Los instrumentos políticos son necesarios en este mundo

Países como Estados Unidos comprendieron que la única manera de evitar condiciones de mercado perversas que afectarán a los productores del campo y a los procesadores de sus productos era separarlos para evitar que unos pocos afectaran a muchos.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
junio 04 de 2015
2015-06-04 04:13 a.m.

Uno de los temas del momento en el país es el generado por algunas empresas y medios en torno al Sistema Andino de Franjas de Precios (Safp), y los mal bautizados Fondos de Estabilización de Precios, que no son otra cosa que elementos de equilibrio para evitar que los productores y demandantes locales entren en guerra de precios que acaben la producción.

Como el tema afecta a un sinnúmero de subsectores agrupados en la SAC, he esperado prudentemente los diferentes argumentos para dar a la opinión una visión que será lo más didáctica posible sobre el asunto, sobre la libertad de mercados y sobre las distorsiones que los conforman.

Nuestro país cree que lo que pasa en Colombia no sucede en otros lugares y se ha vuelto una especie de delito que se favorezca la producción agropecuaria, sin pensar en que eso lo hacen en Europa, Estados Unidos, Japón, Rusia, y hoy en día hasta en Brasil, que acaba de asegurar un paquete financiero de 60.000 millones de dólares para estimular su producción y sus exportaciones agrícolas.

En Estados Unidos, los productores de maíz, trigo, cebada o sorgo son múltiples y los compradores del mercado son pocos, como ADM, Cargill y otras firmas nacionales o foráneas como Bunge o Toeppffer, pero no más de 10 grandes y algunas regionales.

En azúcar, el grueso de la producción chocolatera y confitera lo compran Mars y Cadbury, y la producción, a pesar de ser de cerca de 7,5 millones de toneladas, se concentra, en un alto porcentaje, en cinco centrales productoras. Igual pasa aquí. Por ejemplo, 15 ingenios procesan toda la producción de caña y 5 compañías como Nutresa, Súper de Alimentos, Colombina, Aldor y Nestlé consumen más del 90 por ciento del azúcar de la demanda industrial de ese segmento. Por el lado de la producción de bebidas gaseosas y jugos, son 3 o 4, Coca-cola/Femsa, Postobón y Pepsi Co, junto con una gran cervecería.

En el caso del maíz, ocurre los mismo, 10 o 15 empresas compradoras entre alimentos balanceados para animales y productos alimenticios. ¡Así es el mundo! Lleno de mercados monopólicos y oligopólicos.

¿Qué hicieron países como Estados Unidos para solucionar el problema de necesidad de lograr una agricultura sólida y a la vez ofrecer materias primas de bajo costo? Comprendieron que la única manera de evitar condiciones de mercado perversas que afectarán a los productores del campo, por la vía de posiciones oligopólicas dominantes, y a los procesadores de sus productos, por la vía de precios más altos por los insumos, era separarlos para evitar que unos pocos afectaran a muchos.

Fue así como en Estados Unidos se propusieron mecanismos de apoyo al productor que permitían generar precios de mercado y, la diferencia con respecto a los precios objetivo que recibe el productor, determinados por el Gobierno, con bases técnicas y no técnicas, era aportada por el Estado, de esta manera los procesadores obtenían insumos baratos y los productores lograban una remuneración adecuada.

Así, esos países han logrado desarrollar su agricultura, con otra gran cantidad de ayudas y estímulos, claro está, lo que les ha permitido a su vez estimular la producción agroindustrial a partir de precios ‘competitivos’, que de otra forma no habrían logrado.

Eso es lo que se conoce en el mundo como pagos contracíclicos y precios objetivo. El mayor usuario de este tipo de pagos al productor ha sido Estados Unidos, en Europa operan otra serie de instrumentos similares que producen efectos favorables a sus productores y a sus industrias.

La Política Agrícola Común (PAC), de la Unión Europea, opera desde hace más de 80 años, dando subsidios a los productores y distorsionando los precios mundiales de los productos; la política agrícola de Estados Unidos o Farm Bill lleva operando desde 1920, y el último paquete de ayuda determinado para estimular y sostener la producción agropecuaria de ese país es de 951.000 millones de dólares, cerca de 100.000 millones de dólares por año.

En contrapartida, a los agricultores colombianos se nos tilda de ‘dinosaurios’ porque nos negamos a competir ante tal desigualdad de condiciones, pero con nuestras fronteras abiertas y un escenario carente de infraestructura y con un presupuesto nominal de 5,2 billones de pesos, aproximadamente 227 millones de dólares al año, que ya van convertidos en 3,7 billones de pesos o cerca de 161 millones de dólares. Pero que no se crea que esto es inversión, cubre burocracia y administración y la parte de inversión, así que las cuentas son claras.

Por lo anterior, en la segunda parte de este análisis haremos una revisión de los instrumentos de política comercial como las franjas de precios y los fondos de estabilización a fin de mostrar a la opinión pública ‘la otra cara de la moneda’.

Rafael Mejía López

Presidente de la SAC

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