La mente poderosa de Maryam Mirzakhani

Los interesados en la convergencia de oportunidades entre sexos en ciencia y tecnología, deben echar mano de su ejemplo para ayudar a eliminar estereotipos y mitos sobre las diferencias innatas entre cerebros, aptitudes y vocaciones entre sexos, apelando a una figura contemporánea.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
agosto 24 de 2014
2014-08-24 09:36 p.m.

El martes 12 de agosto del 2014 se anunciaron en la página web de la Unión Matemática Internacional, los ganadores de la Medalla Fields en el contexto del Congreso Internacional de Matemáticas que se estaba celebrando en Seúl.

No existe un Premio Nobel en matemáticas, pero la Medalla Fields, administrada desde 1936 por el instituto del mismo nombre, de la Universidad de Toronto, es una condecoración más exigente que el Nobel porque se otorga cada cuatro años, a no más de cuatro individuos al tiempo, y quienes lo ganen deben tener menos de 40 años el primero de enero del Congreso Internacional de Matemáticas, que se realice en el año de la premiación.

En esta ocasión, los ganadores incluyen a una mujer, por primera vez en la historia del premio. Ella es Maryam Mirzakhani, profesora de Stanford, de 37 años, origen iraní, quien recibe el premio por “sus avances sobresalientes sobre la dinámica y la geometría de las superficies de Riemann y sus espacios modulares”.

El premio lo gana también, por primera vez, un latinoamericano, el brasileño Artur Ávila, de 35 años, por “sus profundas contribuciones a la teoría de los sistemas dinámicos, que han cambiado la faz de este campo, utilizando la poderosa idea de la ‘renormalización’ como principio unificador’”.

En el caso de Maryam Mirzakhani, hay dos cosas para resaltar, la importancia de su logro individual y el enorme retraso mundial en la representación de las mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Durante su niñez, que transcurrió felizmente, Mirzakhani estuvo interesada más en leer y escribir ficción que en las matemáticas (ver su entrevista en el libro Mathematicians - An outer view of the inner world; Princeton U. Press, 2009, por Mariana Cook). Después de graduarse en Irán, realizó su doctorado en Harvard bajo la dirección de Curtis McCullen, otro galardonado con la Medalla Fields. Según McCullen, Mirzakhani posee una imaginación audaz y gráfica.

Por su talento excepcional, es capaz de integrar naturalmente diferentes ramas de las matemáticas, a la manera de Alexander Grothendieck, para muchos el mejor matemático del siglo XX. En su tesis logró tres resultados extraordinarios, cada uno de los cuales considerado como suficiente para labrarse una reputación del más alto nivel.

Mirzakhani es menuda, indomable y persistente. Al contrario de algún estereotipo del genio, lleva una vida tranquila con su esposo y su pequeña hija de 3 años. La mejor reseña que he encontrado sobre su trabajo y su vida personal, que incluye una grabación con su voz, esta en http://www.wired.com/2014/08/maryam-mirzakhani-fields-medal/.

En uno de sus editoriales del 18 de agosto, el diario Boston Globe comenta el aspecto vergonzoso del premio: hay que celebrar los logros de Mirzakhani, pero es motivo de consternación que solo hasta el 2014 se haya logrado el reconocimiento de una mujer en el más alto nivel de la disciplina. Las mujeres vienen logrando el reconocimiento de sus derechos y de la igualdad profesional a regañadientes y con enormes retrasos.

En un país ‘civilizado’ como Suiza, las mujeres solo lograron el derecho al sufragio en 1971, no mucho después que los países africanos hicieran lo mismo al salir del dominio colonial. En ciencia abundan los ejemplos de discriminación contra las mujeres. Quiero traer precisamente el ejemplo de Emmy Noether, considerada como la mujer más importante en las matemáticas hasta la fecha, en concepto de Albert Einstein, Norbert Wiener, Hermann Weyl y David Hilbert, quienes la apreciaron profundamente.

Durante su pregrado en Erlangen (entre 1900 y 1903), fue una de las dos estudiantes mujeres entre de un total de casi mil estudiantes, y no podía asistir a clase sin el permiso del profesor de cada materia. Después de obtener su doctorado, Noether trabajó siete años en la misma universidad sin salario. Cuando fue invitada a trabajar a la Universidad de Gotinga, su nombramiento como docente privada fue bloqueado por profesores de historia y filología, con el argumento de que una mujer no podía acceder a tales posiciones.

El gran David Hilbert, su defensor en la universidad, le abrió espacio para compartir con ella la docencia dentro de sus clases, hasta que le llegó un nombramiento de docencia limitada en 1922, de nuevo sin salario, que duró hasta su expulsión en 1933, debido a su origen judío. Emigró a EE. UU., donde, a pesar de su primer nivel intelectual, solo encontró trabajo en una modesta universidad de la costa este, y donde murió en 1935. Sus compañeros de trabajo la consideraban tan brillante que la llamaban El Noether (con el pronombre personal masculino Der, en alemán); lo triste es que no lo hacían con ironía.

Maryam Mirzakhani no se considera a sí misma como una heroína ni desea convertirse en un figura mediática que induzca a las mujeres a estudiar ciencia. Se entiende que desea seguir investigando y que no la incomoden. Sin embargo, los interesados en la convergencia de oportunidades entre sexos en ciencia y tecnología, deben echar mano de su ejemplo para ayudar a eliminar estereotipos y mitos sobre las diferencias innatas entre cerebros, aptitudes y vocaciones entre sexos, apelando a una figura contemporánea.

No se ha mencionado en esta columna el problema de la discriminación profesional en Colombia. Lisbeth Fog y otras investigadoras se han referido en otras oportunidades a la invisibilidad de las científicas colombianas, y seguramente acá hay más que hacer que en los países desarrollados.

 

Juan Benavides
Analista


Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado