Nueva teoría de consumo

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
junio 02 de 2015
2015-06-02 01:49 p.m.

Cuando se crearon las cuentas nacionales cerca a 1930, Colin Clark y Simon Kuznets lograron dar un mecanismo de seguimiento de la producción de las economías y su ingreso, desde sus fuentes y uso, pero por algún motivo cayeron en un error conceptual simple, que hoy debe ser repensado: llamaron consumo de hogares al gasto de los hogares. Este error seguramente viene desde la concepción de la teoría del consumo planteada por Keynes en su libro central, donde define al consumo como una propensión marginal a consumir el ingreso disponible.

Cualquier economista que lea esto pensará que no hay error, pero lo hay, porque consumir no es lo mismo que gastar, y por esto es que el mundo la teoría de consumo se está reescribiendo a nivel mundial.

La cuenta de consumo de hogares pesa cerca del 65% del PIB del mundo, lo que realmente significa es que el gasto neto de los hogares es dos tercios de la economía mundial, sin considerar el gasto público, las inversiones (que incluyen la compra de vivienda de los hogares y no está considerada en la cuenta referida) y un diferencial de comercio exterior, que dejaría el gasto de los hogares en importados.

Esta cuenta se refiere al gasto en bienes no durables, semidurables, durables (sin vivienda) y servicios, dejando ver que de una u otra manera es sobre cosas que se compran y que los hogares consumen y usan en un periodo de tiempo cercano al del PIB y es en este punto donde confluyen los errores conceptuales y distorsionan completamente la medición. Lo primero es que el gasto de los hogares no está completo porque no tiene la compra de vivienda y esto hace que su análisis sea muy limitado, y lo segundo es que supone que los productos semidurables y durables no se conforman como un stock que genera bienestar a las personas y que afectan compras futuras: todos tenemos ropa que usamos más que otra, muebles que usamos diariamente y vehículos en los que nos movemos, consumos que podrían tener un costo imputado ajustado a una depreciación, si se quisiera medir de manera monetaria.

Si se supone que pagamos un “arriendo” por la ropa, los muebles y los vehículos que usamos diariamente, nos daríamos cuenta que al amortizar el precio de compra de estos productos en el tiempo de uso, el total del valor del consumo de los hogares sería superior al 300% del PIB fácilmente, debido a que el activo sigue produciendo un bienestar por el que la persona estaría dispuesta a pagar.

Esto redefine muchos de los conceptos de la teoría de consumo de Keynes, ya que el gasto en un producto debe estar en función al tiempo potencial de uso y sus frecuencias, debido a que genera bienestar en el tiempo. La mejor forma de comprenderlo es ver como bajo las normas de contabilidad de las NIIF, un activo continuo teniendo valor en la medida que produce valor pese a haber sido depreciado, y su presencia reduce las probabilidades de compra de otro activo.

Esto fundamente en parte las nuevas teorías para medir la economía en el futuro, ya no solo en función del ingreso neto, sino de la generación de bienestar de cada producto en el hogar. Así, cada vez más vemos como la teoría económica debe ser revaluada a la luz de lo aprendido en el siglo XX, como ha pasado con las premisas de la escases o del precio.

Camilo Herrera Mora
Presidente RADDAR
 

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