La intervención de Francia en Mali

El despacho inesperado de tropas francesas a suelo maliense es justificado por la rápida avanzada que estaban haciendo los grupos islámicos radicales (AQMI, Mujao y Ansar Dine) hacia el sur del país.

Redacción Portafolio
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febrero 08 de 2013
2013-02-08 12:03 a.m.

El pasado 11 de enero, el presidente francés François Hollande sorprendió a la opinión pública internacional anunciando el despacho de aviones y tropas a Mali, con el objetivo de detener la avanzada de los grupos radicales islámicos que desde hace un año están operando al norte de este país de África Occidental. Surge, entonces, una gran pregunta al observar dicha situación: ¿por qué Francia interviene en un país que algunos años atrás gozaba de una relativa estabilidad política y social?

El presidente Hollande relaciona dos aspectos fundamentales que justifican –a su criterio– la intervención. El primer elemento es que la acción de Francia se legitima en una solicitud del presidente interino de Mali, Dioncounda Traoré, realizada desde finales de 2012 ante la pérdida del control territorial en el norte del país y la casi inevitable avanzada de los grupos islámicos radicales hacia el sur del territorio. El segundo elemento que plantea el presidente francés en su discurso del 11 de enero es la “legitimidad” que reposa en la resolución 2085 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, emitido el pasado 20 de diciembre.

No obstante, lo que no emerge ni en los discursos ni en las declaraciones públicas es el argumento estratégico del gobierno galo. En efecto, el despacho inesperado de tropas francesas a suelo maliense es justificado por la rápida avanzada que estaban haciendo los grupos islámicos radicales (AQMI, Mujao y Ansar Dine) hacia el sur del país. De alguna manera, estos grupos traspasaron la línea geográfica imaginaria que se traza de este a oeste en la mitad del país y que divide el territorio entre norte y sur. Si los rebeldes islámicos hubiesen tomado Sévaré (ciudad que se ubica a pocos kilómetros de Konna en el centro del país), ninguna potencia occidental, ni ningún país amigo, hubieran podido garantizar la ayuda militar por la vía aérea y el camino hacia Bamako estaría casi despejado. Así, podemos identificar un evidente problema de equilibrio regional geopolítico. Si Mali, situado en el corazón de África Occidental, fuese controlado por los rebeldes islámicos, el riesgo de extensión de esta situación a los países vecinos sería muy alto.

Es por lo anterior que una potencia occidental como Francia se ve en la necesidad de impedir una situación de estas dimensiones.

Sin embargo, no se trata en este caso de una ayuda de corte altruista: no se trata de la defensa de los derechos humanos y en especial de los derechos de las mujeres. Se trata más bien de enviar hombres a Mali para proteger la gran cantidad de recursos mineros y energéticos que cubren la zona del denominado Sahel (franja sur del desierto del Sahara). Es necesario recordar que Mali es el tercer exportador de oro en el mundo y que recientemente se han descubierto reservas de gas y petróleo. En la frontera oriental de Mali con Níger se ubican importantes minas de uranio, un recurso altamente estratégico para Francia, que depende en más del 80 por ciento de la energía nuclear.

De igual forma, se debe mencionar los más de 2.500 kms. de frontera entre Mali y Argelia, este último gran productor de gas y petróleo, además de ser socio estratégico y comercial de primer orden para los franceses. Así pues, lo que está en juego en el norte de Mali (o más conocido como Azawad, en lengua tuareg) no es la suerte de una nación, ni del 10 por ciento de la población que vive en esa región del país. Lo que está en juego son los enormes intereses estratégicos que atañen no solo a los franceses, sino a un conjunto importante de potencias occidentales que extraen la infinidad de recursos que esta zona del mundo produce.

De acuerdo con los últimos acontecimientos, las tropas francesas han venido recuperando un terreno muy importante (en las ciudades de Gao y Tombuctú) en la avanzada hacia el norte. El presidente Hollande visitó en días pasados la ciudad de Konna, felicitando y motivando a las tropas. No obstante, es necesario abordar el Sahel como una zona altamente sensible.

Evidentemente, la recuperación del norte de Mali no resuelve los graves problemas de tráfico de armas, drogas y personas que pesan en la región desde hace ya varios años. Con el caso de Mali, que estamos presenciando, nos envolvemos una vez más en la profunda paradoja de las intervenciones militares extranjeras. Es delicado y complejo comprometer a militares de un país en suelo extranjero, con garantía de éxito y, en especial, de estabilidad y normalización.

José David Moreno Mancera / Redintercol

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