¿Paraísos perdidos?

Entre todas las naciones ricas, E.U. es la única que grava las utilidades obtenidas en el extranjero

Redacción Portafolio
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mayo 06 de 2009
2009-05-06 02:51 a.m.

La administración de Barack Obama acaba de hacer una declaración de considerable carga ideológica, en línea con la plataforma de la campaña electoral victoriosa en E.U.

El Tesoro gringo emitió una declaración el lunes en la que les advierte a las compañías con operaciones internacionales, que el Gobierno quiere aumentar en más de 200.000 millones de dólares el recaudo de impuestos de renta a cargo de dichas empresas y de individuos ricos entre el 2011 y el 2019. Este propósito se cumpliría con un plan -que apenas fue esbozado por Obama- de reformas al código tributario.

El grueso de los cambios requiere de nuevas leyes que, sin duda, serán objeto de una fiera batalla ideológica, política y de intereses privados en el Congreso. En todo caso, la iniciativa describe bien el talante de Obama y su Gobierno.

La fuente de los nuevos recaudos previstos es un cambio en las reglas del juego relacionadas con los sitios donde las compañías internacionales declaran las ganancias contabilizadas por sus subsidiarias.

Naturalmente, tales sitios son, por regla general, jurisdicciones con mínimas o nulas tasas tributarias, pequeños territorios insulares en el Caribe y en otras regiones: Islas Caimán, Bermudas, Islas Vírgenes, Montserrat... Holanda e Irlanda, donde las subsidiarias extranjeras disfrutan de especiales privilegios en materia de impuestos, son también naciones definidas como paraísos fiscales.

¿Cuáles son los cambios propuestos? Van en tres direcciones; una, reducir o eliminar las deducciones de impuestos en E.U. con base en algunos gastos efectuados en el extranjero por parte de las multinacionales gringas. Aquí, el punto central es que las empresas pueden deducir dichos gastos, y simultáneamente diferir en el tiempo -muchas veces para siempre- el pago de impuestos sobre sus operaciones internacionales.

Dos, restringir la posibilidad de restar del impuesto de renta en E.U. los tributos pagados en el extranjero; y tres, contraer fuertemente la libertad de movimiento de utilidades de las multinacionales entre países, buscando las mejores opciones tributarias. En todo ese escenario, los paraísos fiscales son actores protagónicos.

La motivación explícita de Obama con estas propuestas es hacerles un guiño a los sindicatos locales: mediante ellas, las empresas encontrarán menos atractivo emplazarse en el exterior. En palabras de Obama, el actual estatuto tributario "dice que usted paga menos impuestos si genera un empleo en Bangalore, India, que si lo crea en Buffalo, Estado de Nueva York".

Por otra parte, la promesa electoral de los demócratas es que el Gobierno buscará una fuerte reforma tributaria que simplifique y haga menos injusto el régimen de impuestos. El Tesoro considera que estas propuestas son como la cuota inicial de lo que vendrá más adelante.

Dos palabras acompañan cualquier discusión de estas iniciativas: proteccionismo y competitividad. Sobre el proteccionismo: los voceros empresariales gringos han salido a denunciar las propuestas como una pretensión restrictiva de la libertad de movimiento del capital.

Sobre la competitividad: los críticos de las propuestas se rasgan las vestiduras y advierten que las empresas de E.U. quedarán en desventaja frente a 'sus competidores' de otras nacionalidades.

Como se sabe, la competitividad ha sido el caballito de batalla de quienes buscan el máximo de privilegios fiscales, y la comprensión misma del concepto se ha diluido un mar de argumentos dudosos. En todo caso, la comparación internacional sí les da munición a los críticos; entre todas las naciones ricas, E.U. es la única que grava las utilidades obtenidas en el extranjero por parte de las empresas domiciliadas en su territorio. Todos los otros países poderosos recaudan impuestos sólo de las operaciones nacionales de sus contribuyentes. 

cgonzalm@cgm.com.co

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