¿En qué se parecen Trump y Chávez?

En un mundo ideal, todos en los medios deberíamos ignorar a Trump, o ponerlo en la sección de entretenimiento, como lo ha hecho The Huffington Post. Pero él es una noticia política, nos guste o no. Está en el primer puesto de las encuestas republicanas.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 29 de 2015
2015-07-29 01:27 a.m.

Hay una creencia generalizada de que el aspirante presidencial Donald Trump es un payaso populista que no va poder marcar la agenda del Partido Republicano, ni capturar la nominación de su partido, ni –mucho menos– ganar las elecciones presidenciales del 2016. Pero ese convencimiento generalizado se ha equivocado muchas veces.

El ascenso de Trump de magnate inmobiliario y estrella de reality show a candidato republicano No. 1 –lidera entre los republicanos con 24 por ciento del voto, seguido por el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, con 13 por ciento, y el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, con 12 por ciento, según una encuesta del Washington Post/ABC News–, me trae a la memoria el ascenso del fallecido presidente populista venezolano Hugo Chávez.

Al igual que Trump, Chávez no fue tomado en serio por muchos cuando empezó su campaña política a finales de los años noventa. Está claro que Trump y Chávez vienen de lados opuestos del espectro político. Trump es el epítome del capitalismo, un multimillonario que pregona “Yo soy rico”, y propone abiertamente un mundo más capitalista. Por su parte, Chávez era un militar que se proclamaba socialista. Sin embargo, Trump y Chávez tienen mucho en común: comparten las tres características clave del populismo.

En primer lugar, los populistas siempre crean un enemigo común para poder convertirse en líderes de una causa nacional. Y si el enemigo es extranjero, mucho mejor.

Trump ha elegido a los mexicanos como el enemigo, alegando que los indocumentados mexicanos están invadiendo Estados Unidos. Trump ha dicho que México está “enviando gente con un montón de problemas... Están trayendo las drogas, están trayendo el crimen”.

No importa que tales afirmaciones sean erróneas. La gran mayoría de los inmigrantes mexicanos son gente buena y trabajadora, y la inmigración ilegal procedente de México ha caído a mínimos históricos, desde alrededor de 400.000 por año hace una década a 125.000 en la actualidad, según la Encuesta Comunitaria de la Oficina del Censo de Estados Unidos. Pero pegarle al país azteca se ha convertido en el eje de la campaña de Trump. El populismo nacionalista parece estarle funcionando bien.

En segundo lugar, los populistas juegan constantemente a victimizarse, alegando que están a punto de ser asesinados por el enemigo en cualquier momento. Por más ridículo que parezca, Trump dijo el jueves durante una visita a la ciudad fronteriza de Laredo, Texas, que estaba poniendo su vida en “gran peligro” al viajar allí. “Tengo que hacerlo, amo a este país”, añadió melodramáticamente. No importa que Laredo sea una de las ciudades más seguras de Texas, ni tampoco que sus las tasas de homicidio, robo y asaltos sean más bajas que los de la ciudad de Trump, Nueva York, según datos recopilados por el FBI, y citados por la columna The Fix del Washington Post, el pasado 23 de julio.

En tercer lugar, la mayoría de los populistas son egomaníacos. Muchas veces me he referido a Chávez como un presidente “narcisista-leninista”, porque su palabra favorita era ‘yo’. En un discurso pronunciado el 15 de enero del 2011, Chávez usó la palabra ‘yo’ 489 veces.

Trump no hace discursos de cinco horas, como Chávez, pero pronunció la palabra ‘yo’ 220 veces en su discurso de 42 minutos, cuando anunció su candidatura el 16 de junio.

Hay otra cosa que Trump y Chávez tienen en común: ambos utilizan la misma estrategia electoral de hacer constantemente declaraciones escandalosas para capturar los titulares y colocarse en el centro de la escena política.
Desde que anunció su candidatura, Trump no ha parado de estar en los titulares, ya sea con sus declaraciones incendiarias sobre los mexicanos, o con su afirmación de que el condecorado senador republicano John McCain “no es un héroe de guerra”, o dando a conocer el número de teléfono celular de su rival republicano Lindsay Graham en un discurso.

Después de cada una de sus polémicas declaraciones, Trump arremete contra los medios, y los acusa de distorsionar sus comentarios, lo cual a su vez genera una nueva ronda de titulares. Así fue exactamente como Chávez –sin dinero ni maquinaria política– ganó su primera elección en 1998.

Mi opinión: en un mundo ideal, todos nosotros en los medios deberíamos ignorar a Trump, o ponerlo en la sección de entretenimiento, como lo ha hecho The Huffington Post. Pero Trump es una noticia política, nos guste o no. Está en el primer puesto de las encuestas republicanas.

Lo más probable es que no gane la nominación, pero es muy posible que marque la agenda política republicana, o –como lo hizo Ross Perot– se lance como candidato independiente y se robe muchos votos republicanos en el 2016.
Es hora de tomar en serio a Trump, y de describirlo como lo que es: un demagogo nacionalista-populista, como Chávez.

Andrés Oppenheimer
Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.
 

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