Internet de las Cosas, clave en el mundo de los negocios

La creciente capacidad de los dispositivos de comunicarse entre sí es la base para la cuarta revolución industrial que está comenzando en el mundo. Esto permite, entre otras cosas, entender la toma de decisiones del consumidor, y solucionar problemas tan pronto como se presentan.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 28 de 2015
2015-09-28 04:52 p.m.

Si Henry Ford, protagonista de la segunda revolución industrial que vivió la humanidad –la de la fabricación en serie–, pronunciara hoy su célebre frase de que "cualquier cliente puede tener el carro del color que quiera, siempre y cuando sea negro", probablemente su compañía iría a la quiebra en el acto.

La razón: la tendencia actual es la de fabricar en serie, con menores costos de producción y de producto final, pero con un carácter personalizado.

Un ejemplo de ello son los vehículos que, como la muñeca Barbie, traen tantos accesorios que es difícil encontrar dos versiones idénticas del mismo modelo.

Para comprobarlo, hay que ver las opciones de personalización de los autos Mini, entre muchos otros, entre las cuales el cliente puede escoger motorización, transmisión, rines, color, techos corredizos, kit deportivos, spoilers, alerones y decoración de la pintura, lo cual ni el mismo Henry Ford hubiera imaginado.

Así, estas características del mercado, lo que los clientes quieren y la necesidad de mover las economías están dando paso a un concepto creado por los alemanes y que se conoce como Industria 4.0.

Esta es la cuarta revolución industrial, si tiene en cuenta que ya hubo tres anteriores: la máquina de vapor, hace unos 250 años; la producción en serie iniciada por Henry Ford y la automatización de las fábricas.

Bernd Leukert, miembro de la junta directiva y director de aplicación de innovaciones de la alemana SAP, fabricante de software y soluciones corporativas, define esta tendencia como “una economía impulsada de forma ininterrumpida por dispositivos, tecnologías y procesos conectados entre sí”.

En opinión del experto de SAP, "el uso de dispositivos inteligentes genera una nueva ola de digitalización, conciencia y automatización que reinventará la industria manufacturera”.

Además de SAP, otras compañías tecnológicas –como Red Hat y EMC– calculan que para el 2020 habrá entre 30.000 y 50.000 millones de dispositivos conectados entre sí, y dicha comunicación se realizará a través de Internet, lo cual supondrá cambios radicales en la vida personal y profesional de la población mundial.

Dicha conectividad se puede aplicar, por ejemplo, entre electrodomésticos conectados con su respectivo fabricante con el fin de rastrear el buen funcionamiento, los ciclos de mantenimiento y la detección de fallas; sensores en la piel del ganado que pueden emitir reportes sobre el estado de salud del animal, el peso o la cantidad de leche que produce una vaca; y en vehículos, para hacer un ‘mapeo’ de la densidad del tráfico o el clima, entre muchas otras aplicaciones.

Estos dispositivos estarán en capacidad de suministrar datos que pueden ofrecer información relevante o con propósitos determinados.

A medida que ‘hablan’ entre sí, la mayoría del tiempo sin intervención humana, pueden desarrollar niveles de inteligencia que les permite recolectar datos sobre las personas y definir hábitos de consumo y la forma como la gente toma sus decisiones de compra: ahí radica la revolución en la forma de hacer negocios.

EL VALOR DE LOS DATOS

Cifras de la International Air Transport Association (Iata), que representa a 260 aerolíneas del mundo, revelan que 10 por ciento de los retrasos en vuelos se debe a fallas técnicas imprevistas, algo que se podrá evitar cuando los componentes del avión se comuniquen con el equipo de mantenimiento para reparar los daños incluso antes de que ocurran y sin que se presenten tiempos muertos, pues los errores futuros se corregirían en los trabajos de mantenimiento rutinario.

Tales retrasos suman más de 8.000 millones de dólares al año en pérdidas para las aerolíneas, sin contar el estrés y los perjuicios para los pasajeros, además del daño irreparable que un retraso le causa a la reputación de una compañía aérea.

Por su parte, para el fabricante de software de código abierto Red Hat, el Internet de las Cosas quiere decir “los objetos cotidianos que forman parte de una red y que envían y reciben datos desde y hacia otras cosas”, o sea, un mundo totalmente conectado mediante dispositivos integrados.

Voceros de la compañía agregan que existen dos ámbitos para el Internet de las Cosas, el del hogar y el empresarial. “A nivel del consumidor, quiere decir que puede ajustar el termostato de su casa desde el otro lado del océano. En la empresa, no solo significa nuevas oportunidades de conexión con clientes y socios de negocios, sino también grandes cantidades de datos para recopilar, almacenar y analizar”.

Dar forma a esta recolección de datos no es tarea fácil, según Red Hat, porque supone un proceso de análisis que se debe llevar a cabo casi que apenas se generan, para lo cual la industria del software ya está preparada, mediante tecnologías que permiten recuperar y sacarles provecho a las montañas de información que hay en el ciberespacio y que desde ya es el activo más preciado de la nueva era industrial y de los negocios.

Mauricio Romero

Especial para Portafolio

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