Saber perder: el reto de la oposición

La política es la lucha por el poder en el tiempo, y, justamente, del comportamiento futuro de la oposición, que por primera vez parece tener un liderazgo y un proyecto político coordinado, está el que se convierta en una fuerza significativa.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
octubre 18 de 2012
2012-10-18 03:44 a.m.

En medio de una guerra de encuestas, las elecciones presidenciales venezolanas generaron grandes expectativas, sobre todo en la oposición, que consideró real la posibilidad de la victoria.

Semanas previas a la jornada electoral, las páginas de la prensa internacional estaban atiborradas con imágenes del candidato opositor, recorriendo todo el país, ante manifestaciones multitudinarias. Y todo ello contrastaba con la impresión de un Chávez casi que inexistente.

Esa sensación de triunfo certero llevó a muchos a pensar que en la Venezuela de hoy, David podía derrotar a Goliat.

Lo que, en efecto, no ocurrió. Elementos reales de poder hacían que los logros de la oposición aún no bastasen para vencer al candidato fuerte que desde hace 13 años detenta el poder.

¿La razón de ello?

Un conjunto de factores que, sumados, son el principal activo de Chávez: grandes recursos a su disposición; la personalización del poder, elemento al que los venezolanos son tan afectos y que, en el caso de Chávez, se afirma en un carisma sin igual; la maquinaria electoral del PSUV, al fin y al cabo el partido más grande del país, y las invaluables misiones sociales, que a pesar de sus múltiples problemas de ineficiencia, son el mejor ejemplo del paternalismo anhelado por el grueso de la población.

Sin embargo, las puertas de un cambio se pueden estar abriendo en Venezuela.

En lo que lleva Chávez en el poder, la oposición había sido una entelequia de intereses sin coordinación, sin proyecto común distinto al de la salida de Chávez, propósito en el que se probaron todo tipo de mecanismos para lograrlo, algunos, por demás, seriamente cuestionados.

La actual oposición, organizada en la Mesa de Unidad Democrática, ha luchado políticamente de una manera distinta. En ella, y sin ser un cuerpo homogéneo, se unieron intereses diferentes y todos cedieron para empezar a tejer alternativas de salida: se institucionalizó la participación de agrupaciones políticas pequeñas con diversas ideologías, se manejó el mensaje de la reconciliación y se volvieron a reivindicar los símbolos nacionales de los que se había apropiado el chavismo.

Por todo ello, y a pesar de todas las ventajas ya mencionadas que llevaron a la victoria de Chávez, nadie se le había acercado tanto.

La ventaja final del PSUV pasó de ser de 26 puntos en las elecciones presidenciales del 2006 a una de 10.

Así, y sumado al hecho de que hay un desgaste en el chavismo, se puede estar resquebrajando el mito de que Chávez nunca podrá ser derrotado por la vía electoral. Pero el gran desafío de la oposición será el manejo de la derrota, ya que no faltan quienes ya predicen que se hará pedazos.

Lo cierto es que procesos electorales importantes como las elecciones a gobernadores y las municipales están por venir. Recordemos que Venezuela es un país federal en el que la lógica de votación nacional no es la misma que la regional.

Es por ello que, por ejemplo, en Zulia, bastión de la oposición, en las elecciones presidenciales siempre ha ganado Chávez.

En las pasadas elecciones, las del 2008, la oposición ganó en algunos de los principales Estados, como Zulia, Miranda, Carabobo y Distrito Capital, entre otros, y hoy, con el impulso de más de 6 millones de votos, tendría que apostarle en el corto plazo a sumar poder estatal, y en el mediano, en las elecciones legislativas del 2015, a ocupar el mayor número de escaños.

Esta es la única salida para poder enfrentar a Chávez, si goza de buena salud, y aún más sólida si su salud llegase a verse afectada.

De presentarse en los próximos seis años la ausencia del presidente, constitucionalmente el vicepresidente deberá convocar elecciones en el mes posterior.

Para cerrar este breve análisis sobre la oposición, es bueno recordar que la política es la lucha por el poder en el tiempo, y, justamente, del comportamiento futuro de la oposición, que por primera vez parece tener un liderazgo y un proyecto político coordinado, está el que se convierta en una fuerza significativa.

De lo contrario, de apostarle, como en el pasado, a la disgregación, se suicidaría políticamente y frente al chavismo se convertiría en grupúsculos irrelevantes.

Francesca Ramos Pismataro Redintercol - Observatorio de Venezuela, F. de Ciencia Política y Gobierno, U. del Rosario.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado