje: cuando los ánimos entre grupos de Bushmen se ponían ‘caldeados’, escondían el veneno que usaban en las flechas y se sentaban alrededor del fuego a conversar. No se podían levantar hasta no llegar a un acuerdo.

Negociar tiene tanto de arte como de ciencia. Según esta última, se deben definir con anticipación los intereses y las motivaciones de la negociación.

Analizar las posibles expectativas del contrario. Si se trata de negociación en grupo, definir el papel, de cada uno. Estudiar que aspectos adicionales se pueden llevar a la mesa, con el fin de darle el máximo valor al resultado.

Prepararse con información relevante como estadísticas, cifras y valores, para aterrizar las conversaciones a términos realistas.

Para Uri y sus colegas, uno no se debe sentar a negociar sin definir antes el Batna (Best Alternative to a Negotiated Agreement). El Batna es aquella condición mínima por debajo de la cual no se puede aceptar un acuerdo. Insiste que no solo se debe definir el propio Batna, sino también suponer cuál es el Batna del otro.

Para Uri negociar no implica necesariamente llegar a un acuerdo: Si el acuerdo es peor que lo que se podría alcanzar por otros medios, es mejor suspender la negociación.

Pero negociar también requiere de arte: se le debe dar mucha fuerza a las argumentaciones, con el fin de transmitir la máxima credibilidad.

Adicionalmente un Batna fuerte da confianza a los negociadores.

Es un hecho que la guerrilla está muy disminuida y según los informes del ejército no deben tener más de 10.000 hombres. Comparado con los 45 millones de colombianos, representa al 0,02 por ciento de la población.

Sus propuestas no tienen aceptación para la inmensa mayoría de los colombianos. Por la vía democrática están destinados a desaparecer.

Esta realidad debería fortalecer el Batna del Gobierno.

Los enormes beneficios del narcotráfico se convierten en un Batna muy poderoso para la guerrilla: si no se les da todo lo que piden, preferirán continuar disfrutando de su vida de riquezas y excentricidades, con refugio en países vecinos.

No ocurre lo mismo con la base de la guerrilla, pero quienes negocian son los de arriba.

DOBLE JUEGO

El presidente ha tenido gran valor al insistir que las conversaciones se lleven a cabo sin alto al fuego.

Un alto al fuego sería como esconder el veneno, pero las Farc seguramente lo esconderían en sus bolsillos. No se puede olvidar la hipocresía y doble juego con que las Farc le han jugado al país.

Para Europa y EE. UU. un acuerdo de paz siempre es positivo, sin profundizar en los efectos sobre la institucionalidad y estabilidad del país.

Un acuerdo daría gran prestigio al presidente y seguramente lo convertiría en uno de los candidatos al Premio Nobel de la Paz. Esa tentación podría inducirlo a bajar el Batna y no ser muy exigente en la mesa para facilitar un acuerdo.

El interés en la reelección puede ser otro argumento para bajar el Batna.

Si el Gobierno baja su Batna, podríamos terminar con presidente con premio Nobel, un país sin crecimiento económico, las instituciones en manos de la izquierda y promoviendo la lucha de clases.

Definitivamente, en el Gobierno deberían releer a Uri y descubrir a Robert D. Kaplan.

Ricardo Mejía Cano

Consultor internacional.

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