ONU se equivoca en educación

Durante la Asamblea General de las Naciones Unidas se lanzó el programa Educación Primero, que busca que los gobiernos, en compañía de otros sectores, den prioridad el tema de la educación.

Redacción Portafolio
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octubre 02 de 2012
2012-10-02 01:19 a.m.

Mientras que los discursos del presidente Obama; del mandatario iraní, Mahmoud Ahmadinejad y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se llevaron los principales titulares de la Asamblea General de las Naciones Unidas la semana pasada en Nueva York, hubo otro acontecimiento importante que pasó casi inadvertido: el lanzamiento, por parte del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, de un plan para colocar la educación en el centro de la agenda política mundial.

El plan, llamado Educación Primero, podría haber sido por mucho el acontecimiento más importante de la Asamblea General, pero probablemente pase a la historia como una gran oportunidad perdida para mejorar los estándares educativos mundiales y reducir la pobreza.

Antes de examinar en qué se equivoca este plan y cómo se puede mejorar, echemos un vistazo a su esquema general.

Ban describió la Educación Primero como una iniciativa global de 1.500 millones de dólares para mejorar los estándares educativos. Varios países -incluyendo Dinamarca, Australia, Sudáfrica y Brasil- fueron designados “líderes” del proyecto, y promoverán la iniciativa en sus respectivas regiones.

Además, varias empresas, incluyendo la Western Union Foundation y la MasterCard Foundation, han prometido respaldar el plan.

“Se trata probablemente de la campaña de más alto nivel que se haya lanzado por la educación, ya que está siendo presidida por el propio secretario general de la ONU, en lugar de alguna de las agencias de la ONU o algún gobierno individual”, me dijo la directora global de Educación de Unicef, Susan Durston.

“Es el más alto nivel de liderazgo que podríamos esperar”.

La idea de tratar de colocar a la educación en el centro de la agenda política mundial no podría ser mas acertada.

“En este mundo basado en el conocimiento, la educación es la mejor inversión que pueden hacer los países para construir sociedades prósperas, saludables y equitativas”, dijo Ban en su presentación de Educación Primero.

Las prioridades del proyecto serán que todos los niños vayan a la escuela, mejorar la calidad educativa y promover valores tales como la paz y la responsabilidad ambiental en las aulas.

Para lograr ese objetivo, “Educación Primero convocará a un amplio espectro de sectores”, dijo Ban.

El sector principal serán los gobiernos, y luego -en orden descendente- las naciones donantes, los docentes, las familias, los estudiantes, la sociedad civil, organizaciones multilaterales como las agencias de la ONU, la comunidad empresaria, la academia y los medios.

“No hay nada que pueda reemplazar el liderazgo político nacional” para mejorar los niveles educativos, dice el documento de Educación Primero, refiriéndose a las alianzas que la nueva organización planea realizar con gobiernos.

Agrega que los gobiernos deben aumentar sus esfuerzos para alcanzar la educación básica universal, y “entrenar, apoyar y mantener motivados a los docentes”.

Mi opinión: el mayor error de Educación Primero es creer que los gobiernos le darán carácter prioritario a mejorar los estándares educativos. No lo harán, por la simple razón de que los líderes políticos piensan en plazos electorales -tres o cuatro años- mientras que la inversión en tareas claves para mejorar la calidad educativa, como el entrenamiento de docentes o la formación de directores de escuelas, muchas veces empieza a dar resultados en quince años.

A menos que haya una enorme presión social desde abajo para mejorar la educación -como lo estamos viendo hoy en Chile-, muy pocos gobiernos invertirán en planes a largo plazo para mejorar su calidad educativa.

Los políticos invierten en edificios escolares que salen en la foto, pero -si no hay presión social- pocos se pueden dar el lujo de invertir en proyectos que no lo hagan.

Educación Primero debería tomar como ejemplo lo que ocurrió en Brasil, donde una alianza de grandes empresarios, medios de comunicación, líderes académicos, y estrellas del mundo del espectáculo y deportivo se unieron para crear ‘Todos Pela Educação’, una organización no gubernamental que fijó metas concretas para mejorar los estándares educativos, y lanzó una masiva campaña de televisión para convertir a la educación en una prioridad de todos los brasileros.

Una vez que se logró eso, los políticos prestaron atención, y el gobierno de Brasil adoptó prácticamente todo el plan de ‘Todos Pela Educação’, asumiéndolo como propio.

Para lograr que el nuevo programa de la ONU funcione, debería invertir el orden de su lista de “protagonistas” y poner a los gobiernos al final. Educación Primero debería buscar el apoyo económico de empresarios como Carlos Slim y Bill Gates, y reclutar a los artistas, deportistas y académicos más famosos del mundo para lanzar una campaña global que convierta a la educación de calidad en uno de los mayores reclamos de los pueblos.

Solo entonces se logrará que los gobiernos actúen. Si no ayuda a generar una presión social desde abajo, Educación Primero solo será otro engendro de los burócratas internacionales condenado al fracaso.

Andrés Oppenheimer

Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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