¿Se justifica estudiar en Colombia?

El presidente Santos, antes de la fracasada reforma de la educación, planteó su deseo de invertir la proporción perversa de la pirámide educativa, donde el 65 por ciento de la formación superior es universitaria y solo el 35 por ciento, técnica o tecnológica, pero nada se ha hecho al respecto.

Redacción Portafolio
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septiembre 03 de 2014
2014-09-03 01:23 a.m.

Como ingeniera electrónica, el único empleo que encontró fue en un call center. Un trabajo extenuante y mal pagado: pocos aguantan más de 6 meses. Después de un par de años desempleada, gracias a la ayuda de sus padres, hizo su segunda carrera: Ingeniería en Telecomunicaciones. Aspiraba que ese segundo título le abriera las puertas a un buen empleo. No ha sido así. “Tengo 27 años y vivo con mis papás, quienes me ayudan en todos mis gastos. Mi vida es bastante monótona, me despierto, desayuno, me arreglo, me conecto a internet para buscar ofertas de empleo, ayudo en las labores de la casa y al final del día me conecto de nuevo a ver que encuentro”.

En Colombia, el desempleo de los jóvenes entre los 18 y los 28 años es más del doble de la tasa de desocupación del país, pero parece que a pocos les preocupa la angustia de personas como Lorena.

La obsesión de Robin Dittmar siempre han sido las aeronaves. De pequeño, al escuchar el ruido de un avión, salía rápido al jardín y, observando la enorme aeronave, soñaba ser piloto.

Desafortunadamente, las notas de Robin no eran lo suficientemente buenas para estudiar para piloto, pero sí para ingresar al programa de educación dual de Lufthansa Technik, la división responsable de hacer mantenimiento en todo el mundo a sus aviones.

Hoy, su vida está llena de retos y emociones, no se cambia por nadie: la mitad de su tiempo trabaja en los talleres de Lufthansa, con la supervisión de un mecánico experimentado, quien le guía en todas sus labores. Le asignan trabajos de gran responsabilidad, manejando equipos sofisticados, lo cual le sube la autoestima. La otra mitad de su tiempo tiene que asistir a un instituto politécnico, donde le dan las bases teóricas de su profesión.

Robin sabe que una vez termine sus estudios no tiene garantizado un trabajo en Lufthansa, pero sí que con la formación que está recibiendo no tendrá problema para encontrarlo.

El desempleo juvenil en Alemania es inferior al 7,5 por ciento, el más bajo de Europa y uno de los más bajos del mundo. El 60 por ciento de los jóvenes alemanes escogen la educación dual: aprenden entre el aula de estudio y la formación práctica. Se forman en oficios que la industria y el país demanda, lo cual les facilita conseguir rápidamente trabajo. Aun en profesiones como las ingenierías, el 50 por ciento de los jóvenes escogen la formación dual.

Estudios de la Ocde muestran que jóvenes altamente calificados tienen el doble de posibilidades de conseguir empleo, con ingresos muy superiores a los que tienen bajas calificaciones. Aquí cabe la pregunta, ¿está Lorena altamente calificada?

Si el mercado no demanda sus servicios es fundamentalmente porque sus habilidades no corresponden a lo que este necesita. Lo desafortunado es que no es culpa de Lorena, quien ha hecho todos los esfuerzos posibles por prepararse. Es un problema de Colombia y su clase dirigente, que no ha sido capaz de enfrentar las reformas drásticas requeridas.

En una entrevista a la Gerente de Recursos Humanos de Colmotores, le preguntaron: “¿cuáles son los perfiles más difíciles de conseguir?”, y respondió: “Latoneros y pintores”. “¿Por qué?”: “las instituciones educativas no cuentan con programas formales de formación en estas especialidades y el nivel de conocimiento técnico que requiere nuestra empresa en estos trabajos es muy alto”.

En los planteamientos iniciales del actual Gobierno para reducir la pobreza, el Alto Consejero para la Prosperidad manifestó: “queremos que los más pobres sean capaces de meter goles. Debemos acercarles la portería. Darles las competencias necesarias para que ellos mismos superen su condición”. En buen romance: enseñarles a desempeñar oficios que les permitan trabajar dignamente.

Muchos estudios confirman que en Colombia hay un déficit de tecnólogos mecánicos, electrónicos, mecatrónicos, agrícolas, en sistemas, enfermeras, etc. Si queremos acercar la portería a los más pobres, la manera más expedita sería robustecer nuestros institutos tecnológicos: darles presupuesto para que mejoren en calidad (laboratorios, profesorado, instalaciones) y aumenten la cobertura.

El presidente Juan Manuel Santos, antes de la fracasada reforma de la educación superior, planteó su deseo de invertir la proporción perversa de la pirámide educativa, donde el 65 por ciento de la formación superior es universitaria y solo el 35 por ciento es técnica o tecnológica. Sin embargo, nada se ha hecho al respecto.

El desempleo juvenil en Estados Unidos se parece al colombiano, 17 por ciento. En varios de sus discursos sobre el Estado de la Unión, el presidente Barack Obama ha manifestado su interés en la educación dual. El impulso que están dando a los Community Colleges (institutos tecnológicos), se debe a la presión de Obama por promover una educación más pertinente.

En Colombia, son miles las historias como la de Lorena y pocas como la de Robin. Algo debemos hacer. La sociedad colombiana y sus dirigentes no pueden posponer más las reformas drásticas que necesitamos en educación. De no realizarlo, los jóvenes se empezarán a preguntar ¿se justifica estudiar?

Ricardo Mejía Cano
Consultor
 

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