El gran espectáculo de los conflictos internacionales

El resultado parcial o definitivo de un conflicto está determinado por la capacidad de las partes de proyectar sus intereses, ya sea en la confrontación violenta o en la negociación, y por la habilidad de cada uno para adelantarse a las acciones del otro.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 13 de 2015
2015-02-13 04:12 a.m.

Es un hábito del discurso político convencional anunciar grandes apuestas por la solución definitiva de los conflictos y plantear ambiciosos escenarios para una nueva sociedad, en la cual el entendimiento pleno entre los individuos y los grupos pasa de ser una utopía a una realidad. El despliegue publicitario de los más importantes medios de comunicación y la propaganda gubernamental y de organismos internacionales, contribuyen, con frecuencia, a esta visión, desde luego deseable, pero poco fiel a los hechos. En este sentido, cualquier confrontación histórica que ha pasado a lo largo de decenios y siglos por diferentes coyunturas, que ha vivido momentos de empeoramiento, de mejoría o de estancamiento, aparece en la pantalla como un episodio menor, que solo exige de las partes sentarse a tomar un café y llegar a un buen arreglo.

En la comprensión objetiva de los conflictos, no es la mejor opción distanciarse de la realidad contundente y abrumadora ni subestimar la importancia de la razón. En el caso del conflicto colombiano, como también en lo relativo al conflicto palestino-israelí, o de igual manera que en el actual conflicto entre el Gobierno ucraniano, las fuerzas separatistas y el Gobierno ruso, la opinión pública opta por una actitud más emocional que racional, pues las imágenes cruentas de la guerra, de un lado, y las de líderes políticos firmando acuerdos y cortando cintas, del otro, están orientadas a comprometer los sentimientos, no la razón, que en circunstancias normales impulsaría a las personas a reflexionar sobre lo que ha visto, leído u oído.

En cambio, los actores o partes con poder de decisión en un conflicto poseen información real acerca de lo que suponen que piensan o harán sus rivales o enemigos, y este conocimiento los lleva a optar por una acción ajustada a la razón, poniendo en segundo plano sus deseos. Dicho de otro modo, el resultado parcial o definitivo de un conflicto está determinado por la capacidad de las partes de proyectar sus intereses, ya sea en la confrontación violenta o en la negociación, y por la habilidad de cada uno para adelantarse a las acciones del otro. Los actores involucrados solo harán aquello que satisfaga sus intereses o mejore su posición frente a los demás, con independencia de lo que la ciudadanía, los grupos de presión o la opinión pública deseen, y estos únicamente serán tenidos en cuenta si tienen el poder de alterar la dinámica del conflicto o del proceso de negociación.

Es el caso, nuevamente, del conflicto entre Israel y Palestina, para el que parece no haber una solución en el corto o mediano plazo, el Gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina han celebrado innumerables negociaciones, y todas se han roto. Cada uno tuvo razones para suspender los diálogos o violar los acuerdos que hubieran suscrito en el pasado, y es posible que encontraran más estímulos para persistir en el conflicto que para ponerle fin. Como es probable, este y todos los conflictos actuales se agravarán o disminuirán su intensidad; pasarán de crisis violentas a guerras limitadas, por ejemplo, o irán en la dirección contraria, incluso, es posible que haya soluciones temporales y cese la violencia en muchos casos.

El gran problema de reconocer esta realidad, reside en la poca adhesión que genera entre líderes políticos, empresariales y la sociedad en general. Y no podría ser de otra manera, porque nadie se siente cómodo y mucho menos los gobiernos, con la idea de que los grandes esfuerzos diplomáticos y de mediación que emprende la comunidad internacional para poner fin a los conflictos, resulten estériles o por lo menos insuficientes.

Desde luego, esta no es una invitación al pesimismo ni a desistir en la búsqueda de soluciones negociadas a las confrontaciones violentas que aquejan al mundo de hoy, considerando que del otro lado hay numerosos casos de conflictos resueltos por la vía de acuerdos serios y durables, que después han conducido a un clima de estabilidad política y económica. Más bien, se trata de apostar por una visión menos apasionada y más razonable del turbulento escenario internacional.

Juan David García Ramírez

Miembro de Redintercol

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