La inversión del Plan: ‘papel mojado’

El presupuesto de inversión del Gobierno Central para el año entrante será apenas de 40,6 billones de pesos. Es decir, la inversión del Gobierno Central prevista para el 2016 será 24 billones de pesos menos de lo que se necesita para cumplir con la meta anual de inversión contemplada en el Plan.

Redacción Portafolio
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julio 22 de 2015
2015-07-22 04:23 a.m.

Hace pocas semanas se aprobó el plan de desarrollo para el cuatrienio 2015-2018. Con gran júbilo se anunció que las inversiones totales que se realizarían durante estos cuatro años serían de 703,9 billones de pesos, de los cuales 258,6 billones (el 36,7 por ciento) provendrían de recursos del presupuesto del Gobierno Central. El resto lo proveerían las fuentes de las entidades regionales y el sector privado.

Haciendo una sencilla regla de tres, se concluye, entonces (dividiendo 258,6 billones de pesos por cuatro), que los presupuestos anuales de inversión del Gobierno Central durante el cuatrienio –para poder cumplir con las metas de inversión allí previstas– deberían ser del orden de 64, 6 billones de pesos por año.

Ahora bien, se acaban de anunciar las cifras gruesas del presupuesto nacional que se presentará próximamente al Congreso para la vigencia del 2016. Y para gran sorpresa aparece que el presupuesto de inversión del Gobierno Central para el año entrante será apenas de 40,6 billones de pesos. Es decir, la inversión del Gobierno Central prevista para el 2016 será 24 billones de pesos menos de lo que se necesita para cumplir con la meta anual de inversión contemplada en el Plan de Desarrollo. El presupuesto que se ha anunciado para la vigencia fiscal 2016 significará una reducción del 11 por ciento, con relación a la inversión que se está ejecutando en el 2015.

¿Qué significan en plata blanca todas estas cifras? Pues, simple y llanamente, que al plan de inversiones se le fue la mano en optimismo. Y que al menos, en lo que corresponde al 2016 (los años venideros pueden, incluso, ser peores), la inversión del Gobierno Central será inferior a 38 por ciento de la que se había anunciado con bombos y platillos al promulgar el plan de desarrollo. Triste asunto.

Es increíble que en el breve lapso de un mes las cifras de inversión que aparecen en el Plan de Desarrollo hayan quedado convertidas en ‘papel mojado’. Esto denota una deficiencia profunda y ligereza en la manera como se está ejerciendo la programación presupuestal en el país, cuya responsabilidad técnica corresponde al Ministerio de Hacienda y a Planeación Nacional.

El Artículo 339 de la Constitución dice que el Plan de Desarrollo es un verdadero “presupuesto plurianual”, es decir, un documento en el que los ingresos previstos deben cubrir las inversiones proyectadas, y unos y otras deben gozar de suficiente certeza. No son globos al aire. Dicha certeza, sin embargo, terminó hecha añicos en pocos días.

En pocas semanas, cuando se presente oficialmente a consideración del Congreso el presupuesto para la vigencia 2016, descubriremos con decepción que muchos de los programas de inversión que aparecen en el plan de desarrollo del cuatrienio y que tanto se cacarearon, no hay como financiarlos y deberán ser cancelados o postergados. La frustración será inmensa.

Téngase en cuenta, además, que en el capítulo de inversión del presupuesto nacional aparecen rubros diferentes a los que contempla el Plan de Desarrollo. Lo cual significa que el desfase entre las inversiones anunciadas en el Plan y las que se van a poder financiar, en la práctica, es todavía mayor. Tema grave desde todo punto de vista. El Plan se fue por un lado y el presupuesto por otro.

Y que no se diga ahora que el Plan Cuatrienal de Desarrollo se preparó cuando se desconocían los efectos de la caída de los precios del petróleo. Se era plenamente consciente de ello. Tanto es así, que entre la versión original del proyecto del Plan y el que finalmente salió aprobado, hubo un recorte de 17 billones de pesos, a buena cuenta de la descolgada de los precios del crudo. Y a pesar de ello, salió –como lo demuestran las duras cifras del presupuesto para el año entrante– protuberantemente inflado.

Lo grave de todo esto es que en el Plan de Desarrollo figura una cantidad inmensa de proyectos con los que se despertó gran expectativa ciudadana, pues se anunciaron a los cuatro vientos. Ahora van a quedar desfinanciados y no se podrán ejecutar. Esto es especialmente delicado para el sector agrario, en vísperas de tener que empezar a financiar el pos conflicto rural si se logra la paz.

La Constitución manda que el plan cuatrienal de desarrollo se armonice con el presupuesto nacional, precisamente para evitar lo que está sucediendo: que se ensille con abigarradas ilusiones el plan de desarrollo antes de traer las tozudas bestias del presupuesto.

Juan Camilo Restrepo

Exministro de Hacienda

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