Perdí la memoria

A lo mejor tendremos la posibilidad de abordar de nuevo la realidad y el pensamiento de manera más h

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 21 de 2010
2010-01-21 04:19 a.m.

Literalmente he perdido la memoria. Es necesario contarle estimado lector que en total uso de mis facultades mentales se borraron varios años de mi vida. Efectivamente se perdieron para siempre mis dos USB y se borró el disco duro de mi computador. A pesar de haber buscado mis memorias móviles, removiendo cielo y tierra, fue imposible recuperarlas, y por un grave error de mi asesor de cabecera en materia de sistemas, se formateó el disco duro de mi ordenador. Lo máximo que logré recuperar fueron archivos encriptados que de nada sirven.

Después de días de desconcierto, y por supuesto de no usar el computador hasta el día de hoy, caí en cuenta que era poseedor de mi propia memoria y esa nadie me la podía arrebatar, por lo menos hasta que me aborde el Alzhéimer. Lo primero que hice fue revisar en mis recuerdos recientes y me encontré con dos hechos importantes: la muerte asesinado de mi hermano, defensor de los derechos humanos y cuyo crimen no ha sido aclarado -como tantos otros- y, la de mi padre, un humanista que murió hace cerca de año y medio, como gesto de protesta por la pérdida colectiva de la memoria en Colombia. Dejó como testimonio con otros autores que también se fueron, el primer libro de una zaga que aún no finaliza: La violencia en Colombia.

Después recordé mi vida académica en la Universidades Nacional y Externado. Lo que se perdió en las memorias incluía una gran cantidad de información, inclusive algunos capítulos de un nuevo libro sobre inversión que estoy desarrollando y, por supuesto, algunos modelos matemáticos que aparentemente me habían permitido 'ver la luz y la verdad'.

Nada. Me di cuenta que no valía la pena recordarlos. El análisis de la economía ante la crisis mundial y nacional. ¡Eureka! lo recordé, era un problema de economía política y era necesario salir del ostracismo de la disciplina y las matemáticas para recuperar el diálogo con los científicos sociales y otras disciplinas. Individualmente, la soberbia económica nada explica y, esencialmente, nada entiende.

Además, recordé qué había leído, redescubrí que mi memoria al respecto era selectiva y más bien lejana: Tolstoi, Dostoievski, Miller, La Ilíada y La Odisea, Los pasos perdidos, Carpentier, los Miller, Whitman, Neruda, Hesse, Vallejo, De Greiff, entre otros. Nada o poco de la nueva novela o poesía. Debe ser que poco me impactó. De la televisión o el cine me quedé en Lo que el viento se llevó o El acorazado Potemkin, o en Chaplin y El gran dictador, o Su excelencia, de Cantinflas. De lo moderno, únicamente Harry Potter o las películas que hacen apología de la locura.

La verdad, he renacido. Mis clases de este semestre no tendrán una sola presentación en PowerPoint, ni argumentos de autoridad econométricos. Dialogaré con mis estudiantes sobre ciclos, crisis, desarrollo, efectos sociales de las políticas económicas, globalización, deslocalización, flexibilización laboral, economía del bienestar, pobreza, centralización de capital, exclusión y de los clásicos. Eso sí, estoy prácticamente seguro de que no me escucharán.

Un consejo: intencionalmente 'pierdan la memoria' para volver a tener 'memoria'. A lo mejor tendremos la posibilidad de abordar de nuevo la realidad y el pensamiento de manera más humana y universal.



dgumanam@unal.edu.co

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