Una locomotora menos

La agricultura, aunque podría ser una locomotora ideal, parece estar condenada a la parálisis eterna

Redacción Portafolio
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mayo 25 de 2011
2011-05-25 11:43 p.m.

 

Desde hace mucho tiempo la política agrícola colombiana ha ido contra las tendencias del mercado internacional, y ha favorecido a unos sectores privilegiados en los que el país no es competitivo, en detrimento de otras actividades que permitirían que el sector arrancara en serio.

Han pasado ya varios meses desde que el entonces candidato Juan Manuel Santos lanzó su propuesta de las locomotoras del crecimiento económico. La idea era buena: identificar unos sectores con alto potencial de crecimiento que jalonen la economía colombiana.

A estas alturas ya todos saben que las locomotoras abarcan la construcción, la minería, la infraestructura, la agricultura y la innovación, pero lo que no se sabe es si todas ellas podrán cumplir su cometido.

Para que puedan jalonar el crecimiento económico, los sectores seleccionados deberían reunir dos condiciones: tener un gran potencial de expansión productiva y enfrentar una demanda sostenible.

A primera vista los sectores elegidos cumplen esos requisitos.

La construcción, la minería y la infraestructura encaran una gran demanda insatisfecha, y el país cuenta con recursos productivos para dinamizar su oferta. La innovación, por su parte, no tiene esas características porque, más que una locomotora, es combustible que debe alimentar a todos los trenes.

El caso de la agricultura amerita especial atención: aunque podría ser una locomotora ideal, parece estar condenada a la parálisis eterna. Sobre el papel, el sector cumple las condiciones enunciadas.

Desde el punto de vista de la oferta, el país tiene recursos suficientes para expandir su producción. Se calcula que Colombia tiene unos 20 millones de hectáreas cultivables, de las cuales apenas se utiliza alrededor de la cuarta parte para tal fin. Eso deja unos 15 millones de hectáreas disponibles para expandir la producción agrícola.

¿Y la demanda? Las condiciones también están dadas. Más allá del mercado doméstico, desde hace varios años se ha venido dando un aumento sostenido de los precios agrícolas en el mercado mundial, resultado de varios factores: las altas cotizaciones de los productos energéticos (que inducen una mayor demanda por biocombustibles), el aumento del consumo de alimentos de las pujantes economías asiáticas, las oscilaciones climáticas y una reducción de los inventarios de varios países productores.

La mayoría de esos factores tiene un carácter estructural, lo que permite anticipar que la alta demanda por productos agrícolas en el mundo se mantendrá durante varios años.

¿Por qué digo que está condenada a la parálisis la locomotora agrícola colombiana, si tiene potencial de crecimiento y una demanda internacional en expansión? Por una sencilla razón: porque desde hace mucho tiempo la política agrícola colombiana ha ido contra las tendencias del mercado internacional, y ha favorecido a unos sectores privilegiados en los que el país no es competitivo, en detrimento de otras actividades que permitirían que el sector arrancara en serio.

El fracaso del modelo agrícola colombiano es asombroso.

En un seminario internacional organizado por Fedesarrollo esta semana se evidenció la magnitud del desastre. El agro ha sido un consentido de las autoridades en los últimos años. Entre el 2002 y el 2010 el presupuesto público para el sector casi que se cuadruplicó en términos reales, configurando el oneroso escenario de derroche público en el que han tenido lugar algunos de los escándalos que el país ya conoce. El resultado de semejante generosidad con los dineros de los contribuyentes es patético: el agro colombiano creció sólo la mitad de lo que creció la economía en ese periodo, fue el sector que menos aportó al crecimiento del PIB, y además ha tenido un crecimiento negativo en los últimos años.

Nuestra situación contrasta con la de algunos vecinos que han aprovechado el auge del mercado mundial y han hecho de sus sectores agrícolas verdaderos motores de crecimiento. Países como Perú, Brasil y Chile han experimentado una notable expansión agrícola apoyada en el estímulo de productos orientados a la exportación.

Estas estrategias han sido calificadas por expertos internacionales como verdaderos milagros agrícolas. ¿Dónde radica la diferencia con Colombia?

Los estudios presentados en el seminario muestran que nuestro país ha ido en contravía del resto de la región: mientras las economías vecinas han reducido su protección al sector agrícola y se han volcado hacia el mercado mundial, nosotros hemos aumentado la protección y hemos usado más recursos públicos para apoyar actividades que compiten con importaciones.

Ante esta evidencia, el Gobierno debería hacer cuanto antes un profundo revolcón de su política agrícola, pasando de la protección de sectores ineficientes y privilegiados a la promoción de productos exportables. Lamentablemente ni la evidencia más contundente sirve para romper el modelo de privilegios que se ha enquistado en el Estado.

En la reforma arancelaria que hizo el Gobierno a finales del año pasado, el sector agrícola quedó totalmente intacto. Como si eso fuera poco, en el seminario de esta semana el Ministro de Agricultura anunció que el Gobierno no ha considerado modificar la política comercial del sector.

Todo indica que seguiremos viendo con envidia los éxitos agrícolas de los vecinos, mientras acá seguimos metiéndole la plata de los contribuyentes a una vetusta locomotora paralizada por la influencia de unos sectores privilegiados.

Mauricio Reina

 

Investigador Asociado de Fedesarrollo     

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