Un intelectual en el ámbito público y la academia

Miguel Urrutia ha dedicado gran parte de su vida a temas de interés público, y ha defendido con sus acciones y escritos las aspiraciones y los valores que corresponden al progreso de la sociedad.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
octubre 18 de 2012
2012-10-18 01:52 a.m.

Miguel Urrutia recibió su formación académica como economista en las universidades de Harvard y California, en Berkeley.

La primera, privada y la más antigua institución de educación superior en EE. UU.; la segunda, pública y la más grande de dicho país.

Urrutia hace parte de esa primera generación de tecnócratas colombianos con formación internacional, cuyo mayor influjo se sentiría en el último cuarto del siglo XX. Los contrastes entre estas instituciones, sin duda, ampliaron la visión de una mente que, como nos consta a sus colegas, tiende a adoptar puntos de vista poco usuales para afrontar problemas no siempre nuevos.

La producción intelectual de Miguel Urrutia mostró sus primeros frutos en la segunda mitad del decenio de los 60, como preludio de una obra que continuaría incrementándose posteriormente, cubriendo diferentes áreas de investigación en economía, historia y otras de amplio interés público.

Dedicó al estudio del mercado laboral colombiano sus primeros empeños como investigador.

Al tiempo que en el Cede de la U. de los Andes publicaba sus análisis pioneros sobre este tema, aparecían las ediciones en inglés y español de su tesis doctoral, ‘Historia del sindicalismo en Colombia’.

No se trataba solo de una coincidencia editorial; en un medio en el que no abundaban los estudios económicos, él llamaba la atención hacia la investigación de los factores estructurales y los eventos coyunturales del mercado laboral.

Así se manifestaba una de las características del pensamiento económico de Miguel Urrutia: su tendencia a mirar los problemas en un contexto histórico, lo que en muchas ocasiones lo ha llevado a enfrentar el pensamiento de algunos técnicos engolosinados con los últimos modelos, pero no suficientemente observadores de las circunstancias en las que se enmarcan los fenómenos que analizan.

Atraído por diversas ciencias sociales, Urrutia tuvo que decidir entre caminos alternativos de especialización al terminar su pregrado en economía.

Aunque se pensara que el doctorado en economía era la ruta obvia, otras disciplinas como la arqueología lo atraían.

Si bien su decisión final lo llevó a la economía, el simpatizar con otros campos de investigación en ciencias sociales sirvió para configurar el tipo de investigador que sería en el futuro.

En su proceso investigativo, el científico social confronta la tarea de estudiar fenómenos complejos, pero, como los arqueólogos, a veces solo dispone de fuentes fragmentarias.

Por eso es fundamental el rigor en la selección de la información y la creatividad en la búsqueda de fuentes relevantes.

El trabajo de los buenos economistas debe desenvolverse dentro de cauces interdisciplinarios. Ha de plantear y someter a revisión sus hipótesis, concediendo especial importancia a las circunstancias particulares que rodean los hechos analizados. Como investigador, Urrutia siempre se ha interesado por el contexto cultural, histórico y humano de los fenómenos económicos; esto le ha conducido a adoptar posiciones originales e innovadoras en sus trabajos académicos.

La selección rigurosa de los datos es el punto de partida en las contribuciones de Urrutia; y quien lo haya leído o trabajado con él, sabe bien que tiene una clara preferencia por usar modelos sencillos, los cuales somete a exigentes pruebas empíricas, y una extraordinaria habilidad para sacar de ellos conclusiones pertinentes y aplicables a nuestra realidad.

Además, sus trabajos destacan siempre la importancia de las instituciones y tienen en cuenta la relevancia de los factores de poder sobre el comportamiento de los agentes económicos.

A lo largo de medio siglo, la obra de Urrutia se ha enriquecido con la exploración de gran cantidad de temas.

El punto de partida fueron sus trabajos sobre temas laborales; los más recientes se han concentrado en el análisis de temas monetarios o macroeconómicos.

En el intermedio, sobresalen dos temas clásicos de la economía: el crecimiento y la distribución del ingreso. Por otra parte, la historia económica ha sido no solo objeto específico de algunas de sus más importantes contribuciones a la economía, sino que difícilmente se lee un estudio suyo en el que no se perciba el influjo de la argumentación histórica.

Su paso por instituciones de investigación nacional e internacional se intercaló con su tarea en varios despachos del Gobierno y el Estado, entre ellos, gerente general del Banco de la República.

Por eso, su obra ha ido más allá de los textos, siempre en la defensa de principios y el desarrollo de instituciones creadas en favor del interés público, lo que lo ha llevado repetidamente a comprometerse con el respaldo de dichos principios o instituciones.

Esa es, para mí, la mejor manera de comprender las actuaciones de Urrutia como funcionario público, especialmente en su mandato como miembro de la junta directiva y luego como gererente del Emisor, en los años que siguieron a la reforma de 1991, cuando las nuevas autoridades fueron puestas a prueba en relación con los recientes cambios institucionales.

Pero en el conjunto de su obra no aparece él solo como autor.

Son muchos los profesionales que se han formado bajo su guía a través de la preparación de textos, publicaciones o de la participación en equipos liderados por él. Urrutia ha sido un creyente en el talento joven y ha apostado decididamente por la promoción de profesionales promisorios, en una actitud que tiene mucho de visionaria, y, sobre todo, refleja gran generosidad.

Quien haya tenido contacto con Urrutia a propósito de su paso por el sector público y de su vinculación con la universidad, destacaría su pasión por compartir sus conocimientos y experiencias con nuevas generaciones de estudiantes.

Si bien solo esto merecería un justo reconocimiento y sería un ejemplo para otros ciudadanos, en el caso de Urrutia habría que destacar, además, que el ejercicio de la docencia ha hecho parte permanente de su actividad intelectual.

En la cultura latina clásica, uno de los significados de la palabra ‘humanitas’ se refería a la presencia de una cultura del espíritu.

En este contexto, ‘humanitas’ trasciende los límites de la obra académica y abarca la persona del autor. En nuestro caso, se trata de alguien que ha dedicado gran parte de su vida a los temas de interés público y que defendido con sus acciones y escritos las aspiraciones y los valores que corresponden al progreso de la sociedad; vemos que no puede desligarse la persona de su obra.

Al escribir sobre crecimiento, distribución del ingreso, el papel de los gremios o los compromisos de las políticas monetaria y fiscal, Urrutia nos ha enseñado que la grandeza de un científico social no se mide por la complejidad de los modelos o de los instrumentos que usa en sus investigaciones, sino por el interés último de que esos trabajos tengan un impacto tangible en el avance intelectual o en el bienestar material de otros seres humanos.

José Darío Uribe Escobar*

Gerente general del Banco de la República

*Palabras pronunciadas en el homenaje a Miguel Urrutia.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado