Plan de desarrollo: los aciertos, lo inevitable y lo que falta

Positivo para el país es que pasamos de la guerra a la búsqueda de la prosperidad para todos, que pr

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
diciembre 19 de 2010
2010-12-19 11:06 p.m.

Una primera mirada, porque se necesitan varias, al Plan de Desarrollo del gobierno Santos, “Prosperidad para Todos”, permite plantear tres puntos: los aciertos, lo inevitable y lo que falta. Se inicia este debate después de la presentación del Plan por parte del Gobierno, y debería ser la discusión más importante del momento en el país. Que no pase lo que siempre sucede con el Presupuesto General de la Nación, cuyo análisis se circunscribe al Congreso, y se limita al toma y dame de las comisiones cuartas de Senado y Cámara.


Con el fin de contribuir, es necesario empezar por los aciertos. Sin la menor duda lo más novedoso del Plan, y así debe reconocérsele a Hernando José Gómez, director del DNP, es el valioso examen que hace de las profundas desigualdades del país. Este gran desequilibrio regional, que nunca se ha abordado seriamente en un plan de desarrollo, señala cosas espeluznantes.

 

Colombia es realmente un conjunto de seis “países” con profundas diferencias en grado de desarrollo, en niveles de pobreza, de capacidad institucional, en número de habitantes y en densidad de población. La zona central, donde se ubican las principales ciudades, Bogotá, Medellín, Bucaramanga -sólo falta Barranquilla-, y la mayor parte de las ciudades intermedias -Pereira, Manizales, Armenia, Ibagué, Tunja, Neiva, Villavicencio- es otro país. Este genera el 73% del PIB nacional; tiene el 60% de la población y el ingreso per cápita de sus habitantes es dos o tres veces el de las otras regiones.

 

Nada que ver con el resto, especialmente con la zona Pacífico y la Amazorinoquía, que están realmente rezagadas. Con razón protestan las regiones por las decisiones que se toman en los escritorios de Bogotá, no tienen la perspectiva real de lo que es el resto de Colombia. Y para la región Caribe, ojo con la Nororiental, la está dejando atrás: tiene 9 puntos porcentuales menos de pobreza y el doble del ingreso per cápita, $15,0 millones versus $7,5 en el Caribe.


Un segundo acierto son los diagnósticos que empiezan suaves, especialmente en lo social por obvias razones, este es el punto negro de la administración anterior. Sin embargo, cuando llegan a los peros, su objetividad es mayor. Hay mucha y muy valiosa información que dará para larga discusión. Un tercer elemento es que el Plan tiene metas, lo que hace mucho más fácil evaluar la gestión de este gobierno y que obliga a aterrizar las pretensiones y su costo, que sí está estimado.

 

El valor de la prosperidad para todos está planteado, $485 billones del 2010. Requiere de un análisis profundo identificar las posibilidades reales de su financiación. También muy positivo para el país es que pasamos de la guerra a la búsqueda de la ya mencionadaprosperidad, que probablemente con nombres, distintos, debe ser el norte para los próximos 20 o 30 años.


También hay que ver lo inevitable, la lista de mercado en que se convierten todos los planes de desarrollo. Sacar algún tema tiene un costo político inmenso, pero… Alguien, y ese alguien es el alto Gobierno, tienen que sincerarse, así sea en privado, porque debe haber un esquema de prioridades. A menos que sucedan milagros, como encontrar millones de barriles de petróleo, es imposible hacer todo lo propuesto, y eso lo entendemos los que hemos tenido responsabilidades públicas.

 

Otro inevitable es el exagerado optimismo, pero si el Gobierno al iniciarse no lo promueve, quién podrá hacerlo, será la respuesta obvia. Perfecto, mientras no se coman el cuento de que todo va a salir como lo planeado, que en el fondo es un catálogo de buenas intensiones. Prioricen, señores, antes de que terminen haciendo un poquito de todo y nada de mucho. Preguntas todavía quedan por montones, y una de ellas es cómo lograr la alta financiación proveniente del sector privado.

 

Como no va a ser con impuestos, como debería ser, cómo van a conseguir los $170,3 billones (35,1%), de la financiación total con inversiones en las locomotoras, en la “generación de empleo”, principalmente para la formalización minera y expansión energética ($93,4 billones), vivienda y ciudades amables ($34 billones), y para infraestructura de transporte ($16 billones).


Ahora, lo que falta: dadas las difíciles condiciones de la población colombiana, no basta con plantear una meta de crecimiento alto, sino definir muy claramente el tipo de desarrollo que se logrará. ¿Más crecimiento sin empleo? Imposible, y si la única locomotora que realmente está en marcha es la minería esto puede suceder, agravado por la carencia de una institucionalidad de regulación, vigilancia y control que garantice crecimiento sostenible.

 

El sector rural, la segunda locomotora, tiene muy pocas posibilidades de reactivarse en el corto plazo después de 15 años de estancamiento. Pero es en la industria donde surgen más inquietudes. ¿A quién le corresponde empujar este sector cuando el antiguo Ministerio de Desarrollo, que tampoco hizo mucho, ha sido sustituido por comercio y turismo? Pero aún en comercio, las mismas gráficas del Plan muestran que ni "Colombia es pasión" ni el empeño del anterior Ministro logró mucho.


EL GASTO


La gráfica  es como para llorar, no pasó nada en términos de comercio internacional. ¿Cuánta plata se gastaron Proexport, Mincomercio, Bancoldex en los últimos 8 años para que el país siguiera cerrado? Ojo con esas locomotoras. Bienvenido el énfasis en tecnología, en innovación, ¿pero están todos los departamentos listos para ejecutar bien el 10% de las Regalías asignadas a este rubro? De nuevo, ¿dónde está la institucionalidad para que en cuatro años, esos recursos impulsen las locomotoras? Sin duda, precisamente por ser políticas de largo plazo, hay que empezarlas ya, pero esperar resultados inmediatos es ingenuo.


Donde falta mucho es en la política social. El planteamiento teórico perfecto: “Así como el crecimiento económico conduce a mayor desarrollo social, las políticas y avances en el desarrollo social y la igualdad de oportunidades también retroalimentan el crecimiento económico”. Impecable, pero la lista de estrategias sociales es, con algunas variaciones, las mismas de siempre y sin la evaluación adecuada.

 

El plan señala que la Cepal afirma que Colombia ha caído en una trampa de pobreza. ¿Cómo se vincula todo el modelo de desarrollo a romper esa situación? Focalización, emprendimiento, microcrédito, ¿pero dónde quedó la universalidad, la equidad y, sobre todo, las clases medias? Parecería que va a haber menos subsidios y más proyectos de generación de ingresos. Ojalá.

 

Los diagnósticos sobre las carencias de la población colombiana son buenos, pero ¿cómo se garantiza el empleo si la educación no es la locomotora principal, como lo han pedido muchos expertos? La minería es intensiva en capital; la industria no se ve cómo se impulsará y la construcción, que es la gran generadora de empleo, solo lo hace de manera informal. El 10% de estos trabajadores tienen algún tipo de contrato, y a la ministra del ramo no se le ha escuchado ni una sola palabra sobre cómo va a formalizar este tipo de empleo, que absorbe mano de obra con poca calificación.

 

Más empleo informal no es el camino para alcanzar la prosperidad para todos, señora Ministra.


Abramos el debate con estos y muchos otros planteamientos que faltan por hacer. Que este plan no pase sin pena ni gloria y termine aprobado a pupitrazos en el Congreso sin una verdadera evaluación. Es el momento de argumentar para subsanar fallas, omisiones y apoyar aciertos.

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