Los padres en el proceso de formación de sus hijos

Es particularmente cierto, en el caso de los niños entre los cero y cinco de años de edad, que los esfuerzos que hagan los padres son fundamentales para determinar sus avances y logros.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
junio 11 de 2014
2014-06-11 12:08 a.m.

A raíz de los malos resultados de Colombia en las pruebas de desempeño educativo PISA, se discutió mucho en los medios respecto al papel de maestros, rectores, instituciones y estudiantes como mediadores de esos resultados.

Sin embargo, me sorprendió mucho la ausencia del papel de los padres de los estudiantes en esta discusión.

Los padres son una pieza fundamental de este rompecabezas pues son los principales responsables de la crianza de sus hijos.

Si los padres no se incorporan de manera activa al proceso de formación de sus hijos es muy difícil que las instituciones educativas logren hacer el trabajo solas, sobre todo si se trata de los niños más pequeños.

Los estudios revelan que cerca de 50 por ciento del desempeño de los estudiantes se explica por condiciones sociodemográficas de los hogares de los alumnos.

Esto es particularmente cierto en el caso de los niños entre los cero y cinco de años de edad para los cuales el esfuerzo que hagan los padres es fundamental para determinar sus avances y logros.

De hecho, muchos de los programas más exitosos a nivel internacional para promocionar el desarrollar temprano están dirigidos a los padres de niños pequeños y no a los niños directamente. En esencia, se requiere que los padres tengan conocimiento de las mejores prácticas parentales, salud, nutrición, seguridad, hitos del desarrollo y unas herramientas más adecuadas para promocionar de manera integral el desarrollo de sus hijos.

Sin embargo, esto no parece ser el caso en Colombia. Datos recientes de la Encuesta Longitudinal Colombiana de la Universidad de los andes (ELCA) indican que 70 por ciento de los niños menores de 6 años que no asiste a ninguna modalidad de atención inicial, no lo hacen por preferencia de sus padres y no por restricciones de acceso.

En otras palabras, la gran mayoría de padres voluntariamente deciden no incluirlos en modalidades de atención porque piensan que son muy pequeños o porque simplemente prefieren que no asistan aún.

El impacto positivo de la atención durante la primera infancia está más que demostrado y, sin embargo, los padres están escogiendo no usarla incluso cuando no existen restricciones de oferta.

Un estudio reciente del CEDE (Universidad de los Andes) revela que una fracción importante de padres de niños menores de 5 años piensa que los niños se desarrollan eventualmente sin esfuerzo por parte de los padres (40%) y que todos los niños desarrollan las mismas habilidades eventualmente sin importar las circunstancias (55%).

Cerca de 36 por ciento opina que el juego no es indispensable para el apropiado desarrollo temprano.

Estas cifras sugieren que los padres no comprenden la importancia de las inversiones en sus hijos.

Durante el trabajo de campo en comunidades socioeconómicamente vulnerables del país, he escuchado frases como “para qué le hablo al bebé si no me entiende” o cuando les pregunto acerca del progreso del niño en el último mes me contestan que “el niño no ha aprendido nada porque es apenas un bebé”.

La frecuencia en los hogares de algunas actividades primordiales para el apropiado desarrollo de los pequeños no es muy alta, y las diferencias entre padres y madres son gigantescas.

Por ejemplo, 38 por ciento de los niños menores de 5 años en el 2013 juega con sus madres dentro de la casa y 12 por ciento con sus padres, al menos una vez a la semana; 14 por ciento de los niños juega con la madre fuera de la casa y tan sólo 6 por ciento con los padres, al menos una vez a la semana; cerca de 40 por ciento de los niños lee con su madre y 5 por ciento con su padre (ELCA, 2013).

También se reporta que 64 por ciento de los niños menores de 5 años tiene una conversación con sus madres al menos una vez a la semana y sólo 13 por ciento con sus padres.

Finalmente, 46 por ciento realiza actividades lúdicas con sus madres que estén relacionadas con letras, colores o números y 6 por ciento con sus padres. De la misma manera, apenas 36 por ciento de los niños reporta haber cenado con su madre una vez en día hábil durante la última semana y apenas 3,6 por ciento con el padre.

En todos estos casos, se observa un gradiente socioeconómico muy marcado que se reversa dependiendo de si la actividad es con padre o madre.

Por ejemplo, en estrato 1 urbano se reporta que 32 por ciento de los niños lee al menos una vez a la semana con su madre y 6 por ciento con su padre; de otra parte, en estrato 4 cerca de 62 por ciento de los niños lee con su madre al menos una vez a la semana y menos de 1 por ciento con su padre.

La participación de los padres en el proceso de formación de sus hijos es fundamental, esto no se puede delegar por completo al Estado y al sector privado porque así no vamos a lograr lo que necesitamos.

Pero el Estado sí debe hacer un esfuerzo por comunicar la importancia de la participación activa de los padres y de lo que ello implica para el futuro de los niños y niñas de este país.

Raquel Bernal

Profesora Asociada y Directora del Centro de Estudios de Desarrollo Económico.

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