Logística en gestión pública: caso de las basuras en Bogotá

El talón de Aquiles de Petro fue haber subvalorado la importancia de la planeación de recursos y tiempos en la prestación de un servicio tan complejo como la recolección de los desechos.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 07 de 2013
2013-07-07 08:31 p.m.

No cabe duda de que la recolección y disposición de las basuras es una actividad compleja y dispendiosa; y más cuando se realiza en una ciudad tan extensa como Bogotá. Sin embargo, esta labor llega a ser un negocio extremadamente rentable cuando el manejo de los residuos sólidos se estructura a través de procesos claramente definidos, con los cuales los recursos utilizados, como camiones, personal, capital y tiempo, se optimizan.

Para lograr una perfecta sincronización de estos aspectos, como si fueran el mecanismo de un reloj, la logística juega un papel preponderante. Por medio de esta, se planea, implementa y controla, de manera efectiva y eficiente, el flujo de los recursos. Es así como se evitan los desperdicios, atrasos, faltantes y, ante todo, se garantiza la satisfacción del cliente o usuario final de un servicio.

Aunque podría creerse que la logística solo es útil en las empresas privadas, el sector público no es, ni puede ser, ajeno a su aplicación. El éxito o fracaso de la prestación de un servicio, la adquisición de bienes o la contratación del personal, depende, en gran medida, de la previsión que se haga de las diferentes actividades requeridas. Un fracaso contundente, debido a la carencia de la planeación logística, se observa en la implementación del nuevo modelo de recolección de desperdicios propuesto por el alcalde Gustavo Petro a finales del año pasado.

Cuando el mandatario determinó que el negocio de las basuras no podía seguir en manos de las empresas privadas, porque obtenían márgenes muy altos, se desestimó la complejidad de lo que este cambio implicaría para la administración de la ciudad, y se designó a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) para que tomara las riendas de la administración de las basuras en la capital. Sin embargo, ¿qué semejanzas puede tener el manejo del agua y alcantarillado con el de la recolección de desechos? Seguramente, en su momento, solo Gustavo Petro creyó que era posible que la EAAB gerenciara ambas empresas tan disímiles.

De todos los tropiezos que este cambio acarreó, el que mayor controversia ha generado es el de la adquisición de los camiones recolectores. El 18 de diciembre del 2012 a las 00:00 terminaba el contrato con los privados, por lo que la Alcaldía debía adquirir los camiones para comenzar su propia recolección de basuras antes de ese límite. El pedido por 278 camiones se efectuó en noviembre del 2012, lo que dejaba poco tiempo para ejecutar todo el proceso de alistamiento de los camiones, transporte y posterior importación a Colombia.

De hecho, el tiempo de entrega establecido por el proveedor de los camiones fue de cuatro meses, razón por la cual la Alcaldía tuvo que pensar en un Plan B y decidió arrendar, por Internet, una flota de camiones usados y traerlos desde Nueva York, con notoria premura.

Para poder entrar estos vehículos recolectores al país se tuvieron que sortear una serie de situaciones que iban desde el estado de deterioro y contaminación de los mismos, hasta errores en la documentación de importación. Debido a estas situaciones, el proceso de nacionalización y posterior arribo de los compactadores a Bogotá, tomó más de 20 días. Por el desconocimiento de los tiempos y procesos de adquisición de bienes en el exterior, se obvió la verificación del estado de los camiones en arrendamiento antes de salir de Nueva York. Fue tal la demora de estos en el puerto de Cartagena, que se llegó a pensar que llegarían primero los comprados que los arrendados.

Las consecuencias de esta decisión han sido evidentes: los camiones recolectores no estuvieron disponibles a tiempo y peor aún, las reducciones en las tarifas, prometidas por el alcalde, aún no se han cumplido. En pocas palabras, el servicio al usuario, en vez de mejorar, decayó.

Al trabajar y estudiar la logística y los temas relativos a ella, se hace evidente que el talón de Aquiles de Petro fue haber subvalorado la importancia de la planeación de recursos y tiempos en la prestación de un servicio tan complejo como la recolección de las basuras. Gustavo Petro debió, antes de terminar el contrato con las empresas privadas de recolección de basuras, cuantificar el valor de la inversión, el tiempo que tardarían los camiones en llegar a Bogotá y, sobretodo, seleccionar detenidamente a quien se encargaría de gerenciar esta empresa. Lamentablemente, nada de esto sucedió, y ya vemos qué pasó.

Lina Rodríguez

Universidad Eafit

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