Por su misma mesmedad

El país ya padece los embelecos del Ministro de Transporte sin que el Presidente escuche el clamor.

Redacción Portafolio
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mayo 15 de 2009
2009-05-15 01:51 a.m.

La carretera Nuquí-Las Ánimas que abriría un camino al Pacífico obtuvo permiso medioambiental. Es la puerta selvática para llegar a Tribugá, el chocoano golfo donde desovan las ballenas jorobadas y que obsesiona al Ministro de Transporte. Los ecologistas se despeinan. Ven peligrar la biodiversidad incomparable del complejo fluvial Atrato-San Juan-Baudó. El país debería además preocuparse por lo inoficioso del proyecto.

La frontera con Panamá queda a 200 kilómetros de Nuquí. Hasta allá llegaría la llamada Panamericana Sur (algún día) por la agreste serranía del Baudó, también con líos ecológicos. No hay que confundirla con la Panamericana propiamente dicha que va desde el hito de Palo de Letras hasta empatar con la vía Medellín-Turbo, después de atravesar el legendario Tapón del Darién, un inmenso pantano de ambos lados del río Atrato. Los panameños no quieren la carretera ni por el norte, ni por el sur , ni por ninguna otra parte.

Si se desea realmente integrar al olvidado Chocó con el país poblado sería más sensato concentrar recursos en la vergonzosa comunicación entre Quibdó y Medellín, camino de herradura por donde se despeñan buses a cada rato, o en carretera Tadó-Puertorrico-Apía, histórica salida natural del Alto Atrato al Valle del Cauca. Los planificadores andinos no le han preguntado a los chocoanos, quienes abrumadoramente habitan en el cause del gran río, por dónde prefieren llegar a Colombia. Para ellos, el Pacífico está muy lejos.

Se presentan excusas por tanta geografía sin mapa, pero así es Colombia, un despoblado primigenio donde lo común, excepto en el Triángulo y sus prolongaciones, es adentrase sin llegar a ningún lado. Se impone ser muy cuidadoso con las inversiones viales. Quizá sea mucho pedir, dada la compleja personalidad -según expresión en boga- del Ministro, que se planee con criterio de productividad.

Contar cuántos vehículos transitan por una carretera y extrapolar el tráfico inducido por su mejora es una técnica probada. Sencillo método que establece la demanda para el tránsito de gentes y bienes y, por lo tanto, la cabida y calidad de la vías requeridas. Y buenas vías por donde toca abaratan costos. Todo lo demás es capricho o política electoral que, como la reelección, tienden a ser malos consejeros para asignar recursos.

El país ya padece los embelecos del Ministro de Transporte sin que el Presidente escuche el clamor. El mal ejecutado plan de pequeñas vías de hace siete años, y todavía en curso, tuvo hondas raíces electorales. Complacía lugareñas apetencias de congresistas sin visión, o con visión, pero de contratistas.

En vez de intercomunicar aglomeraciones urbanas para obtener grandes avances en productividad, prefirió lo inane. Nuquí-Las Ánimas preocupa. Sería una más de las descabelladas prioridades en que obras públicas malgasta un escaso presupuesto.

Don Sancho Jimeno servía lealmente a una monarquía aletargada.
Bajo el último de los Austria, la continuidad ministerial iba de la mano de la incompetencia. La Cartagena que don Sancho defendió en Bocachica del ataque corsario de 1697, sufría el contagio.

Sus deterioradas murallas daban pena. Sucumbieron pronto al cañón enemigo y la ciudad se entregó. La tozudez y la sordera son por su misma mesmedad un precedente desalentador. Habrá quien se pregunte si la inamovilidad en transporte no es otra poderosa razón para repensar en la conveniencia de la reelección presidencial. 

rsegovia@axesat.com

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