#lapazylasredes

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
agosto 05 de 2015
2015-08-05 12:52 a.m.

El proceso de paz permanentemente está acompañado por el debate sobre los roles que deben jugar los diversos actores sociales para contribuir al éxito del mismo. Y al pensar en los comunicadores, tendemos a reflexionar sobre el papel del periodista, pero poco sobre el papel del comunicador digital, que puede ser un profesional de la comunicación, pero también puede ser cualquier ciudadano o cualquier empresa u organización.

Llegan entonces a la mente campañas exitosas de la ciudadanía que a través de las redes sociales lograron alinear a todo un país entorno al sueño de la paz (#LucesPorLaPaz / Marcha por la paz 2008 / @oladepaz), pero también siguen presentes enfrentamientos groseros y destructivos no solo entre representantes de las diversas corrientes políticas e ideológicas, sino desde la ciudadanía misma, que cae en la incoherencia de recriminar a los violentos o a los de pensamiento diferente a través de la violencia misma, pero expresada digitalmente.

Los integrantes de la mesa de negociación tienen el deber de comunicar -sin redes y con redes sociales- todo lo que sea conveniente, estratégicamente hablando, para la paz misma. Pero mucho más tenemos por hacer los comunicadores, los ciudadanos y las empresas, a través de las redes sociales, para participar, influir y co-definir el proceso de paz que adelanta el Gobierno Nacional y las Farc.

La sociedad colombiana vive una oportunidad histórica, no solo por la proximidad -nunca vista- a firmar un acuerdo, sino porque el actual proceso de paz ha estado expuesto –como ningún otro- al escrutinio social, precisamente por la interacción que facilitan las redes sociales. Pero no somos suficientemente conscientes de esta ventaja. Primero, porque como ciudadanos y empresarios tendemos a descargar la responsabilidad del escrutinio en los medios masivos de comunicación. Segundo, creemos que la contribución o participación en redes sociales sobre la paz pertenece a los cerebros capaces de crear campañas, marchas o iniciativas de gran envergadura. Tercero, pensamos que debemos tener perfiles influyentes en redes sociales (miles o millones de seguidores) para que nuestra opinión tenga sentido en materia de paz. Y cuarto, en el caso particular de las empresas, se asume que el debate digital sobre la paz corresponde al Gobierno y a la ciudadanía, para evitar costos reputacionales sobre las marcas, los productos o los líderes empresariales.
Pero es hora de cambiar nuestra actitud como comunicadores digitales, porque tenemos una co-responsabilidad enorme como ciudadanos y empresarios con el momento actual del proceso de paz. Debemos desechar malas prácticas como la descalificación de las opiniones contrarias, la personalización del debate, la polarización ideológica, el señalamiento de culpables y la ridiculización de opiniones y personas, entre otras. Ninguno de estos comportamientos a través de las redes sociales contribuye al éxito del proceso. Tampoco es recomendable la actitud pasiva detrás de la cual hay millones de colombianos esperando que alguien lance una nueva campaña o gran idea.

Es hora de comunicar permanentemente nuestra actitud, más que nuestra creatividad, aun cuando las dos son valiosas para la paz. Necesitamos millones de tweets y posts de colombianos respaldando el proceso, desde las diversas perspectivas ciudadanas y empresariales. La ciudadanía debería comentar constructivamente sus sugerencias y expectativas sobre temas críticos que vienen en las próximas semanas de este clico 39, como el desescalamiento del conflicto, el desminado, la justicia transicional, la dejación de armas y el cese definitivo del fuego. Solo por tomar un tema como ejemplo, el desescalamiento, estoy convencido de que ciudadanos y empresas pueden darle luces a las dos partes de la negociación sobre cómo concretar el desescalamiento de la guerra, porque se acordó el concepto de “desescalar” pero ha sido difícil traducirlo en acciones concretas. Ahí puede ayudar el ciudadano y empresario digital.

Y las empresas no deberían sentirse obligadas a definir posiciones frente a los diversos temas del proceso sino demostrar o compartir sus experiencias que acercan a nuestra nación a alcanzar la paz, pues muchas de ellas están llenando los espacios que deja la violencia en las regiones, o están facilitando la reinserción, o están fortaleciendo la institucionalidad en los municipios apartados, o están mejorando sus prácticas en materia de derechos humanos. Eso puede alimentar de manera constructiva las redes sociales.

Estamos llamados entonces, tras la bocanada de optimismo que nos dejó el último acuerdo del Gobierno y las FARC para destrabar el proceso, a fortalecerlo a través de las expresiones digitales logrando una sola voz constructiva, incluyente y respetuosa que aisle a los enemigos de la paz de cualquier protagonismo que quieran tener en la atmósfera digital. Y las empresas no deberían ser ajenas a sumarse a esta voz.

Miguel Ángel Herrera
 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado