La mano invisible del trabajo doméstico

Esta labor se realiza a puertas cerradas, en la intimidad de nuestras casas.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
julio 15 de 2011
2011-07-15 12:42 a.m.

 

La nueva norma internacional sobre el trabajo doméstico, aprobada recientemente por los 183 países que forman parte de la OIT, constituye un hecho sin precedentes, pues por primera vez aborda específicamente a un sector laboral en el cual predomina la informalidad.

Se llaman Juana, Tereza o Lucía. Suelen tener también hijas e hijos y a menudo son ellas las cabezas de sus familias.

La diferencia es que trabajan para hogares que no son el suyo y con su labor sostienen el orden cotidiano de muchas casas aportando seguridad y tranquilidad a sus propietarios. Son la mano invisible que cuida la vida diaria de tantos de nosotros y nuestras familias.

En América Latina hay más de 14 millones de mujeres dedicadas al trabajo doméstico en casas que no son la suya.

Reciben una remuneración, pero la mayoría de ellas también deben enfrentar a diario una realidad en la cual predominan bajos salarios, largas jornadas, escasa o nula protección social, poco tiempo libre, malas condiciones de vida y un incumplimiento generalizado de las normas laborales.

La nueva norma internacional sobre el trabajo doméstico, aprobada recientemente por los 183 países que forman parte de la OIT, constituye un hecho sin precedentes, pues por primera vez aborda específicamente a un sector laboral en el cual predomina la informalidad, y donde son frecuentes la discriminación, la explotación y otros abusos.

Las tareas del hogar se realizan a puertas cerradas, en la intimidad de nuestras casas, y eso ha contribuido a que sean una ocupación invisible, difícil de medir y de controlar.

Las estadísticas son difusas y con frecuencia no cuentan a quienes trabajan por hora o por día, a la que no estén registradas en la seguridad social, a las migrantes indocumentadas ni a las niñas y niños que trabajan ocultos sin tener la edad permitida por la ley.

En América Latina menos de un tercio de las trabajadoras domésticas están registradas en los sistemas de seguridad social, y el número que accede a la jubilación es aún menor.

En nuestra región las trabajadoras ocupan uno de los grados más bajos en la escala de remuneraciones, y su ingreso promedio es siempre inferior al de los trabajadores en general, y también al de otras mujeres ocupadas.

Durante los últimos años diversos países latinoamericanos han adoptado normas y políticas tendientes a mejorar las condiciones laborales de quienes desempeñan el trabajo doméstico, pero aún está pendiente de lograrse su aplicación efectiva.

La mejoría de dichas condiciones es relevante para la economía, ya que permitiría aprovechar mejor el potencial de millones de personas y sus familias, quienes habitualmente viven en estados de pobreza.

Por ese mismo camino es una herramienta importante para enfrentar también la persistente desigualdad que caracteriza a una región que suele ser calificada como la más desigual del mundo.

Al abordar en forma frontal las condiciones laborales de esta ocupación, también se hace frente a uno de los desafíos más urgentes que tenemos en América Latina: la informalidad.

Los datos disponibles nos indican que más del 50 por ciento de la fuerza laboral regional está ocupada en este tipo de economía.

La nueva norma aprobada en la OIT, conocida como Convenio 189, establece que trabajadoras y trabajadores domésticos cuentan con los mismos derechos básicos que otros empleados, que tienen derecho a jornadas de trabajo razonables y descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, a información clara sobre las condiciones de empleo, a la cobertura básica de seguridad social y al respeto de los derechos laborales fundamentales.

El Convenio apunta directamente hacia asignaturas pendientes en el mundo del trabajo, como las de igualdad de género ya que más del 80 por ciento de quienes están empleadas en el trabajo doméstico en el mundo son mujeres, o la situación de millones de trabajadores migrantes que van a otros países para emplearse en otros hogares a menudo sin documentos ni derechos de ninguna clase, y a enfrentar el problema del trabajo infantil doméstico.

En el mundo hay más niñas menores de 16 años empleadas en el servicio doméstico que en cualquier otra forma de ocupación.

La trascendencia de esta nueva norma internacional va más allá de lo jurídico: su adopción envía una señal política muy fuerte y refleja un compromiso internacional con la necesidad de mejorar las condiciones de vida y trabajo de decenas de millones de personas que se ocupan de las tareas del hogar en todo el mundo.

Elizabeth Tinoco

Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe.  

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado