¿Una nueva receta para el desarrollo?

Que nadie se sorprenda si de este revolcón surgen las bases para un fórmula de crecimiento más compartida entre todos y más sostenible. Una fórmula que se aparte de la ortodoxia imperante. Ojalá a los economistas de Colombia no los deje el tren.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 20 de 2015
2015-07-20 09:04 p.m.

Le están cayendo rayos y centellas a la ya vieja fórmula que se consideró mágica para el crecimiento de las economías de los países y su mayor igualdad. En estos tiempos, en los cuales todo sucede a grandes velocidades, desde los 80 y 90 hasta hoy, ha corrido demasiada agua bajo el puente. El cambio de siglo, que para muchos no significó nada, en términos de un nuevo paradigma, para el Banco Mundial, promotor de la supuesta formula salvadora, ha cambiado significativamente el foco del desarrollo mundial: el sur, y no los ricos del norte, son los que empiezan a dominar el panorama económico mundial. Plantea la entidad, que en el 2025, el 55 por ciento del producto mundial será generado por estos países en desarrollo y por otros simplemente ‘emergentes’.

El papa Francisco, como hecho insólito que ha desconcertado sobre todo a los conservadores y a los ricos del mundo, no solo con su ya famosa encíclica, sino con todos sus discursos en su reciente visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, no ha hecho otra cosa que atacar las características del modelo de desarrollo predominante en el mundo, y del manejo político actual que acumula riqueza en unos pocos y deja sectores injustificablemente marginados de las ventajas del crecimiento de las economías. No debe sorprender que le lluevan críticas de aquellos que se creen dueños de la sabiduría y que tienen la osadía de llamarlo incoherente, porque no están de acuerdo con sus ideas progresistas –y no populistas–, como se atreven a calificarlas.

Pero hay más. La situación de Grecia está levantando ampollas que profundizan los cuestionamientos sobre los componentes cruciales del, aún vigente, Consenso de Washington.

Ahora que se reporta que Alemania, con su doctrina ortodoxa, le ganó a Grecia, cuando ese país se estrangule y de la crisis económica se pase a caos político, Alemania y su estrategia económica serán el foco de la controversia mundial. En uno de sus más recientes artículos, Joseph Stiglitz, señala que lo que está sucediendo actualmente es “el ataque de Europa a la democracia griega” ¡Nada más y nada menos! Sus argumentos son contundentes y tienen que ver directamente con el modelo económico que se viene aplicando, y más importante aún, pone de relieve algo que muchos tecnócratas desprecian: los grandes vínculos entre la economía y la política.

Para un buen entendedor, lo que Stiglitz empieza por afirmar es no solo el fracaso de la receta del ‘ajuste, de tener los fundamentals bien para que todo lo demás venga por añadidura, sino la hipocresía de la troika, que tiene el poder en la negociación, es decir, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Ante el mundo se ha vendido la idea del despilfarro griego y de la disciplina, sobre todo de Alemania –y algo de Francia–, que gracias al trabajo forzado de sus habitantes se ha financiado una especie de ‘rumba griega’. Pero empieza a sacarse a la luz, y en este caso lo hace Stiglitz, que según sus palabras “(…) casi nada de la enorme cantidad de dinero prestado a Grecia ha llegado a este país. Dicho dinero se ha destinado a pagar a los acreedores del sector privado –incluyéndose a bancos alemanes y franceses–.” Más aun, afirma el nobel que, “Grecia recibió apenas una suma paupérrima; no obstante, ha pagado un precio muy alto por preservar los sistemas bancarios de los países mencionados”. Su PIB se redujo en una cuarta parte, y el desempleo juvenil está en 60 por ciento.

Pero el mayor aporte de Stiglitz es, sin duda, el siguiente. El economista plantea que “(…) esta disputa es mucho más sobre poder y democracia, que sobre la economía y el dinero”. Es decir, se trata de asfixiar a un gobierno de izquierda que ataca los sistemas que permiten la concentración exagerada del ingreso, y, de paso, una arremetida al ejercicio de la democracia en Grecia, que según Stiglitz, los países de la troika no han utilizado. Duro cuestionamiento al modelo económico y a la política de los países ricos.

Como si estos dos embates no fueran suficientes, ahora surge un tercer hecho que puede ayudar a que se exploren nuevas vías para lograr lo que hoy se busca: el crecimiento incluyente. Tres cumbres se llevarán a cabo a nivel mundial en los seis meses siguientes, los cuales tendrán repercusiones en las fórmulas actuales de desarrollo. La primera se realiza actualmente en Adís Abeba, y es la tercera reunión convocada por Naciones Unidas sobre ‘Financiación del Desarrollo’. Su objetivo es encontrar los instrumentos y políticas financieras que permitirían el cumplimiento de los nuevos Objetivos del Milenio 2015-2030. En la segunda, en septiembre del 2015 en Nueva York, las Naciones Unidas adoptará la agenda de desarrollo pos 2015; y en diciembre, en París, la Conferencia de las Partes sobre cambio climático.

Se sabe de antemano que las tres cumbres buscarán reformas a los sistemas financieros y comerciales para que, ahora sí, apoyen lo que no se ha conseguido con el Consenso de Washington: las metas de desarrollo mundial sostenible. Partirán “(…) del derecho al desarrollo de todos los países y (buscarán) garantizar los derechos económicos y sociales para todos” (Naciones Unidas, 2015). Buscarán, en otras palabras, lo que hasta ahora ha sido más un discurso que una realidad. Se sacarán a la luz pública esas críticas sobre el supuesto libre comercio y las bondades de los TLC para los países en desarrollo. Que nadie se sorprenda si de este revolcón surgen las bases para un fórmula de crecimiento más compartida entre todos y más sostenible. Una fórmula que se aparte de la ortodoxia imperante. Ojalá a los economistas de Colombia no los deje el tren.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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