Mangos peruanos

El interés y la presión que deben prevalecer son los de 50 millones de colombianos que debemos aspirar a ser competitivos en el mundo. La única forma realista de reducir la pobreza y cerrar las brechas de inequidad. Y para ello se necesitan dos cosas, según José Chlimper: inteligencia y coraje.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 09 de 2015
2015-09-09 02:06 a.m.

Había pasado con resignación la creciente presencia de mandarinas y naranjas peruanas en los mercados colombianos.

Pero, ¿mangos?, mangos extranjeros en la tierra donde estos se pudren en el piso porque no hay manera de ponerlos a la venta. Este hecho, seguramente racional desde lo económico, hizo más evidente la conclusión a la que muchos hemos llegado: tenemos bastante por aprender y mucho más por hacer en materia agroindustrial.

El hecho convoca a la reflexión, sin ser sorpresivo para quienes tuvimos la oportunidad de escuchar en la pasada Asamblea General de la Andi, a José Chlimper, exministro de Agricultura de Perú.

Las cifras lo demuestran, el PIB agropecuario va en picada y la contribución del sector al empleo también. Estamos presenciando el camino hacia una verdadera hecatombe rural, entonces ¿por qué seguir –como en la descripción de locura de Einstein– haciendo lo mismo para obtener resultados distintos? ¿Por qué no aprender de quienes han sido exitosos?, ¿por qué si ‘los demás’ son tan parecidos a uno y lo lograron, uno no?

¿Qué hizo Chlimper? y ¿qué hizo el Gobierno peruano? Primero, le puso lógica al tema: sin infraestructura no hay política agraria que prospere. Tampoco sin organización de la propiedad de la tierra. Además, diseñaron un régimen laboral especial y beneficios tributarios para incentivar la creación de empresas agrícolas. Segundo, hizo caso omiso de las enormes presiones proteccionistas. Tercero, captó que para producir eficientemente en un país lo primero que hay que hacer es abrirlo a la competencia: llevó a que su país bajara barreras arancelarias y paraarancelarias, al punto que la tasa promedio de protección efectiva es hoy del 1,7 por ciento en Perú. En Colombia es del 8,42 por ciento, y para los productos agropecuarios es del 15,5 por ciento. Cuarto, se dedicó a hacer que todo el Gobierno girara en torno a Comercialización, logística, industrialización y producción, como los cuatro evangelios de la competitividad. Quinto, sustituyó la repartición de subsidios por la demostración de que se puede competir siendo solidario con el vecino de finca, y le mostró a sus coterráneos que la competencia es con el vecino de frontera.

Asimismo, se dedicaron a explicar, de forma básica y masiva, a la población, que un pequeño sacrificio hoy, una renuncia a pequeñas –o grandes– prebendas, una cesión del interés particular pueden ser la garantía y la llave al futuro.

¿Qué tiene Perú que no tenga Colombia? Tal vez la única diferencia sustancial es que Perú se preparó y luego abrió sus fronteras. Nosotros derribamos los muros y luego empezamos a pensar cómo prepararnos. Desafortunadamente, para el país, los intereses particulares prevalecieron sobre el interés común de insertarnos adecuadamente en el contexto internacional.

Entre tanto, Perú se consolidó como el primer exportador de espárragos en el mundo, pasó de ser el décimoquinto exportador de uvas al cuarto, de ser el quincuagésimo séptimo en granadas al duodécimo; de exportar 2,5 millones de dólares de aguacate a vender 305 millones de dólares, y de cero exportaciones de arándanos, quinua y pimentones a 30, 197 y 226 millones de dólares anuales, respectivamente. Y los mangos: de 23,3 millones de dólares de exportaciones pasó a 138 millones. Todo, en apenas 10 años.

Se puede, con políticas claras y consistentes. Perú desarrolló un programa completo de ‘promocionales’ para el sector, incluyendo la modificación del régimen de propiedad de la tierra, la introducción de un régimen laboral especial para el campo, la reducción a la mitad del impuesto a la renta, la depreciación acelerada de los bienes. Se implementó la devolución anticipada del IVA, los llamados draw back (devolución de aranceles de materias primas cuando se utilizan como insumos para exportaciones), se hicieron robustas y estratégicas inversiones en infraestructura (incluyendo distritos de riego, energía, comunicaciones, puertos y aeropuertos), promoción en el exterior, incluyendo participación sistemática, organizada y efectiva en ferias internacionales y, sí, se inició una carrera de suscripción de acuerdos comerciales que precipitó la puesta en marcha de la estrategia competitiva. Perú cuenta con acuerdos comerciales bilaterales y regionales con 52 países –incluida China–, 2 más a punto de entrar en vigencia, 4 negociaciones en curso, incluida la del TPP o Alianza TransPacífica por la que tanto nos estamos rasgando las vestiduras aquí, 2 próximos a negociar con India e Indonesia, y hace parte de la Apec o Acuerdo de Cooperación Económica Asia-Pacífico, de la que Colombia se quedó por fuera, con lamentables consecuencias.

Ahora bien, si gobernar es administrar intereses y repartir según la presión, aquí el interés y la presión que debe prevalecer –paradójicamente los menos poderosos– son los de 50 millones de colombianos que debemos aspirar a ser competitivos en el mundo. La única forma realista de reducir la pobreza y cerrar las brechas de inequidad. Y para ello se necesitan dos cosas, según Chlimper: inteligencia y coraje. La inteligencia se contrata.

Coletilla: sin conocerse aún el texto final del Decreto que será expedido por el Gobierno Nacional reduciendo el tope del arancel del azúcar, desde la Cámara de la Industria de Alimentos de la Andi aplaudimos esta decisión como un avance positivo en el marco de la política comercial que el país decidió adoptar hace más de 20 años, en el entendido de que se trata del inicio de un proceso conducente a reducciones mucho mayores que impacten verdaderamente la competitividad de esta cadena agroindustrial. No podemos dejar de reconocer el hecho de que el Gobierno, liderado por la Ministra de Comercio Cecilia Álvarez, haya tomado la decisión de revisar este esquema, cuyo impacto negativo sobre la competitividad existe certeza.

María Carolina Lorduy
Directora Ejecutiva Cámara de la Industria de Alimento de la Andi
 

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