El objetivo, cero emisiones para el año 2050

Pero acciones puntuales de empresas mundiales y países no evitarán el calentamiento global. Necesitamos una acción internacional colectiva urgente. Los negociadores reunidos esta semana en Ginebra deben de ser valientes y demostrar liderazgo político.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 13 de 2015
2015-02-13 03:16 a.m.

De manera casi desapercibida en el mundo, representantes de 190 países están negociando esta semana en Ginebra un borrador de acuerdo sobre el clima, que servirá de base y será clave para la conferencia de París a fin de año.

Antes de estas negociaciones, junto a un grupo de directores ejecutivos de las mayores empresas del mundo y líderes de organizaciones sociales, incluyendo a Sir Richard Branson y Muhammad Yunus, hicimos un llamamiento a los líderes mundiales para que demuestren liderazgo y alcancen una meta de cero emisiones netas en el 2050, incluyendo este objetivo en el acuerdo de París.

Esto es necesario para limitar el aumento de la temperatura media a dos grados centígrados por encima de los niveles previos a la Revolución Industrial, evitando consecuencias catastróficas provocadas por el cambio climático. Dejar de actuar crearía un planeta más caliente y volátil, más vulnerable a sufrir graves sequías e inundaciones, afectando a personas y empresas por igual.

Estamos ya padeciendo los efectos del calentamiento global. Las Naciones Unidas, por ejemplo, estima que las pérdidas económicas provocadas por desastres naturales desde el año 2000 alcanzaron los 2,5 billones de dólares, 50 por ciento más que las previsiones internacionales anteriores. Esto es solo el comienzo.

Las empresas globales y los inversores han comenzado a tomar medidas. Más de un cuarto de las 200 mayores compañías del mundo ha establecido objetivos de reducción de carbono en línea con el propósito de reducción de 6 por ciento anual, mientras que 150 de estas firmas se han marcado metas sociales y medioambientales.

Asimismo, alrededor de la mitad de los activos institucionales gestionados (45 billones de dólares) se han suscrito al principio de ceñirse a inversiones responsables, y la gestión de riesgos climáticos debe formar parte ahora del deber fiduciario de los inversores.

Necesitamos gobiernos que lideren este proceso para que el cambio sea duradero

Nuestros líderes tienen que dejar claro que se decantan definitivamente hacia una economía inclusiva y sustentable en vez de una desfasada e intensiva en uso de carbono, basada en quemar combustibles fósiles. Para ir más allá, nosotros en las empresas necesitamos que establezcan herramientas y reglas financieras bien estructuradas que nos den estabilidad y seguridad. Esto impulsaría una ola de inversión en todo, desde alternativas de energía limpia a infraestructura inteligente y tecnología agrícola.

Deberían darse cuenta y aprovechar la caída en los precios del petróleo y los bajos tipos de interés en países desarrollados para dejar de derrochar 600.000 millones de dólares cada año –dinero de los contribuyentes– para subvencionar combustibles fósiles contaminantes, lo cual suele beneficiar a los más ricos, quienes consumen más energía. En vez de esto, deberían canalizar ese dinero hacia inversiones en energías renovables y apoyar la innovación. Esto no solo beneficiaría al medioambiente, también ayudaría a reducir la inequidad social.

Intereses poderosos en las empresas intensivas en uso de carbono se están oponiendo desesperadamente a estos cambios, usando datos científicos de dudosa procedencia, o afirmando que es demasiado complicado, muy caro o sencillamente no es necesario actuar. No permitan que les engañen.

La Comisión Global sobre la Economía y Clima, que dirige el expresidente mexicano Felipe Calderón, y de la cual soy miembro, publicó un informe el año pasado demostrando que el crecimiento económico sostenible puede ir de la mano de una reducción de emisiones de carbono.

El mundo invertirá cerca de 90 billones de dólares en infraestructura en urbes, uso de la tierra y sistemas de energía en los próximos 15 años, y la Comisión –que incluye líderes empresariales, gubernamentales y del mundo académico, entre ellos a dos premios nobel– concluyó que una inversión más inteligente de estos fondos generará mayor calidad de crecimiento y mejor clima.

Construir nuevos sistemas de transporte, por ejemplo, reduciría la polución y generaría un ahorro de más de 3 billones de dólares en los próximos 15 años. Además, restaurar apenas el 12 por ciento de las tierras agrícolas degradadas y hacerlas productivas ayudaría a alimentar a 200 millones de personas más y aumentaría los ingresos de los agricultores en 40 billones de dólares, sin necesidad de quemar y destruir nuestros preciados bosques.

En India, el Gobierno se da cuenta que de es en su propio interés que debe actuar. El primer ministro Modi ha propuesto que su país se convierta en líder en energía solar para cubrir el rápido crecimiento de la demanda energética, aprovechando que los costes de energía renovable bajarán, mientras que importar carbón del extranjero será más caro, como reveló la Comisión.

La mitad de las 30 ciudades más contaminadas del mundo están en India y, considerando que se espera que el índice de urbanización aumente 50 por ciento en los próximos 15 años, la única estrategia urbanística inteligente es desligar el crecimiento económico del consumo de combustibles fósiles.

Pero acciones puntuales de empresas globales y países no evitarán el calentamiento global. Necesitamos una acción internacional colectiva urgente. Los negociadores reunidos esta semana en Ginebra deben de ser valientes y demostrar liderazgo político. Que sepan que para ello contarán con el apoyo del creciente número de compañías progresistas en el mundo.

Paul Polman

Director ejecutivo de Unilever y miembro de la Comisión Global sobre la Economía y Clima

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