¿Qué pasó con la locomotora minero-energética?

Así como debemos reconocer los retos, este también es un buen momento para detenernos y hacer un balance, revisar lo indispensable que es el sector para Colombia, y reafirmar la importancia de que le ayudemos todos a que se fortalezca y siga haciendo las cosas bien.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 11 de 2015
2015-08-11 02:19 a.m.

En medio de las preocupaciones del día a día, es fácil olvidar lo importante que es el sector minero-energético para el país y todo lo que ha hecho por Colombia en estos años.

En el 2010, el presidente Juan Manuel Santos le asignó el rol de locomotora encargada de jalonar otros sectores y generar recursos para inversión social. Y eso fue exactamente lo que hizo: creció más que el resto de la economía y triplicó los recursos de regalías, impuestos y contribuciones hasta alcanzar 30 billones de pesos anuales.

Los recursos aportados en el periodo –equivalentes a dos terceras partes del presupuesto de inversión del Gobierno Nacional– son suficientes para darle vivienda gratis a una de cada tres familias colombianas, pagar la totalidad de la educación pública por cuatro años, o financiar 2,5 veces el programa de infraestructura de dobles calzadas que está transformando la competitividad del país. Difícilmente, otro sector puede decir lo mismo.

Pero no son solo recursos. Hay algo más fundamental que aporta el ramo: energía para que la economía pueda crecer y generar empleo. En estos cinco años produjo la suficiente para atender, sin importaciones, una creciente demanda de electricidad, gas y combustibles líquidos. Entraron 10 grandes proyectos de generación que aumentaron la oferta 22 por ciento, hay 18 grandes proyectos de transmisión en ejecución por todo el país y, a diferencia de algunos de nuestros vecinos, no nos vimos a gatas para enfrentar las sequías.

En el sector hidrocarburos, la historia es similar. Logramos una producción de petróleo que creció 40 por ciento, asegurando la carga de nuestras refinerías y nuevas exportaciones; un aumento significativo en la capacidad de transporte por oleoductos y gasoductos, y una producción de gas suficiente para atender la demanda, incluidos los 2 millones de familias que tuvieron gas por primera vez y los 500 mil vehículos convertidos a este combustible.

La minería hizo lo propio, con las particularidades de un sector institucionalmente más débil. La producción de oro y carbón creció de manera importante, a la par de grandes avances en la organización institucional. De la mano de la nueva Agencia Nacional de Minería se redujeron en una tercera parte las solicitudes de títulos represadas, se fiscalizó la totalidad de los títulos vigentes con mayor calidad y consistencia, y se aumentó el conocimiento del subsuelo –con todos sus usos en agricultura, salud, prevención de desastres y manejo del agua– 10 veces más que en los últimos 50 años.

Esto de ninguna manera quiere decir que no existan retos. Todo lo contrario. Uno de los mayores son los casi dos millones de colombianos que no tienen acceso a la energía eléctrica. Debemos asegurar que estos compatriotas puedan entrar al siglo XXI y disfruten de los beneficios que trae la electricidad: aumenta los ingresos al poder montar o mejorar sus negocios usando maquinaria; mejora la salud al poder refrigerar vacunas y sustituir la cocina con leña; incentiva la educación con el acceso a computadores e iluminación para estudiar, y mejora la seguridad al iluminar las calles en las noches. Nada como la energía para combatir la pobreza.

Igualmente, debemos apostarle a nuestros pequeños mineros. Necesitamos que puedan trabajar bajo el amparo de un título y un permiso ambiental, y que tengan las herramientas para mejorar su productividad minera y sus ingresos, que cumplan la normatividad laboral y que paguen regalías. Ese es el camino de la formalidad.

Desde luego, no se trata únicamente de pagar la deuda social del sector. Debemos seguir asegurando el abastecimiento y el acceso a la energía, mantener la capacidad del sector para generar ingresos en estos momentos de precios bajos y perspectivas de paz, y seguir fortaleciendo las instituciones mineras cuando la minería criminal y las necesidades de formalización son mayores que nunca.

Pero así como debemos reconocer los retos, es también este un buen momento para detenernos y hacer un balance, revisar lo indispensable que es el sector minero-energético para Colombia, y reafirmar la importancia de que le ayudemos todos a que se fortalezca y siga haciendo las cosas bien.

Tomás González Estrada

Ministro de Minas y Energía

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