Política tributaria a bandazos

La estabilidad de la economía nacional, hay que decirlo, debe partir del cumplimiento de los llamado

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 08 de 2009
2009-07-08 11:53 p.m.

En billar la expresión 'dar o jugar a bandazos' se emplea para significar el descuido con que alguno de los contendientes taca o, en el mejor de los casos, la forma poco precisa como lo hace. A pesar de que las bandas deben ser utilizadas para hacer las carambolas, siempre hay oportunidad para distinguir entre el buen uso de éstas y las chambonadas.

Guardadas las debidas proporciones, algo semejante ocurre con la política tributaria que, además de no cumplir los principios básicos de equidad y eficiencia, lejos está de ser comprensible para los contribuyentes -mientras exista un estatuto tributario que tiene más de 1.100 artículos y 2.000 o más normas complementarias no se puede hablar de comprensión- y mucho menos de garantizar el recaudo, es decir, brindar estabilidad al mecanismo financiero del Estado.

La estabilidad de la economía nacional, hay que decirlo, debe partir del cumplimiento de los llamados principios presupuestarios de la imposición. Si el sistema tributario no alcanza en buena medida a la cobertura potencial de los gastos públicos, la Hacienda arriesga de manera permanente la consecución de la estabilidad.

Apoyado en las opiniones contenidas en el editorial de Tendencia económica de Fedesarrollo, puedo aseverar que el país perdió la oportunidad de hacer una reforma tributaria de verdad estructural. En el 2006, como lo anota el editorialista, el país sustituyó un proyecto de reforma que contenía características apropiadas -no ideales- para promover la inversión y proporcionar la progresividad por un esquema impositivo discriminatorio, con un conjunto de exenciones de carácter discrecional difícil de administrar que podría llegar a tener altos costos fiscales y, lo más importante, dar lugar a grandes inequidades, tanto entre empresas como entre individuos.

A pesar de tener en sus manos un buen proyecto, el Gobierno optó por mantener el complejo estatuto tributario e instaurar un particular sistema de zonas francas y unos contratos de estabilidad jurídica.

Los decretos reglamentarios de la ley de zonas francas modificaron el régimen, que en su concepción original servía como instrumento de promoción de exportaciones y de facilitación del comercio internacional, por un nuevo instrumento de rebaja selectiva de obligaciones tributarias para ciertas empresas y actividades, sin distinguir si se producen para los mercados domésticos o externos. Por otra parte, en los contratos de estabilidad jurídica se sustituyó un mal -cambios continuos en las reglas-, por otro quizás peor -aislar a algunas empresas de la corriente de financiación del gasto público. Para empeorar las cosas, a la conocida inflexibilidad del gasto -antes de hacer el presupuesto, alrededor del 85 por ciento está preasignado- se añade una nueva inflexibilidad por el lado de los ingresos, lo cual implica que el presupuesto como instrumento de política económica resulte inocuo. Ahora el Gobierno quiere dar marcha atrás, corriendo el riesgo de lo impredecible que es el Congreso.

En lo que no puedo estar de acuerdo con el análisis, es en lo relacionado con el papel que le asigna a la tributación como promotora de la competitividad a través de mayor inversión y exportaciones con mayor valor agregado. Aceptar como verdad revelada la práctica internacional de reducir la tarifa para cumplir este mal llamado principio, no es aceptable. Mientras existan los tres principios político-económicos: impedir el dirigismo fiscal, minimizar las intervenciones tributarias en la economía privada y evitar las distorsiones de la competencia, considero que no ha lugar.


rosgo12@hotmail.com

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