Listo proyecto que amplía la opción del testamento

“La fragmentación de la tierra en Colombia por la vía sucesoral, como está hoy prevista, aumenta el microfundio y esto es sinónimo de informalidad. Los países que iniciaron esta tradición han ido variando su esquema”, afirma el representante a la Cámara Rodrigo Lara.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 11 de 2015
2015-08-11 02:23 a.m.

A través de un polémico proyecto de ley, el presidente de Cambio Radical, Rodrigo Lara, propone cambiar la forma en que los colombianos heredan sus bienes. Hoy en día la libre disposición a la hora de testar se limita a un 25 por ciento y gran parte de la masa sucesoral debe pasar a los llamados herederos forzosos (hijos, esposa, padres, etc.).

Con la iniciativa que se discute en el Congreso se espera eliminar esa destinación obligatoria y ampliar en un 75 por ciento el margen de libre disposición para que los colombianos puedan dejar sus bienes a quien quieran. La discusión tiene tanto de largo como de ancho y además de ser un asunto que atañe a las libertades individuales en las sociedades modernas, este tema tiene interesantes implicaciones económicas relacionadas con la forma en que pasan las tierras de una generación a otra en las aéreas rurales del país. El debate apenas comienza y aunque detrás de la propuesta se encuentran académicos y centros de pensamiento como el Instituto Libertad y Progreso apoyando la tesis de Lara, los parlamentarios tienen la palabra ahora que comience la discusión formal del proyecto en esta legislatura.

¿Por qué quiere cambiar la manera en que los colombianos heredan sus bienes?

Colombia es uno de los países con menor libertad de testar del mundo. Aquí las personas que han producido y creado su patrimonio tienen prácticamente un nulo margen para decidir qué hacer con sus bienes después de su muerte. Hoy en día esta normatividad está mandada a ser revisada por las implicaciones económicas que tienen que ver con la pequeña y mediana empresa familiar y, en particular, en lo que tiene que ver con las tierras.

¿Se da cuenta que está proponiendo que cambiemos dos siglos de historia en los que venimos aplicando unas leyes sucesorales que mal que bien han venido funcionando todos estos años?

Ciertamente es hora de replantear las cosas, sobre todo pensando en lo que sucede en el campo. Si usted se fija, la ley de sucesiones que, ahora funciona lleva a que al cabo de una generación, cualquier unidad agrícola familiar que permitía el sustento digno de una familia del campo termine dividida por el mismo número de hijos que tiene el campesino, condenando a esos hijos a la miseria porque cada vez se va angostando más el patrimonio. Eso es lo que ha venido pasando. La fragmentación de la tierra en Colombia por la vía sucesoral, como está hoy prevista, lleva al microfundio y esto es sinónimo de informalidad de la tenencia de la tierra. Aún los países que iniciaron esta tradición han ido variando su esquema sucesoral. Nosotros nos negamos a evolucionar.

En concreto, ¿cuáles son los cambios que usted propone con su proyecto?

Queremos ampliar la libertad de testamento. Se mantiene, claro, la porción conyugal y los deberes de alimentos, que no hay que tocar a la hora de hablar de una herencia. Pero se trata, en últimas de que un cuarto de los bienes sucesorales sean de asignación forzosa y sobre el resto se pueda disponer libremente. Exactamente al revés de como funciona ahora.

¿Y para los campesinos con menos tierras funcionaría igual?

No. Mire usted que incluimos una disposición para que en el campo, de 1 a 4 UAF (Unidad Agrícola Familiar) se permita la libertad total de testar sin ninguna porción forzosa, a fin de evitar el fraccionamiento de bienes que se convierte en aliado de la pobreza.

¿Pero permitiendo que solo un hijo, por ejemplo, herede todas las hectáreas de su padre, no se está fomentando la concentración de tierras en el campo?

No lo creo. Al revés, cuando usted le permite a los campesinos heredarle solamente a un hijo la poca tierra que tenga lo que crea es la necesidad de que al resto de hijos se les dé una formación distinta, se les pueda llevar a una ocupación diferente y complementaria que les permita a todos mantener unos ingresos dignos no atados a la división innecesaria de la tierra, que solo crea miseria. Al evitar la fragmentación usted permite mantener de una generación a otra la viabilidad económica de la tierra. Hoy en día el 80 por ciento de los perdidos rurales en Colombia tiene menos de 1 UAF. Somos una sociedad de microfundio. Si usted compara el porcentaje de tierra del campesino en Colombia con el resto de América Latina tenemos el más bajo llegando a cifras irrisorias. Lo que queremos es permitirle al campesino que su pequeña propiedad rural pase inalterada de una generación a otra y no se divida, como ocurre ahora, hasta su destrucción.

¿Pero esto no contribuye a que alguien desherede a los hijos o beneficie solo a alguno de ellos de manera arbitraria?

Todo lo contrario. Ampliar la libertad de testamento se adapta a los nuevos vínculos de solidaridad que existen en el siglo XXI y que han impuesto un nuevo concepto de familia. Hoy la gente se casa, se separa, se vuelve a casar y hay que pensar en esos matrimonios secuenciales. Ni qué decir de las uniones de personas del mismo sexo que también verían una oportunidad en esta forma sucesoral de resolver problemas que ahora tienen, y la misma familia tradicional se puede ver beneficiada con la libertad de testar que proponemos, pues en el momento que usted usa la expectativa o no de desheredar, los padres mantienen unida a una familia y los hijos van a querer ser mejores hijos para no quedarse por fuera del testamento.

EL AMBIENTE PARA EL PROYECTO

Esta propuesta necesita de un debate que explique bien los alcances económicos, familiares y sociales de la nueva mirada sucesoral que proponemos. Como decía Tocqueville, este tipo de leyes que se tienen simplemente dentro del derecho civil deberían estar a la cabeza de todas las leyes por los efectos políticos y económicos que esto tiene. Vamos a dar este debate por la significación que hoy reviste para el país.

José Manuel Acevedo

Especial para Portafolio

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