El nivel de educación vs la competitividad empresarial

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 17 de 2014
2014-01-17 03:19 a.m.

Los pobres resultados de las pruebas Pisa, que ubican a Colombia dentro de los países con peor desempeño educativo dentro de los 66 evaluados por la Ocde, confieso, no me cogieron por sorpresa.

Como empresario de la construcción, he padecido desde la puesta en funcionamiento de mi empresa, hace 15 años, los bajos niveles para desempeñarse laboralmente de la mayoría de los empleados.

Cargar con ese lastre, además de los altos costos en los créditos, la carga fiscal del Gobierno, y las trabas en los trámites administrativos, son quizás los peores karmas a los que hay que sobreponerse en esta carrera por la competitividad empresarial, en la que el Estado tan solo se dedica a exigir, pero olvida su papel de agente promotor del desarrollo.

Cuando nos enfrentamos al sector real, y a nuestra empresa se vinculan personas con títulos de pregrado y hasta de posgrado, uno se encuentra con una respuesta muy precaria para enfrentar los retos empresariales del día a día. Esto demuestra que a los colombianos les sigue importando más obtener un título que el conocimiento mismo y, lo que es aún peor, la comprensión y el entendimiento de los procesos.

En los últimos años, Colombia ha firmado alrededor de 14 TLC, dentro de los que se encuentran el de Estados Unidos y la Unión Europea. Actualmente está en conversaciones uno de los más importantes como es el acuerdo comercial con la China. Países que en cambio, ocuparon los primeros lugares en las mencionadas pruebas.

En esta relación no incluyo los acuerdos de la CAN y el Mercosur, donde Colombia supera ligeramente a Perú. Las cifras demuestran que el país no ha sabido aprovechar estas oportunidades y que son muchos los sectores perjudicados, ya que no ha habido una política de apoyo para estos.

Al respecto, encuentro que siempre se habla de infraestructura física, pero yo me pregunto ¿si además de carreteras y TIC’S, existe realmente el recurso humano para responder a la demanda internacional y la atención de las exigencias que suponen estos tratados, cuando a nivel nacional aún no se satisfacen los índices de calidad, cumplimiento y transparencia?

Nos metimos en una política de apertura que exige altos niveles de competitividad, cuando la mayoría de nuestros estudiantes evaluados (más del 70 por ciento) no alcanzó ni siquiera el nivel 2, que es el mínimo para pasar la prueba y que mide la capacidad del evaluado para desempeñarse adecuadamente en la sociedad.

Para hacer empresa, el capital humano es fundamental e indispensable. Un análisis rápido me dice que muchos de los empleados de hoy en el país carecen de conciencia corporativa y, lo más importante, de una ética donde no se respetan los mínimos.

A los estudiantes no los forman con la conciencia de empresa, ni lo que esta significa a nivel social, económico, ni ambiental. No existe compromiso. Es triste ver cómo la cadena de incumplimiento abarca desde los proveedores, hasta los mismos contratistas.

Para que las cosas se hagan, muchas veces en la empresa privada, se genera una cadena de corrupción, que toca niveles insospechados en la que están involucrados, no solo los empleados, sino también los mismos clientes; aprovechándose cada uno de los errores que la mediocridad de los empleados genera y, en el peor de los casos, amangualados entre sí.

Uno de los factores más desafortunados de este proceso es la ausencia de planeación, coordinación y trabajo en equipo.

En la empresa colombiana solo se alcanza a resolver el día a día de manera precaria, y el futuro no existe.

De otra parte, en Colombia todos queremos ser doctores.

¿Dónde dejamos el nivel técnico y tecnológico tan importante a la hora de la productividad? ¿Dónde están los institutos idóneos para formar personas capaces de desempeñarse adecuadamente en la sociedad? ¿Dónde están las políticas, los planes y los proyectos del Gobierno para superar esta difícil y preocupante situación?

Para un gobernante, todos los campos de atención deberían ser importantes, pero definitivamente en la mala educación está el origen del problema. En consecuencia, en una buena educación radica la superación de la mayoría de estos. Un gobierno no puede desviar la mirada de este foco.

Los países que han tenido crecimientos acelerados lo han hecho a partir de una educación de calidad. Es claro que a todos nos compete un grado de responsabilidad y la empresa privada tiene que asumir el compromiso. Nuestra empresa ha enfatizado en la educación en primera infancia, a través de la construcción de un Centro de Atención Infantil en Cajicá para 130 niños, y otro proyectado para Chía con el fin de atender a 300 niños.

También promovemos las becas no solo para los mejores alumnos, sino para los profesores destacados, punto neurálgico para mejorar la calidad educativa.

Estamos comprometidos desde la responsabilidad social con una de las regiones más competitivas de Colombia, como lo son los municipios de Chía, Cajicá y el resto de la Sabana Centro. La educación es tarea de todos.

Nicolás Escobar Páramo, gerente de Inversiones Milenium, Compañía Constructora.

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