Sin política energética

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
noviembre 11 de 2015
2015-11-11 07:06 p.m.

Con el mil veces repetido cuento de que ‘la energía más cara es la que no se tiene’, el Ministro de Minas y Energía pretende pasar como si nada por el estruendoso fracaso de la política energética nacional de las últimas décadas, sobre la cual el debate real es si ha existido y ha sido pésima o si sencillamente no ha existido.

Porque la verdad es que son inmensas las falencias de una política pública que nos ha llevado a tener una energía escasa y absurdamente costosa en un país dotado de enormes recursos energéticos.

Para empezar, los esquemas de fijación de precios de nuestra energía, lejos de aprovechar las ventajas competitivas que nos debieran dar nuestras evidentes fortalezas, sólo han servido para limitar severamente nuestra competitividad internacional.

Aunque el Estado se ha dedicado sistemáticamente a desperdiciar nuestros ingresos petroleros en la destrucción del aparato productivo nacional, lo cierto es que nuestras exportaciones de petróleo nos ubicarían en la mitad del escalafón de los países de la Opep. A pesar de esto, permanentemente se ha mantenido un precio absurdamente alto para el combustible que se consume internamente, llegando en muchos años a tener el segundo más alto entre todos los países exportadores de petróleo, lo que obviamente aumenta la falta de competitividad de una aparato logístico a cuya infraestructura apenas recientemente se le empezó a prestar atención.

Y en cuanto a la energía eléctrica, el esquema de fijación de precios ha hecho que en algunas oportunidades hayamos pagado los precios más altos en América y, de todos modos, siempre estemos entre los que pagan más.

Con ese esquema, el año pasado se usó una amenaza de ‘El Niño’ que nunca llegó para trasladarles a los generadores más de dos billones de pesos en sobreprecios que no tenían justificación.

Y hoy que sí llegó, nos cuentan que los billones que llevamos pagando como “cargo de confiabilidad” solo servían para saber que las plantas existían, pero que debemos pagar mucho más para que operen. Todo esto en un país que ocupa el séptimo puesto en el mundo en recursos hídricos renovables y es el cuarto exportador mundial de carbón.

Pero si el manejo tarifario ha sido y es altamente cuestionable, la decisión de empujar la conversión de las térmicas de gas a generar con combustibles líquidos, con un costo de generación varias veces superior al de generar con gas, fue la tapa.

Incrementar brutalmente el costo de generación para dedicarse a fomentar el consumo domiciliario y a exportar el gas a Venezuela es deschavetado. Y como si eso fuera poco, no se hizo nada para propiciar el establecimiento de plantas de carbón, cuyo costo de generación es mucho más bajo que el de las de gas, tanto que el carbón es la principal fuente de generación de energía eléctrica en el mundo.

Nuestro carbón se exporta a Países Bajos, Reino Unido, Israel, Estados Unidos y otros países que lo usan para generar electricidad que se vende a precios muy inferiores a los que nos obligan a pagar en Colombia. ¡Y en la Costa, desde donde exportamos el carbón que consume el mundo civilizado, no hay electricidad y generamos con ACPM!

Es evidente que llegó la hora de establecer una política energética seria, que fortalezca la competitividad de Colombia. Ojalá qué esto se haga con mejor criterio que el que han demostrado quienes han sido responsables de ella hasta ahora.

Emilio Sardi

Empresario

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