Hay que resistir chantaje de Rusia en relación con Ucrania

Este comportamiento es un flagrante descaro. No debe tener éxito. La historia es incluso todavía peor. El préstamo en cuestión tenía como propósito ‘facilitar’ la decisión de Viktor Yanukovich, el presidente derrocado posteriormente, de rechazar un acuerdo de asociación con la UE.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 23 de 2015
2015-10-23 11:29 p.m.

Un hombre asesina a sus padres y luego pide misericordia ante la corte por ser un pobre huérfano. Esta es la definición de un flagrante descaro. Pero ahora tenemos una nueva. Con un endeble pretexto, un país se apodera de partes del territorio de un país vecino y fomenta una guerra civil en el resto de él. Pero también insiste en que, si no se le paga en su totalidad una deuda contraída por su arruinada víctima, vetará la ayuda internacional que sus acciones han convertido en una necesidad vital. Así es como Rusia se está comportando con respecto a Ucrania. Eso, también, es un flagrante descaro. Y también es un chantaje. Tal comportamiento no es de extrañar. No debe tener éxito.

La historia es incluso todavía peor. El préstamo en cuestión –un bono con un valor nominal de US$3 mil millones emitido en diciembre de 2013– tenía como propósito ‘facilitar’ la decisión de Viktor Yanukovich, el presidente derrocado posteriormente, de rechazar un acuerdo de asociación con la UE. Hoy en día, Rusia aparentemente quiere que la comunidad internacional financie el reembolso total del dinero que le adelantó a Ucrania para persuadirlo a tomar una decisión innecesaria de escoger a Rusia en vez de Europa.

En realidad, sin embargo, Rusia quiere vetar un préstamo planificado de US$17.5 mil millones del Fondo Monetario Internacional (FMI) dirigido a ayudar al país que ha buscado arruinar. Legalmente, el FMI puede no prestar a una nación si se encuentra en mora en relación con un préstamo oficial. Rusia argumenta que el bono, el cual adquirió con términos que favorecían a Ucrania, fue un préstamo concesional. De hecho, Rusia desea utilizar este préstamo para evitar que su víctima reciba ayuda.

ENTONCES, ¿QUÉ DEBE HACERSE?

Un punto de partida es rechazar las justificaciones que Rusia profesa y las razones que promueve en cuanto a su hostilidad hacia el actual Gobierno de Ucrania.

Vladimir Putin, el presidente de Rusia, parece pensar que los gánsteres pueden permanecer en el poder durante todo el tiempo que deseen y usar cualquier método que les apetezca. Nosotros no tenemos ninguna razón para estar de acuerdo. La propaganda rusa insinúa que el gobierno de Kiev está formado por un grupo de fascistas. Pero al conocer a Petro Poroshenko, el presidente de Ucrania, queda claro que se trata de otra ‘gran mentira’.

Rusia argumenta que, si Ucrania estableciera una relación más estrecha con Occidente, su propia seguridad se vería amenazada. Pero Occidente no representa ningún peligro militar contra este país con armas nucleares, mientras que Rusia sí representa una amenaza para sus propios vecinos. Un sinnúmero de rusos parecen creer que la historia les otorga la propiedad de Ucrania. Nosotros no podemos aceptar tal argumentación. El gobierno ruso considera que tiene derecho a apoderarse de territorios por la fuerza. Occidente debe rechazar esta doctrina. El actual gobierno ruso desprecia las creencias occidentales que aseguran que los individuos tienen derechos políticos y que los gobiernos existen para servir y obedecer al pueblo. Occidente no debe estar de acuerdo con el gobierno ruso.

Al rechazar este tipo de actitudes rusas, Occidente debe buscar un “modus vivendi” con Rusia que incluya todos los grandes asuntos, entre ellos, y no menos importante, Ucrania. Pero debería hacerlo sin sacrificar a Ucrania.

El actual gobierno de Ucrania heredó un terrible legado de más de dos décadas de total corrupción e incompetencia. Ucrania había sido como un cadáver al cual se podía robar más que un país. En la actualidad ha sufrido tanto una invasión como una guerra civil. Sin embargo, a pesar de una devastadora crisis económica, ha progresado ligeramente. La tasa de cambio liberada se ha estabilizado. El déficit exterior se ha reducido. Y una reforma significativa está ya en marcha.

Más aún, un importante asunto que contribuiría a la continuación del progreso es el alivio de la deuda. En agosto, después de arduas negociaciones, Ucrania llegó a un acuerdo con sus acreedores privados en relación con US$19 mil millones de deuda privada. Los rendimientos se reducirán drásticamente, los vencimientos se prolongarán, y el valor nominal de los bonos se disminuirá en un 20 por ciento. Según el FMI, este acuerdo ha reducido las necesidades de financiación de Ucrania durante los próximos cuatro años en un monto de US$15 mil millones.

Ucrania sostiene que el bono de Rusia debería ser considerado como una deuda comercial, y tratarse de la misma manera que otras deudas. Rusia insiste en que su bono debe pagarse en su totalidad en diciembre de 2015, a su vencimiento, como una deuda oficial. Adam Lerrick, del American Enterprise Institute, ha sugerido lo que parece ser un mutuo acuerdo inteligente. En esencia, el plan es compensar a Rusia por las condiciones favorables que ofreció en el préstamo original (una tasa del 5 por ciento frente a un rendimiento de mercado del 12 por ciento de los bonos a dos años en aquel momento) y luego tratar el préstamo de la misma manera que las otras deudas comerciales.

Para Ucrania, este acuerdo tendría un impacto mínimo sobre la sostenibilidad de la deuda. Para Rusia, esto no significaría una reducción alguna en el importe nominal del préstamo, como lo asegura, y un aumento en la tasa de interés que recibe de un 5 por ciento a un 6.5 por ciento, sino una extensión de la madurez de cuatro a 12 años.

Si Rusia quisiera un acuerdo razonable, aceptaría esta propuesta, la cual cumple con sus ostensibles exigencias, en particular la negativa a aceptar una reducción de su valor nominal. Es casi seguro que Rusia no tiene interés en ningún acuerdo y, por lo tanto, lo rechazará. Eso por lo menos aclararía sus verdaderos objetivos que son, casi con toda seguridad, parar los préstamos del FMI y así frustrar la recuperación de Ucrania.

Si es así, Occidente no debe permitir que Rusia tenga éxito. Se debe encontrar una manera de prestarle el dinero a Ucrania que tan desesperadamente necesita. No se le puede permitir a Rusia que lleve a Ucrania a la ruina, y que también ejerza un veto sobre los esfuerzos para rescatarlo. Debería quedar claro que este tipo de comportamiento no cooperativo amerita un mayor endurecimiento de las sanciones.

El Presidente de Rusia puede ser desafiante. Pero es racional. No hay duda de que preferiría que Ucrania fuera un dócil satélite ruso y no un país independiente; y que Ucrania estuviera arruinado y que no fuera un próspero país democrático. Pero Occidente debería dejar claro que hay un precio que Rusia debe pagar por los obstáculos que ha presentado ante los esfuerzos para la creación de una Ucrania funcional. Y, sobre todo, debe estar decidido a proporcionar ayuda.

Martin Wolf

Columnista del Financial Times

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