Lecciones de la minería canadiense

Las claves de la extraordinaria competitividad del sector extractivo canadiense están basadas en una gran seguridad del sistema financiero.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 24 de 2012
2012-04-24 03:19 a.m.

Llegó a mis manos el texto de la presentación que hizo el señor Primer Ministro de Canadá ante el foro empresarial de la Cumbre de las Américas, en Cartagena, el pasado 14 de abril.

Afirma, sin ningún temor que “el sector de los recursos (naturales) es de vital importancia para asegurar una sólida creación de empleo y crecimiento económico para Canadá”.

Soporta esta afirmación con unas cifras verdaderamente impresionantes como que el solo sector minero aportó US$50 billones al PIB canadiense en el 2011; que son el productor número uno de potasio en el mundo, el segundo de uranio, y a la vez son uno de los mayores productores globales de gran parte de productos mineros y energéticos.

Indica, además, que el ramo ocupa directamente a más de 300.000 canadienses muy bien remunerados, siendo a su vez una industria intensiva en capital, tecnología y conocimiento, que maneja más de US$200 billones en activos y que a su vez aloja en la bolsa de Toronto a más del 60% de las compañías del mundo dedicadas a la exploración y la minería.

Pero además, Canadá guarda varias semejanzas con nuestro país: es una nación rica en multiculturalidad, con una extraordinaria diversidad, que proviene no solo de sus poblaciones originales, sino de la gran migración ocurrida durante el siglo pasado.

Es un país con una naturaleza exuberante, compleja y delicada, y su geología es bastante difícil de descifrar (como la nuestra).

No obstante lo anterior, decidieron que el aprovechamiento racional y cuidadoso de sus recursos naturales era perfectamente compatible con el respeto a esas comunidades diversas, a ese medioambiente rico y maravilloso y que para hacer todo eso compatible decidieron implementar unas sólidas instituciones que regulan correctamente, que supervisan de manera adecuada y que exigen unos estándares importantes para las empresas que quieran participar en el sector.

Como resultado: las cifras impresionantes que manifiesta el Primer Ministro en su discurso.

Casualmente, no dijo una sola palabra relacionada con la ‘maldición de los recursos’ y, de hecho, no es Canadá un país que sufre de esa enfermedad, por supuesto, son ellos conscientes de que la enfermedad no la genera el que produce los recursos (la minería), sino el que los utiliza de manera equivocada.

Tampoco vi que mencionara que el Estado canadiense invierte enormes recursos en la minería, ni mucho menos despotricó de ninguna actor extranjero, imagino que con tamaña claridad, también son conscientes de que el patrimonio público está mucho mejor y más seguramente invertido en la oferta de bienes públicos y, por tanto, procuran atraer la inversión privada para que se haga cargo de las inversiones necesarias en medio de los altísimos riesgos que tiene esta industria.

El Primer Ministro indica que las claves de la extraordinaria competitividad del sector extractivo canadiense están “basadas en una gran seguridad del sistema financiero, la solidez de las políticas macroeconómicas, la apertura y transparencia de las instituciones gubernamentales, y la estabilidad del sistema político parlamentario”, y frente a los inversionistas anuncia, de nuevo –sin ningún temor– que “al final, la estrategia que ha funcionado para Canadá, ha sido un régimen impositivo predecible y de bajas tarifas”, y remata diciendo, “nuestro Gobierno entiende que impuestos bajos y predecibles animan a los empresarios a hacer negocios.

Es tan simple como eso”.

Frente al tema ambiental, nos trae una lección maravillosa: han decidido eliminar el traslape entre las facultades de los diferentes actores del sistema ambiental canadiense “específicamente, nosotros pretendemos eliminar la duplicidad entre departamentos y el traslape con los gobiernos provinciales. En otras palabras: ‘un proyecto, una revisión’”.

Son conscientes de la necesidad de tomar todas las precauciones necesarias, pero esa preocupación no legitima la falta de decisión, ni el atraso en el licenciamiento y en las revisiones por parte de las autoridades estatales.

¿Cuándo entenderemos estos simples principios de atracción de inversión, intervención estatal, regulación y supervisión para el correcto desarrollo de un sector que a pesar de todos sus enemigos está generando los recursos para los requerimientos del Gobierno, está produciendo empleo y desarrollando infraestructura, incorporando tecnología y arriesgando enormes sumas de dinero en nuestro país?

¿Cuándo le permitiremos a los mineros que se encarguen de sus operaciones incorporando las mejores prácticas y no tengan que desgastarse atendiendo, en las más de las veces, injustas agresiones de todo tipo?, ¿cuándo podrá Colombia entender que este sector puede ser la clave de su desarrollo, el generador de la riqueza que se necesita?, y ¿cuándo entenderemos que la culpa de las desgracias que se le asignan no debería recaer en el origen de los recursos que genera, sino en su mala utilización?

Luis Ernesto Mejía Castro

Exministro de Minas y Energía

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