Mercado ilegal de medicamentos

La OMS asevera que sólo por antimalaricos falsificados mueren unos 200.000 enfermos de paludismo anualmente.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
septiembre 08 de 2011
2011-09-08 01:56 a.m.

 

Hace poco el ex representante Nicolás Uribe, hoy director del proyecto contra la falsificación de productos de la Andi, alertó nuevamente sobre el gravísimo problema de los medicamentos falsificados.

Y no es para menos, pues por las consecuencias de este delito bien podría calificársele como ‘crimen de lesa humanidad’, dado el terrible impacto que genera en los personas, en las familias y en el sistema de salud. ¿O cómo más podría llamarse a un delito que hace dinero generando enfermedad y muerte a millones de personas engañadas?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asevera que sólo por antimaláricos falsificados mueren unos 200.000 enfermos de paludismo anualmente, y organismos especializados calculan que en el mundo un millón de personas morirían al año por medicamentos fraudulentos.

Imaginemos al niño que agoniza en una camilla de hospital por leucemia o cáncer luego de recibir durante meses medicamentos adulterados que supuestamente lo curarían, o al anciano con una neumonía complicada por antibiótico’ falsificados, o a la desnutrida madre embarazada que creyendo que le aplican un suplemento de hierro y vitaminas, en realidad le inyectan una tintura bizarra que le producirá un terrible absceso.

Las consecuencias de la falsificación de medicamentos sobre personas y sociedad son más que meras cifras: el dolor y la muerte son de carne y hueso, los casos están ahí.

La falsificación de medicamentos es un crimen execrable que le quita su única oportunidad de cura a quien está enfermo o tiene en riesgo su vida. Como dice la OMS “en el mejor de los casos fracasa su tratamiento o hace fármacorresistencia”; desde ese punto cualquier complicación es posible, hasta la muerte.

Y como el macabro negocio de la adulteración de medicamentos ha alcanzado magnitudes inimaginables en casi todos los países, se falsifican desde vitaminas, antigripales, pastas para el dolor de cabeza, antibióticos y hormonas, hasta fármacos contra el cáncer, el Sida, vacunas, biotecnológicos y medicamentos de alto costo, de todo.

En Colombia, tal como lo registran los medios cada vez que se desmantelan redes de traficantes, se encuentran productos falsificados que contienen harinas, colorantes y azúcar, o sustancias tóxicas tan inesperadas como ladrillo molido, cemento, líquido de batería, etilenglicol y plaguicidas; también adulteran etiquetas de medicamentos vencidos, o venden productos espurios ‘importados’ en condiciones deplorables.

Según reportes de la Policía Fiscal y Aduanera de la Dian, en los últimos 5 años se incautaron medicamentos ilegales por valor de $23.185’029.539, cifra que no incluye los reportes de la Policía Judicial y Nacional, la Dijín, el CTI o de las secretarías de salud.

Semejantes datos, incluso sabiéndose incompletos, demuestran por qué el Pharmaceutical Security Institute (PSI) ha mantenido a Colombia durante la última década en el top 10 de las naciones del mundo donde más se falsifican y comercian medicamentos fraudulentos, al lado de los campeones China e India.

Según el PSI, este país en el 2007 ocupaba el octavo lugar mundial en falsificación de fármacos y nada parece haber modificado esa situación, a pesar que algunos inconscientes se nieguen a reconocerlo.

Aún con las dificultades para cuantificar las cifras relacionadas con la falsificación de medicamentos, en el mundo el problema es impresionante: se calcula que este inhumano negocio mueve entre US$35.000 y 40.000 millones por año; que el 50% de los medicamentos son falsificados en África, de 30 a 40% en Asia y Latinoamérica, y hasta el 10% en los países desarrollados; además, la mitad de los fármacos vendidos por Internet son fraudulentos según cifras del proyecto Impact de la OMS (http://www.who.int/medicines/services/counterfeit/en/index.html).

De acuerdo con reportes independientes, además de las redes de falsificación de medicamentos en nuestro país, como no, también parece que es un jugoso negocio para los narcotraficantes.

En resumen, el problema es de tal magnitud en el mundo –y en Colombia–, que desde 1985 la Organización Mundial de la Salud se ocupa de él sistemáticamente y en su 64ª Asamblea de mayo pasado, recomendó de nuevo a sus Estados miembros, tomar decididas acciones para enfrentarlo.

Se ha creído que los medicamentos falsificados sólo se venden al público a través del expendio directo, pero se han venido encontrando redes que introducen estos productos al sistema de salud, vendiéndolos a farmacias, hospitales, distribuidores y EPS, aprovechando la equivocada y reinante idea que sólo el precio importa. Cuando se trata de medicamentos, verificar calidad y procedencia es primero, sin discusión.

Así mismo, evaluaciones independientes a las bases de recobros del 2008 y 2009 del Fosyga, indican que pareciera que se pagaron como si fueran medicamentos originales, copias genéricas o medicamentos fraudulentos (falsificados, adulterados o espurios).

Así que del mercado ilegal de medicamentos, ni el mismo sistema de salud se salva.

Como apunta el adagio, el primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Por tanto, quienes piensen que aquí el asunto no es importante, debieran revisar con más atención lo que acontece con el mercado ilegal y la falsificación de medicamentos. Es hora de que los diferentes estamentos del país analicen este serio dilema en conjunto, de manera que se pongan en marcha soluciones más efectivas.

Francisco de Paula Gómez

Presidente Asociación de la Industria Farmacéutica de I&D

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado