Todo fue una ilusión

"la facilidad y la falta de controles en entregar dinero a quienes no se sabía si podían después pag

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
diciembre 02 de 2010
2010-12-02 04:11 p.m.

Lo único que faltó fue otorgar los créditos hipotecarios vía máquina dispensadora, como ya están haciendo con las dosis de estimulantes en California.

Lo cierto es que la facilidad y la falta de controles en entregar dinero a quienes no se sabía si podían después pagarlo, es lo que tiene en dificultades a varias entidades financieras de los Estados Unidos y a las autoridades preocupadas por una posible mayor insolvencia de las mismas.

Hace unos días The Washington Post, en un artículo de una de sus redactoras, Brigid Schulte, presentó el caso de una inmigrante hondureña, para mostrar la raíz del problema inmobiliario. Ella trabaja como cocinera y su esposo como instalador de aire acondicionado. Los dos en sus humildes oficios y con esfuerzo reúnen al mes 4.200 dólares, y vivían en un pequeño, estrecho y ruinoso apartamento en un condado cercano a la capital. Y por supuesto, como a tantos que han viajado a buscar una mejor vida y las oportunidades que en nuestros países no tienen, los atrapó el sueño americano y en ese sueño está el convertirse en propietario de su propia casa, para levantar y reunir allí a su familia.

Una vendedora de joyas puerta a puerta la contactó con un agente de bienes raíces y allí comenzó su drama. Sin hablar inglés, sin conocer cómo funciona el sistema bancario y sin tener capacidad crediticia, compró, si así se puede decir, una casa de un piso por 430.000 dólares, que un año antes había sido vendida por 150 mil. Ese valor, producto de la burbuja inmobiliaria, era por supuesto irreal y para que le fuese otorgado el crédito los intermediarios del mismo mintieron en la solicitud.

La señora Ortiz, que así se llama la protagonista de esta historia, firmó un documento en inglés sin entenderlo y por unos meses pudo vivir su sueño en una casa con cortinas nuevas y con el Sagrado Corazón en la sala. Pero la lógica se impuso y la pareja que tenía que destinar el 70 por ciento de lo que ganaba para pagar las cuotas no aguantó y su ilusión se esfumó. El juicio hipotecario se encargó de hacérselos saber.

Como este caso hay miles y los bancos lo están sintiendo. No es gratuito lo que ocurre. La falta de vigilancia, las políticas relajadas, las comisiones que se ganaban todos los que intervenían en el proceso y la ingenuidad e ignorancia de tantos compradores, son componentes del problema que está en manos de las autoridades monetarias y del Congreso, y que va a ser tema central de la campaña electoral.

Las aseguradoras prendieron la alarma y han afirmado que por la crisis crediticia el monto de las provisiones y pérdidas asciende a 38 mil millones de dólares y supera las pérdidas ocasionadas por el huracán 'Katrina'.

La conclusión es obvia: la irresponsabilidad humana hace más daño que la naturaleza. 

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